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OPINIÓN

La carga ganadera

Apicultores, en una explotación de La Ribera . |V.M.Pastor

Eon febrero volvió a aflorar el viejo conflicto entre apicultores y citricultores. El CGC participó en el debate. Reiteramos el abismo existente entre la repercusión económica de uno y otro sector, explicamos el daño a la calidad de las clementinas generado por la presencia de semillas a causa de la polinización cruzada y aludimos al hecho, no menos obvio, de que la producción de miel de azahar se basa en explotar recursos ajenos. Añadimos también nuevas razones aportadas por la ciencia, que viene cuestionando la imagen bucólico-pastoril que aún se tiene de la abeja melífera como agente clave para el ecosistema. Y no es así: el insecto polinizador a preservar no es la abeja de miel –cuya población crece- es la silvestre, que sí está extinguiéndose por la acción invasora de aquella. En 2021 las organizaciones agrarias firmaron un ‘Plan de Viabilidad’ para la apicultura cuya primera medida era eliminar el llamado ‘decreto de la pinyolà’. A principios de este año, acogiéndose a este acuerdo, se empujó al sector a alcanzar otro más amplio. De espaldas al CGC, Cooperativas rompió el consenso mantenido hasta entonces con nosotros y rubricó un pacto que, básicamente, proponía intervenir al sector citrícola –restringiendo las plantaciones de mandarinas híbridas (como si el hueco dejado aquí no fuera a ser cubierto por otros)- para así reintroducir la apicultura en zonas citrícolas. Finalmente, en el DOGV se impuso la cordura y se mantuvo el alejamiento de colmenas. La consellera, Mireia Mollà, citó el 12 de mayo al sector y volvió a salir a colación el manido asunto. Nuestra posición es la misma: que llamen al diálogo a apicultores y citricultores, que el CGC acudirá y ya veremos de qué lado se sitúan los demás. Pero antes, por el bien de todos, deberíamos saber a qué atenernos. Como con cualquier otra actividad ganadera es imperativo conocer de qué cabaña hablamos, estudiar cuántas colmenas hay y cuántas se pueden albergar, de manera sostenible, en cada monte y terreno. Tras aquel SIG citrícola de 2008 que nunca se actualizó, en aquella cita se nos presentó un nuevo mapa –otro más- para informar, a partir de datos del REGEPA, del riesgo de polinización cruzada. Tanto esfuerzo en esa dirección contrasta con la negativa sistemática de los apicultores a geolocalizar y censar sus colmenas. ¿Por qué no estudiar antes de tomar cualquier medida cuál es la carga ganadera, el impacto ecológico y comercial de la apicultura?

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