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De cómo la patronal forzó la coalición de gobierno PP-UV en 1995: "Ja está bé de fer el carabassa!"

El «mobbing» de los empresarios a PP y UV sirvió para forzar un pacto al que se resistían por tactismo y personalismos

De cómo la patronal forzó la coalición de gobierno PP-UV en 1995: "Ja está bé de fer el carabassa!"

De cómo la patronal forzó la coalición de gobierno PP-UV en 1995: "Ja está bé de fer el carabassa!"

j. g. valencia

Como ahora en la izquierda, en 1995 los personalismos y las estrategias de los entonces líderes del PP (Eduardo Zaplana) y Unió Valenciana (Vicente González Lizondo) eran el principal escollo para rubricar un pacto que diera estabilidad a un Ejecutivo conservador tras doce años de poder socialista. Pero, a diferencia de los actores actuales, la derecha gozó de muñidores de excepción de aquel «pacto del pollo», llamado así porque se cerró en el despacho del empresario y máximo responsable de la interprofesional avícola Propollo, Federico Félix. En esa misión le acompañó el presidente de la Confederación Empresarial Valenciana (CEV), el desaparecido José Mª Jiménez de Laiglesia, redactor a mano y en una cuartilla del borrador del acuerdo. Félix y De Laiglesia fueron garantes, hasta en sentido físico, de que PP y UV sellaran un pacto de gobierno: Cuando uno de los protagonistas se levantaba y amenazaba con dar la espantada, lo cogían y lo obligaban a regresar a la mesa.

La constitución de las Corts había sido el 20 de junio. El día antes, populares y UV sellaban un «pacto de estabilidad» por el que Lizondo se aseguraba la elección al día siguiente como presidente de las Corts y los regionalistas se comprometían a apoyar la investidura de Zaplana. Los grupos pactaron acortar plazos y el popular fue investido el 30 de junio de 1995. El acuerdo no comprometía a UV a nada más. Lizondo no quería, tras la ruinosa experiencia del pacto de 1991 en el Ayuntamiento de Valencia que convirtió a Rita Barberá en alcaldesa.

La ruptura movilizó a la patronal

Ya elegido presidente de las Corts, Lizondo se había prodigado en declaraciones en las que advertía que podía hasta presentar una moción de censura. El panorama alarmó a la patronal, que urgió un acuerdo estable. La negociación se rompió el 3 de julio, a mediodía. Era la víspera de la toma de posesión de Zaplana. Los empresarios se movilizaron. Entre la tarde-noche del lunes y la madrugada del martes, De Laiglesia y Félix sentaron a PP y UV en la oficina del segundo, en el número 7 de la calle Isabel la Católica de Valencia. Entre los negociadores del PP estaba su secretario general y posterior presidente de Bancaja, José Luis Olivas. Entre los de UV, el exnúmero dos, Vicente Ferrer, o el desaparecido Filiberto Crespo.

El PP se resistía a ceder una conselleria, la presidencia de RTVV y un senador porque solo necesitaba 3 votos de UV. «El acuerdo nos sale muy caro para ser sólo tres diputados», recriminó Olivas. «Es que UV vende 5 o ninguno», le replicó Crespo. La tensión se disparó. Pero los empresarios terciaron para impedir la ruptura. «Ja està bé de fer el carabassa!», zanjó Federico Félix, mientras Jiménez de Laiglesia abroncaba a Olivas: «Y tú, ahora, volviéndote atrás». No se lo permitieron. Zaplana y Lizondo, que se habían incorporado a las dos de la mañana, estrechaban la mano a las tres. Félix y De Laiglesia habían garantizado a Zaplana la estabilidad, pero no recibieron recompensa alguna. Seis meses después, la relación con el popular (a cuyos designios no se plegaron) era casi inexistente.

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