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Una década con 22.000 mensajes

Vida y obra de Colau en Twitter

Inició su andadura en la red social en 2010 como activista por la vivienda que necesitaba altavoces y la deja como política con marca propia

Ada Colau, junto a Tortell Poltrona, pregonero de la Mercè del 2020.

Ada Colau, junto a Tortell Poltrona, pregonero de la Mercè del 2020.

Ada Colau sorprendió el domingo por la noche con un mensaje en el que anunciaba que abandona Twitter porque esta red social no le permite ver el bosque entre tanto árbol. La alcaldesa de Barcelona decía en su carta de despedida que ha llegado a la conclusión de que es mejor persona fuera de la plataforma, que ya abandonó, aunque entonces dijo que era provisional, el 3 de marzo, el día de su aniversario. Pero este rechazo a la herramienta del pajarito no siempre fue tal. En el pasado, los 'comuns' fueron pioneros en el uso intensivo de Twitter, y la misma Colau ha sabido sacar partido a una cuenta que tiene más de 918.000 seguidores. Dice que a la política "le sobra ruido y testosterona·, y que está cansada de la "tiranía de la presencia permanente". Su Twitter queda en barbecho, y esta es la crónica de sus 11 años y más de 22.000 mensajes y retuits.

Todo empieza en enero de 2010, cuando Colau era la portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), organización impulsada por la propia Colau y por su pareja, Adrià Alemany, un año antes, en febrero de 2009, en una asamblea celebrada en la casa en la Casa de la Solidaritat del Raval de Barcelona. Entonces, todos su mensajes giraban, como es obvio, sobre el derecho a una vivienda digna, denunciando desahucios y, de vez en cuando, apoyando iniciativas sociales como la lucha estudiantil o el movimiento del 15M. 11 de mayo de 2012, por ejemplo: el Gobierno del PP, con Ana Pastor en el Ministerio de Fomento, presenta un anteproyecto para reformar el alquiler en España. Lo que para el Ejecutivo conservador suponía "flexibilizar" el mercado, para la entonces activista era una cosa muy distinta:

Aquellos inicios en la red social eran más de retuitear que de aportar. Entre sus principales enemigos, las entidades bancarias, a las que acusaba tanto de echar a familias vulnerables de sus pisos como de mantener un parque de viviendas vacías, a su parecer, inaceptable. El uso de 'hashtags' ya era el pan de cada día, en su caso, con especial atención a La Caixa.

Colau fue ganando presencia en los medios. Sabía desenvolverse bien a la hora de hablar en público y aquella virtud no pasó desapercibida para los programas ávidos de buenos picos. No eran tiempos de decir que 'no', así que al rostro visible de la PAH le tocó pisar platós que no eran santo de su devoción. Pero todo sacrificio, argumentaba, era poco para hacer visible su lucha.

Un mes antes, la hoy concejala de Barcelona en Comú había hablado ante la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados, donde defendió la iniciativa legislativa popular (ILP) que buscaba impulsar una nueva ley de vivienda. Aquello le hizo dar el salto a nivel nacional. En aquel entonces, a un año de anunciar su candidatura a la alcaldía de la capital catalana, mantenía el tono de la Colau más activista.

Aquello fue un antes y un después. Y no solo por el hecho de convertirse en la cara visible a nivel estatal de la defensa de la vivienda y la lucha contra los grandes bancos; también porque personajes de renombre, como Andreu Buenafuente, aplaudían su trabajo y le aportaban más proyección.

El periplo de Colau por las cadenas estatales, sin embargo, no siempre fue todo lo fluido que le hubiera gustado. La alcaldesa tenía la sensación, a mediados de 2013, de que ciertos medios recibían presiones para no darle cancha en sus programas. Pero no solo eso, también intuía malas artes en instituciones universitarias como Esade, donde, al parecer, se anuló un acto en el que estaba confirmada su presencia. Ella lo resumió así:

Poco antes de anunciar que formaría parte de una plataforma ciudadana para alcanzar la alcaldía de Barcelona, en mayo del 2014 Colau daba rienda suelta a otra de sus grandes batallas: el feminismo. A raíz de un anuncio de Desigual para conmemorar el día de la madre, la todavía portavoz de la PAH (dejaría de serlo unos días después) cargó con fuerza contra la empresa catalana.

El 7 de mayo de 2014, Colau dejó de liderar la PAH para centrarse en Guanyem. La noticia se daba a conocer en la página web de la organización. Y decía, entre otras muchas cosas, esto: "Su carisma, sencillez, valentía, coherencia y humildad la han llevado, desde el momento en el que su cara se convirtió en 'la cara de la PAH', a ser un referente para todas y cada una de nosotras". La alcaldesa redactó una extensa carta en la que compartía sus razones.

Argumentos similares

Curiosamente, algunos de los argumentos recuerdan a los ofrecidos el domingo en su adiós a Twitter, cuando dijo sentirse harta de los "perfiles falsos y anónimos que intoxican e incitan al odio". En aquella misiva, y en otras circunstancias (el fondo del texto era mucho más de buen recuerdo que de peso quitado de encima), se quejaba de situaciones similares: "A nivel personal, reconozco que, aunque le he quitado importancia porque no había que mostrar debilidad ante nuestros enemigos, hubo momentos duros. Momentos difíciles cuando, por ejemplo, el Gobierno me identificó como la “lideresa filo terrorista” y acto seguido empecé a recibir amenazas de todo tipo".

Guanyem se presentó en sociedad el 26 de junio de 2014. Colau llamaba a "los hartos de la política" a recuperar Barcelona. Y avisaba a ICV de que "un partido existente" no podía ser el pilar de la nueva izquierda. Aquel pasó generó de nuevo el aplauso de personajes conocidos, en este caso, Jordi Évole. Iniciativa, por cierto, el eterno socio del PSC en el ayuntamiento (quizás se acuerden de Imma Mayol y de Ricard Gomà), terminaría en la malla de los 'comuns'.

Su actividad empezó a centrarse en el debate sobre Barcelona, sus barrios, sus mercados municipales, transporte público, el turismo, el funcionariado, el urbanismo... Per sin olvidar la vivienda, la razón que la había llevado a dar el salto a la política. Colau hacía referencia en este tuit a una mujer de 85 años que fue desahuciada por la policía en Vallecas.

Aquellos eran tiempos de construcción de un nuevo proyecto que, como nueva iniciativa política que no disponía de subvenciones (la absorción de Inicativa cambiaría un poco la cosa) y tampoco querían depender de los bancos a los que durante tantos años habían señalado como responsables de buena parte de los peores males de la sociedad.

A la candidata le tocó cambiar la calle por las instituciones, y aquello incluía presenciar los interminables e insufribles plenos del Ayuntamiento de Barcelona, en los que, como mínimo, había ratos en los que se hablaba de su tema predilecto, ni que fuera en boca de la Síndica de Barcelona, Maria Assumpció Vila.

El aquellos días, Ada Colau redactó uno de los tuits que más críticas han cosechado en esta década de vida tuitera. Se le acusó de realizar comparaciones desafortunadas, de padecer una suerte de "complejo de Mesías", de compartir un mensaje "egocéntrico" e "hipócrita" o de "intentar siempre ser la protagonista". Aunque para ser justos, también muchos aprovecharon para felicitarla por su 41º cumpleaños. También por aquel entonces daba comienzo una relación de amor-odio con el que sería su enemigo político en el consistorio, Alberto Fernández Díaz (PP). Ambos se usaron el uno al otro para marcar perfil ideológico.

La Colau activista iba dando paso a la Colau cargo público. Llegó el día de las elecciones y también ese día inculcó mensaje, en este caso, vinculado a una lucha sindical en el seno de Movistar. Al día siguiente, ya con la victoria confirmada, expuso su lado más dialogante.

La Colau alcaldesa, con un concejal más que la lista encabezada por Xavier Trias, empezó a saborear las mieles amargas de Twitter. Se multiplicaron los mensajes contrarios a su persona. Quizás el momento más crudo lo vivió en 2017, cuando puso en manos de las autoridades el mensaje de una cuenta anónima que amenazaba con violarla. El tuit de Akisukinho Barrabás era una respuesta a un anterior mensaje de la alcaldesa. En él, Colau realizaba una reflexión sobre el uso de la expresión "la madre de todas las bombas" para describir el arma utilizada por Estados Unidos en Afganistán.

En 2018, su apoyo al rapero Valtonyc también le generó una sonora lluvia de mensajes que le decían de todo menos bonita. Pero al igual que en su tuit sobre Puig Antich, también muchos aplaudían sus palabras.

En algunas ocasiones ha intentado tirar de ironía, pero lo cierto es que se hizo carne ese 'karma' de que en Twitter todo es susceptible de ser mal interpretado y fue peor el remedio que la enfermedad. En agosto de 2018 una avería apagó el pebetero del Fossar de les Moreres. Muchos la acusaron de ser la responsable. Pero no quedó ahí la cosa. Intentó suavizar las aguas y, quizás un poco hastiada por la situación, terminó su siguiente mensaje con un premonitorio "apago Twitter hasta mañana".

A medida que han ido pasando los años, la alcaldesa se ha dedicado más a describir su gestión y menos a verter opiniones y valoraciones. Quedaron atrás esos primeros años municipales en los que los responsables de prensa del ayuntamiento eran incapaces de controlar a los ediles de los 'comuns', que gestionaban sus redes sin filtro alguno y sin avisarles. Cada mañanam una sorpresita. Pero Colau no podía escapar de la opinión 'express', esa necesidad de posicionarse deprisa y corriendo ante alguna noticia de alcance. Sus tuits sobre la monarquía, por ejemplo, le costaron una buena reprimenda de parte de la parroquia borbónica, por ejemplo. Sobre esta cuestión le llegaron bombardeos de personas como Antonio Baños, que tiempo atrás podían considerarse más o menos amigo...

El que seguro no era ni es cercano es Arturo Pérez-Reverte, con el que tuvo un sonoro rifirrafe con el republicano Gabriel Rufián como espectador. Entre otras cosas, terminó llamándola "inculta".

Esa necesidad de responder se hizo carne también durante la pasada campaña electoral de las elecciones catalanas. Se acusó al ayuntamiento de eliminar determinada publicidad electoral en las calles. Intentó defenderse y las bombas cayeron con más virulencia. En su carta de despido del domingo decía lo siguiente: "Parece que hay que opinar de todo, todo el rato. Si no haces un tuit de un tema polémico, sale alguien a decir que estás muy callada, que por qué será, que es una vergüenza que no hayas dicho nada sobre esto o aquello". Lo mismo le sucedió cuando escribió sobre el grafiti del rey emérito censurado por la Guardia Urbana hace un par de meses en el parque de las Tres Xemeneies.

También el pasado enero usó Twitter para defenderse de los ataques por haber salido de Barcelona durante las fiestas navideñas. No hizo nada que no estuviera permitido, pero se vio en la obligación de dar su versión. De nuevo, palos por todas partes.

La alcaldesa asegura que ahora se centrará en sus otras redes sociales: Instagram, Facebook y Telegram. Ahí, sin embargo, no todo será un camino de rosas. Fotos como la de debajo, por ejemplo, generaron todo tipo de comentarios. La publicó en mayo de 2020. Muchos pensaron que no era una buena idea cuando Barcelona tenía una pandemia encima. Quizás salga de Twitter, pero no por ello dejará de estar en boca de todos.

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