11 de agosto de 2020
11.08.2020
Levante-emv
Análisis

'Felipe VI el humilde'

El Rey se ha decidido a inventarse un carisma, pero no acaba de solucionar su problema freudiano

11.08.2020 | 16:24
El análisis de Matías Vallés.

Enclaves de interior como Petra o la barriada de Son Roca no cuadran con las escalas habituales de las Familias Reales en Mallorca, tradicionalmente escoradas hacia el litoral con yates y restaurantes cargados de tenedores. Sin embargo, la gira minimalista está saliendo más rentable que soportar a los fantoches locales, o a los madrileños que todavía viajan a Mallorca con la vana esperanza de hacerse los encontradizos y de recibir una llamada de Marivent.

Felipe VI el Humilde encabeza la expedición, con una de esas delgadeces que obligan a dar explicaciones y una Infantería herida. El Rey se ha decidido a inventarse un carisma, pero no acaba de solucionar su problema freudiano. Si Juan Carlos I no hubiera anunciado su exilio/fuga de España, podría encontrarse hoy tranquilamente en el extranjero sin que la ciudadanía se inquietara por su paradero.

Sin embargo, al anunciar por primera vez en su reinado un misterioso viaje al exterior con maletas en lugar de maletines, el Emérito que se resiste a serlo ha desatado una curiosidad pueril por conocer su lugar de veraneo. De repente, la masa necesita saber dónde está el que nunca se sabía dónde estaba.

A menudo, los torpes analistas ignoran los rasgos fundamentales de la actualidad, aunque la veteranía exige ocultar estas carencias bajo un manto cardenalicio. Es el momento de confesar que era difícil prever la pasión por conocer el refugio concreto del emigrante coronado. Ahora bien, una vez establecido que la meta es más importante que los motivos del destierro, la consolidación de Felipe VI obliga a detallar un periplo que obligatoriamente conocen La Moncloa y La Zarzuela.

De no corregir sobre la marcha esta ensordecedora ausencia paterna, el escalafón se mantendrá inamovible. Tras la primera salida al aire libre de Felipe VI el Humilde desde que se conoce la marcha de su progenitor, los medios seguían reservando el titular para el padre y el subtítulo para el hijo.

El Rey no solo es eclipsado por su padre, es eclipsado incluso por su padre. En un ejemplo de realismo mágico o de realeza mágica que hubiera complacido a García Márquez.

Mallorca no es el lugar donde se halla Felipe VI, sino el sitio donde no está Juan Carlos I. Ubicar al comisionista es el procedimiento más rápido que tiene el hijo para ganarse el trono. La humildad también puede ayudarle en el encontronazo de Champions en Palma con Pedro Sánchez, el rival más enconado que ha debido afrontar un Rey en democracia.

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