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Ciudadanos, centrarse o morir

Expertos y referentes críticos ven futuro al partido si retoma la senda fundacional tras el "disparate" de querer sustituir al PP sin poder territorial - "La coherencia ideológica quedó sobrepasada por el márketing y la demoscopia", lamenta el eurodiputado y exdirigente del partido Javier Nart

Ciudadanos, centrarse o morir

Ciudadanos, centrarse o morir

En un universo paralelo, Albert Rivera podría ser hoy vicepresidente del Gobierno en lugar de estar en su casa. Ciudadanos, el partido que cofundó, sería la tercera fuerza del Congreso de los Diputados, sosteniendo un Gobierno presidido por un socialista, con una mano, y a los conservadores del PP, en la Junta de Andalucía, con la otra. También podría abanderar el discurso de la centralidad, de la utilidad para el país, de la regeneración política frente a gurtels y EREs, la palanca de estabilidad para evitar gobiernos no dependientes de fuerzas nacionalistas.

En lugar de todo eso, el partido afronta un destino cruel, empequeñecido hasta los 10 diputados, descabezado por efecto del varapalo electoral y con un rumbo incierto entre corrientes submarinas a izquierda y derecha que le han dejado a la deriva y sin salvavidas a la vista. Fallaron los cálculos electorales. O falló, quizá, el exceso de tacticismo sin principios que lo sustentaran.

Citando al influyente intelectual en Ciudadanos, Mario Vargas Llosa, ¿cuándo se jodió el partido de Rivera? «Ciudadanos nació con el objetivo de ser un partido de centro, que sirviera de bisagra para facilitar la gobernabilidad, evitando dar la llave de gobierno a los partidos nacionalistas. Sin embargo, en lugar de resolver ciertas ambigüedades en sus posicionamientos políticos que le achacaban y dar mayor solidez a su programa ideológico, optó por el giro para convertirse en el partido hegemónico de la derecha, tratando de superar al PP», resume Blanca Nicasio, profesora de Ciencia Política en la universidad CEU-UCH y exasesora del partido naranja en Bruselas.

Hubo un momento crucial, el pasado 28 de abril, que pudo cambiarlo todo. Rivera, enfebrecido por el crecimiento del partido y más cerca que nunca de un PP que se había hundido a 66 escaños, se lo jugó todo a sustituir al partido hegemónico de la derecha española. No calculó variables como el difícil acceso al mercado de escaños en las pequeñas provincias de la España interior; ni escuchó las voces que le rodeaban con escenarios alternativos, como aquel esclavo que acompañaba al general romano en la cuádriga para recordarle que todavía era mortal.

No hubo margen para el acuerdo con el PSOE; de hecho, el PSOE desapareció como potencial socio, una puñalada a sus principios fundacionales. Este verano, en el ínterin de las dos elecciones, la estrategia del cordón sanitario a Pedro Sánchez fue contestada con la dimisión del eurodiputado Javier Nart, el diputado nacional Toni Roldán o el líder del partido en Asturias y exrector de la Universidad de Oviedo, Juan Vázquez. Por no escuchar, no escuchó ni las llamadas al centro del catedrático de Derecho Constitucional y cofundador del partido Francesc de Carreras.

Hoy la desolación es máxima. «La cuestión de la coherencia ideológica quedó sobrepasada por la mercadotecnia y la demoscopia. En los comités nos explicaban los objetivos electorales. Un partido no son unos grandes almacenes que buscan vender lo máximo posible, aunque la moda sea un esperpento; un partido debe tener una mínima coherencia interna», se lamenta el eurodiputado Javier Nart, frustrado «por haber acertado» el desenlace que ha sufrido el partido, por el «síndrome de la Moncloa» prematura de su ya dimitido líder, Albert Rivera.

«Ciudadanos tiene como fundamento de su creación luchar contra el separatismo. [...] Esta era una razón. Otra, que los partidos generales, socialistas y populares, no dependieran de los votos de nacionalistas de forma que estuvieran permanentemente haciendo concesiones en forma de elementos que iban conformando una estructura de separación», rememora el abogado y escritor.

«De todo eso el partido se separó al entender que su objetivo fundamental era sobrepasar al PP, un disparate sin poder territorial. Las europeas y autonómicas demostraron que el PP tenía un nivel muy superior a Cs. Y sobre todo porque para conseguir el voto sociológico, respetable, del PP, teníamos que ofrecer el ideario del PP», afirma Nart, que lamenta que no se fraguara una alianza PSOE-Ciudadanos tras el 28A pese a las coincidencias programáticas en materia económica. «Cuando Cs dice que el aliado natural del PSOE son los separatistas y populistas es exactamente lo contrario que siempre habíamos proclamado», insiste.

Penalizado por ayudar al bloqueo

«Distanciarse de sus orígenes ha resultado ser un claro error estratégico», coincide Blanca Nicasio. «También las contradicciones de su propio relato: una parte de su electorado no entendió cómo siendo un partido que defendía una nueva forma de hacer política en lugar de ser útil, contribuyera a acrecentar el bloqueo político y la polarización», añade la politóloga.

Si bien el acuerdo con el PP en Andalucía, pese a la participación de Vox, se entendió dentro de la lógica tradicional defendida por el partido liberal para 'regenerar' un gobierno autonómico toda la democracia bajo dirección socialista; otros movimientos como apoyar al PP en su feudo de Madrid rompieron los esquemas de muchos votantes.

La cuestión, con el cadáver sobre la mesa de autopsias, es si el partido tiene futuro; si ahora mismo, con Inés Arrimadas u otro liderazgo, hay margen para reorientar el proyecto que algunos en el PP ya se disponen a fagocitar. «Deseo que se vuelva a la coherencia, pero no se vuelve por el cambio de jefatura sino por el cambio de sistema. La cara no cambia nada, no es un problema de imagen ni de responsables de campaña sino de contenido y esencia. Un partido no es una cara, es un criterio y los criterios no los escucho por ninguna parte. ¿Van a mantener el mismo criterio de jefatura propietaria?», pregunta Nart.

«Hay espacio para un partido de corte moderado, liberal y europeísta que garantice la estabilidad y la gobernabilidad del país. Ciudadanos puede tener futuro si en su proceso de reformulación como partido retoma sus ideales fundacionales», contrapone la experta.

La papeleta de la investidura

¿Qué hacer ahora, con el partido en medio de una sucesión no prevista tras años de hiperliderazgo y con el dilema de facilitar o no que el Gobierno PSOE-Podemos pueda depender de los nacionalistas? «Un paso para lograrlo, para recuperar su esencia fundacional, sería facilitar la investidura de un gobierno para garantizar el inicio de la legislatura y poder abordar, con vocación de reforma, los grandes problemas estructurales a los que nos enfrentamos desde hace tiempo», sugiere Nicasio. «Así, podría recuperar su discurso original de defensa de la regeneración democrática y como dique de contención frente a los nacionalismos. En ese sentido, Inés Arrimadas, férrea defensora de la estrategia de Rivera, podría asumir el relevo de liderazgo, siempre y cuando retome los orígenes de la formación política», concluye.

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