20 de enero de 2010
20.01.2010

Bermúdez: "Algunos jueces trabajan menos de cuatro horas al día"

"Llegan media hora tarde, se van media hora antes y dedican dos horas a tomar cafe", afirma el magistrado de la Audiencia Nacional - La Justicia no es eficiente porque no se trabaja, señala el presidente de la sala de lo Penal

20.01.2010 | 01:00

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El presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, defendió ayer que la Administración de Justicia no es "eficiente" porque "no se trabaja" y aseguró que mientras no se quiera "reconocer" esta situación no se podrá avanzar en la reforma del sector.
Durante su participación en una mesa redonda organizada por la Fundación Ortega y Gasset para debatir sobre la modernización de la Justicia, el magistrado de la Audiencia Nacional subrayó que el proceso de reforma se debe "construir sobre un cimiento mínimo" que en la actualidad "no existe", porque los jueces no trabajan lo suficiente y porque se dedican a tareas que no son de su incumbencia.
En concreto, Gómez Bermúdez aseguró que de las 24 horas y media semanales de trabajo estipuladas en el despacho, que supondrían seis horas diarias, algunos jueces acaban desempeñando como "horas reales" no más de "tres horas y cuarenta minutos", ya que "llegan media hora tarde, se van media hora antes" y dedican "dos horas a tomar café". "No somos eficientes porque no se trabaja", remachó.

Tareas que no corresponden
Sin embargo, lamentó que en España "no hay un sólo funcionario sancionado", ya que "al quieto no se le sanciona jamás". "El que no hace nada no corre peligro", apuntó.
Además, defendió la necesidad de que se libere al juez de toda las actividades que no le corresponden y a las que se termina dedicando. Para ello, consideró que sería importante que el secretario judicial asumiera el mando de la Nueva Oficina Judicial y el juez acabe saliendo de la "batalla del proceso".
En su opinión, un sistema en el que "todo se sustente en el juez" será siempre "ineficiente por definición".
El juez, dijo, debe ser un mero "árbitro", que resuelva los asuntos después de que hayan sido ya "cocinados" y sin entrar en el proceso "ni para bien ni para mal".

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