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Perfil

Pasión por el comercio al servicio de la protección social

Empatizar con las personas que la rodean es una de las virtudes que ejercita constantemente porque "cuando desconectas de los demás es cuando pueden aparecer los conflictos"

Sílvia Domènech en las instalaciones de La Fageda. Activos

Sílvia Domènech | Directora general de la Fageda

Empezó a trabajar con 14 años en el sector de la restauración y en ese momento tomó conciencia de que todo aquello relacionado con el comercio y la alimentación era lo suyo.

Con esa seguridad, Sílvia Domènech estudió Empresariales en Girona e Investigaciones y técnicas de mercado en Barcelona.

Nacida en 1978, en Santa Pau, donde también se funda el grupo La Fageda que ahora dirige, trabajó en el departamento de producto y ‘packaging’ de una empresa de cosmética, en la multinacional Nielsen y en compañías del mundo de la distribución alimentaria hasta que en el año 2007 montó una pequeña consultora de servicios comerciales y estudios de mercado.

A través de su consultora intentó contactar en diversas ocasiones con Cristóbal Colón, fundador de la cooperativa garrochina. «Siempre había tenido La Fageda en el punto de mira.

Es un proyecto de mi tierra ilusionante, inaudito y singular», argumenta Domènech.

En 2010, después de una comida con responsables de la entidad, empezó a colaborar con ellos para dinamizar las incipientes divisiones de producción y venta de helados en una nave de Badalona, que más tarde trasladaron a la finca de Santa Pau, y la de mermeladas, que se elaboran de manera tradicional en el obrador.

Empezaban a diversificar la categoría de postres y yogures en los que habían trabajado hasta entonces. «Como todo en La Fageda —explica—, se trataba de unidades de negocio concebidos para dar respuesta a necesidades sociales».

En este caso, por ejemplo, se inauguró la unidad de mermeladas porque «el vivero forestal había dejado de funcionar y las personas que estaban trabajando allí no podían incorporarse a la planta de yogures, que tiene un ritmo productivo acelerado. Se pensó en la elaboración de mermeladas, que permite una actividad más tranquila».

Curiosidad

«La Fageda era un proyecto empresarial y social que me producía mucha curiosidad y sobre el que tenía el indicio que era especial, donde podía aportar cosas y que me podía hacer crecer mucho, algo que he constatado con los años», indica Sílvia Domènech.

Para la directora general trabajar en La Fageda le proporciona la oportunidad «de un aprendizaje continuo».

Y, además, se desarrolla «en un entorno donde las relaciones entre las personas adquieren una dimensión muy importante». «Los vínculos que establecemos son sumamente enriquecedores y, al final, vivir es esto: las relaciones que tejemos».

De hecho, a Domènech le encantaría jubilarse en La Fageda, «aquí soy feliz», pero también tiene muy claro que en el momento en que «no pueda aportar suficiente al proyecto habrá que buscar una persona capaz de liderarlo mejor. El propósito pasa por delante de los personalismos».

Entre sus cualidades destaca la capacidad de escuchar y empatizar con el otro, comprender a quien tiene delante.

Virtud en la que se aplica constantemente porque «con los ritmos de trabajo actuales es fácil desconectar de las personas que te rodean y es entonces cuando pueden aparecer los conflictos».

También se esfuerza por moderar «el ímpetu o las prisas para llegar a conclusiones precoces que, a menudo, con paciencia pueden verse diferente».

Afianzar y mejorar

Entre los retos más inmediatos en el cargo que ostenta, Sílvia Domènech destaca «afianzar y mejorar todo lo hecho hasta el momento, en un contexto de gran incerteza económica como el que vivimos y donde los costes han aumentado más del doble en el último año».

En el caso de La Fageda, insiste, «la finalidad no es obtener beneficios financieros pero los necesitamos para poder ofrecer y mantener servicios sociales».

La Fageda está formada por cuatro entidades sin ánimo de lucro con un objetivo común: conseguir que personas con alguna discapacidad intelectual, trastorno mental o situación de vulnerabilidad se integren en la sociedad a través de un trabajo digno y justamente remunerado.

Así, la Fageda Fundación gestiona las áreas de productos lácteos, mermeladas, helados, granja, jardinería y atención al visitante. Da trabajo a 252 personas.

El año pasado facturaron 28,2 millones de euros y produjeron 92 millones de unidades de yogures y postres.

Por su parte, la Fundación de Servicios Asistenciales de La Garrotxa gestiona servicios de terapia ocupacional, servicios de inserción laboral y de vivienda. Trabajan 49 personas.

La Fageda Sociedad Cooperativa Catalana Limitada se ocupa de actividades de ocio y deportivas para las personas de la organización.

Y, finalmente, la entidad El Faig de La Fageda es un centro de inserción laboral para personas que sin tener el certificado de discapacidad se encuentran en una situación vulnerable.

«Un proyecto empresarial que permite sentir el encaje perfecto entre lo que eres y lo que haces», concluye Domènech.

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