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¿Quién habla por el Ibex-35?

Dos terceras partes de las empresas que forman el índice bursátil más seguido de España, Ibex-35, pertenecen a sectores muy regulados, dependientes de las directrices del Boletín Oficial del Estado o de las adjudicaciones administrativas. Para estas compañías, que pasan por ser la imagen empresarial de la España oficial, la connivencia con los gobiernos a cualquier nivel (local, autonómico, estatal y europeo) es fundamental. Parte de sus resultados depende de las decisiones políticas y las ocurrencias de última hora de los gobiernos de turno. Los proyectos gubernamentales siempre aparentan realizarse en nombre del cliente o el consumidor. El embridamiento del sector financiero, con la creación de nuevos sistemas de control tras la crisis iniciada en septiembre de 2008, ha sido el ejemplo paradigmático en lo que llevamos de siglo. Ahora, los Gobiernos compiten entre ellos para ver cómo aumentar la supervisión y exigir más controles de todo tipo al sector energético, el nuevo papus al que hay que armar los grilletes. La excusa de la transición energética y, desde hace un año, de la subida global de precios por la distorsión entre oferta y demanda, ha generado un compendio diario de filtraciones, rumores y debates constantes sobre la (in)seguridad jurídica que rodea un sector estratégico. Aún pagamos decisiones políticas erróneas, desde las primeras subvenciones a las renovables hasta la amortización de la factura nuclear.

Visita a Davos

El ruido energético ha situado como estrellas del rock duro empresarial a sus primeros ejecutivos. Cada uno, con sus razones. Y cada uno, con estrategias e intereses distintos, como obliga el guión. Con mayor o menor discreción juegan sus papeles obligados por las circunstancias y sus ambiciones. Ignacio Sánchez Galán (Iberdrola); Francisco Reynés (Naturgy) ; José Damián Bogas (Endesa); Antoni Llardén (Enagás); José Manuel Entrecanales (Acciona) e incluso el dúo dinámico de Repsol, formado por Antonio Brufau y Josu Jon Imaz, forman parte de este concierto cacofónico que tiene a la vicepresidenta tercera del Gobierno, Teresa Ribera, a su némesis o aliada por intereses, dependiendo de cómo amanezca el día. Todos juegan a defender sus posiciones. Algunos de estos rockeros han aparecido por la cumbre de los poderosos en la ciudad balneario de Davos (Suiza). Ir allí es primordial para reforzar esta correlación político-empresarial. Un lugar ideal para encontronazos más o menos secretos y poder preguntar al dirigente de turno, empezando por el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez: «qué hay de lo mío». Esta semana, la cumbre iniciada por el empresario alemán Klaus Schwab en 1971, ha sido la primera que se ha realizado con normalidad tras la pandemia. Había que aprovecharlo dando entrevistas y mostrando músculo. ¿El discurso unánime? Hay que seguir ganando dinero para poder seguir invirtiendo y lograr el objetivo común: consumir, aunque sea sosteniblemente, y disfrazarnos todos de color verde para poder salvar un planeta que sufre de pulmonía.

Estos energéticos lideran los titulares empresariales con sus deseos , análisis y ambiciones como antes lo hacían los banqueros, que viven de la melancolía de su poder pasado mientras intentan vislumbrar el futuro de un negocio que nunca volverá a ser el que fue, y los constructores, con Florentino Pérez (ACS) a la cabeza.

Lazos y uniones

Energía, banca y construcción forman el triángulo equilátero sectorial de un Ibex que antaño dominó absolutamente la reina Matilda, Telefónica. Hoy, esta empresa intenta resurgir de sus cenizas tras varios años de revolución y cambio de foco estratégico liderados por su presidente José María Álvarez Pallete. La teleco se ha revalorizado un 28,5% este año en Bolsa hasta 28.700 millones de euros y ya es la sexta empresa más valorada de la bolsa española. Por delante: Iberdrola (73.000), Inditex (68.000), Santander (52.400), BBVA (33.400) y Cellnex (29.200), líder europeo en infraestructuras de telecomunicaciones.

El sorpasso de Iberdrola a Inditex como número uno fue la noticia del año pasado. La compañía gallega, el mayor éxito empresarial español de este siglo, está muy por debajo de los 100.000 millones que llegó a alcanzar hace cinco años. Se encuentra en plena transición de poderes después de que Pablo Isla, el ejecutivo español más vanagloriado hasta la fecha, cediera el testigo de la presidencia a Marta Ortega, hija del fundador del grupo textil y de moda, Amancio Ortega. Precisamente Isla y Pallete son dos de los nuevos miembros del patronato de la Fundación Caixa (el presidente es Isidro Fainé), principal accionista -30%- del primer banco en España: CaixaBank, presidido por José Ignacio Goirigolzarri.

Con variaciones como el surgimiento de Inditex, la única empresa entre las grandes menos dependiente de las regulaciones, las empresas que mandaban en el Ibex hace 22 años siguen haciéndolo hoy. Ha habido cambios de primeros ejecutivos, pero los liderazgos sectoriales no han cambiado. Al contrario: su papel sigue siendo relevante y definiendo la España oficial empresarial que no representa, por cierto, la España real.

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