Más difícil todavía. En las elecciones catalanas más anómalas, la ciudadanía doblegó a la pandemia dando una lección de civismo y cumpliendo a rajatabla con unas medidas sanitarias extremas que funcionaron a la perfección y desmintieron los catastróficos augurios que se deslizaron durante la campaña. Ya en las urnas, esos mismos contribuyentes deshicieron el pulso a tres otorgando al PSC la victoria en votos y a ERC, el timón de un 'procés' que se refuerza con el 50% de los votos por primera vez.

El empate a 33 escaños entre socialistas y republicanos brinda a estos últimos la llave para abrir un Govern independentista u otro de izquierdas. Ambas alianzas suman 74 diputados. En definitiva, un tablero más complejo, fragmentado y endiablado cuya gestión obligará a contener la respiración durante semanas o meses.

[Resultados de las elecciones catalanas por municipios]

Los socialistas volvieron a sentir la amargura del histórico triunfo de Pasqual Maragall en 1999. El exministro Salvador Illa venció en votos, pero sin la suficiente fuerza para impedir que el independentismo siga teniendo la sartén por el mango. Tras duplicar la representación del PSC, que no recordaba lo que era ganar unas elecciones catalanas desde las generales de 2008, Illa confirmó su voluntad de intentar una investidura para la que necesitaría sí o sí a Esquerra o a Junts, fuerzas que han dejado por escrito un veto a negociar con los socialistas.

Consulta los resultados de las elecciones catalanas

La apuesta del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por Salvador Illa como cabeza de lista del PSC a las elecciones catalanas le ha llevado a la victoria, pero su triunfo en votos es insuficiente y no garantiza en absoluto su investidura, ni despeja una legislatura que sigue muy difícil para el Ejecutivo.

"El socialismo ha ganado las elecciones. Una fantástica noticia para hacer posible el cambio y el reencuentro por el que tanto ha trabajado el PSC. Gracias, Salvador Illa, por devolvernos la ilusión de conseguir un futuro mejor para Cataluña y para España", ha afirmado Sánchez.

El candidato del PSC a la presidencia de la Generalitat ha anunciado que se postulará a la investidura para hacer efectivo el "cambio" en Cataluña. "El cambio ha llegado a Cataluña para quedarse y la victoria de hoy es un gran paso adelante pero es solo el primero", ha afirmado el exministro desde la sede del PSC, donde ha seguido el escrutinio acompañado de varios dirigentes socialistas, entre los cuales estaba el ministro Miquel Iceta, ideólogo del llamado 'efecto Illa'.

Los socios más proclives a entenderse con el PSC, los 'comuns', no tardaron en reclamar a las izquierdas que no se fuercen investiduras fallidas, como la que busca Illa para poner contra las cuerdas a ERC. La suma progresista, 74 escaños, es la única que hace sombra en el nuevo Parlament a la hegemonía secesionista, lo que situará al republicano Pere Aragonès en el centro de todas las mesas de negociación y hace partir como favorito para ser el próximo presidente de la Generalitat.

Ya casi en ese rol, Aragonès no solo confirmó que se postulará a la investidura, sino que anunció el inicio en Cataluña de "una nueva etapa para conseguir el referéndum, la amnistía de los presos y la república catalana". Y en castellano, dirigió un primer mensaje al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez: "Es la hora de resolver el conflicto en una mesa de diálogo". Los resultados electorales, con socialistas y republicanos por encima de JxCat, avalan la reactivación de ese foro que la pandemia congeló, y que ahora será ERC la que marque los ritmos.

Pere Aragonés: "Es la hora de resolver el conflicto"

Pero Aragonès también acabó la noche con una sensación agridulce. Ganó al fin a Junts en unas autonómicas y amplió la distancia en votos que Carles Puigdemont le sacó a Oriol Junqueras hace tres años, pero el único escaño que le separa de Laura Borràs permite a los posconvergentes exigir prácticamente la mitad del Govern para paliar la pérdida de la presidencia.

Esa negociación del Gabinete estará cargada de alto voltaje, pues las tentaciones de Junts de fijarle a ERC listones inalcanzables se dan de bruces con el revés que las urnas han infligido a la estrategia frentista de los puigdemontistas, perjudicados además por el mordisco del PDECat a su electorado, que si bien no le sirvió para quedarse en el Parlament, frenó las expectativas de JxCat.

La composición del Govern puede ser la primera gran batalla entre dos socios que no saben llevarse bien. Aragonès insistió en compartir Ejecutivo con la CUP y En Comú Podem, pero Borràs reivindicó un Gabinete "fuerte" entre fuerzas nítidamente independentistas. Otra opción sería gobernar en solitario, pero el candidato de ERC requeriría de las a priori incompatibles abstenciones de Illa y Borràs. La CUP, que duplica su representación y rebasa a unos 'comuns' que han vuelto a resistir la marea de los bloques, resulta otra vez imprescindible para remachar la mayoría secesionista.

Una mayoría que se amplía al verse beneficiada por el más que previsible desplome de la participación. Las larguísimas colas que se apostaron durante buena parte de la jornada ante numerosos colegios electorales fruto de las restricciones de aforo, dieron la impresión de que la movilización iba a amortiguar la caída respecto al récord de participación alcanzado en 2017, cuando votó el 79% del censo. Sin embargo, la abstención empeoró las previsiones de las encuestas y se anotó su cota más alta en unas elecciones catalanas. La participación retrocedió hasta el 53,55%, la más baja de toda la historia y la desmovilización se cebó más en las zonas menos soberanistas.

Tan aciaga fue la noche para Inés Arrimadas como para Pablo Casado. Ambos se vieron superados por Vox y sus respectivas estrategias vuelven a estar en tela de juicio. A los populares, que hasta la confesión de su extesorero Luis Bárcenas le iban bien las cosas, han perdido un escaño y siguen como farolillo rojo del Parlament.

De ese récord de abstención se benefició también la extrema derecha de Vox. Cataluña ha dejado de ser una excepción y los ultras irrumpen en la Cámara con 11 diputados y más de 217.000 votos. Cuarta fuerza del país y la primera entre las derechas antiindependentistas. Ese bocado, sumado a los más de 650.000 votos del PSC, se convirtieron en el calvario de Ciudadanos, que pasa de primera a séptima fuerza, de 36 escaños a 6, el mayor hundimiento de un partido en unas catalanas.