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Hoteles para adultos: Así disuaden a los padres para no alojar a niños

No pueden prohibir la entrada a menores, aunque algunos lo preferirían. Para cumplir la ley, los hoteles enfocados a adultos utilizan eufemismos para promocionarse y tácticas que desincentivan la llegada de familias

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Hoteles «diseñados para adultos», «de consumo preferente para adultos» o «recomendados para adultos». Cualquier eufemismo es bueno para tratar de dejar claro que estos alojamientos no quieren niños que perturben la paz que promocionan en sus instalaciones. No quieren, pero tampoco pueden evitarlo porque estarían incurriendo en un delito de discriminación. Así que este subsector, en auge en los últimos años por las mayores condiciones de descanso que ofrece a sus clientes y favorecido por el acuciado descenso de la natalidad en Europa, utiliza estrategias diversas para «disuadir» a ese público toda vez que cumple con la legalidad.

Nuria Montes, secretaria general de la patronal hotelera de la C. Valenciana Hosbec, explica en declaraciones a El Mercantil Valenciano que el modelo de negocio de los hoteles ‘adults only’ tiene un «difícil encaje en la legislación española» ya que esta contempla esta práctica como «discriminatoria» hacia los más pequeños.

Montes admite que las administraciones «miran de perfil» a estas posibles prácticas ilegales «porque saben que los niños tienen el acceso asegurado» en la inmensa mayoría de hoteles, pero incide en que los establecimientos que lo practican «cumplen con la ley» y, si se da el caso, siempre permitirían la entrada a niños «o a cualquiera». Eso sí, explica que suelen optar por «buscar otras fórmulas comerciales» que desincentiven la llegada de familias numerosas.

«Son hoteles sin ninguna facilidad para los niños: no ofrecen habitaciones triples, no hay cunas ni tronas, nada de menús infantiles y tampoco precios reducidos. No prohiben la entrada a nadie, pero son hostiles hacia los niños», resume la responsable de Hosbec.

Francisco Quiles es el propietario del mítico Hotel Don Pancho de Benidorm, que este año ha cumplido medio siglo de vida. En 2018 tomaron la decisión de virar hacia este modelo de negocio y asegura que la acogida ha sido «fantástica». En su web se define como «diseñado para adultos», pero Quiles preferiría poder ser más claro. «Sin duda, nos gustaría poder publicitarnos como solo para adultos, pero podría ocasionarnos problemas legales», lamenta.

Para el empresario, el mayor problema de no poder limitar la admisión es no poder garantizar a esos clientes que acuden al Don Pancho huyendo del ajetreo infantil que no se encontrarán con niños en sus instalaciones. «La probabilidad de que llegue una familia con niños es baja, pero no es descartable. Y como no lo podemos garantizar al 100 %, lo que hacemos es disuadir, porque te pueden arruinar unas vacaciones», explica.

Es la misma táctica que se emplea en el Hotel Sol Costablanca, propiedad del grupo Meliá. Su director, Javier Luri, señala que «lo importante es tenerlo todo bien anunciado y no dar expectativas que no puedes cumplir. Porque si un cliente se equivoca con esto, es una reclamación asegurada».

Este es el tercer hotel que regenta Luri, que acumula más de 30 años en Meliá. Así, explica que la estrategia del grupo está muy orientada a la «segmentación» de su público y que este es «un caso más». «Igual que hay hoteles de negocios, de golf, para jóvenes o especializados en el todo incluido, también los hay para adultos», desarrolla. Y explica que la estrategia de la desincentivación funciona: «El público se autorregula. Si yo no sé esquiar, no me voy a ir a un hotel de nieve. Pues aquí igual. No ha venido ni un niño en los últimos 7 años».

¿Y cómo se disuade al consumidor? Sobre todo con el precio, según coinciden Quiles y Luri. Los dos establecimientos no ofrecen camas supletorias —ir con un niño implicaría reservar otra habitación— ni descuentos a los pequeños. Tampoco tienen personal de animación ni incluyen menús infantiles en sus restaurantes.

Tanto la secretaría autonómica de Turisme como Hosbec señalan que el sector está en crecimiento. Al no haber catalogación concreta, no hay registros de cuántos hoteles de este tipo hay en la autonomía, pero Montes contabiliza unos 15 solo en Benidorm. Turisme por su parte vincula su auge con el «cambio de mentalidad y de estilo de vida», que entronca con el ‘turismo slow’, una tendencia más sostenible de viajar que busca ser menos agresiva con el territorio.

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