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PPdeG

Alfonso Rueda, el gran favorito para tomar las riendas de la Xunta si sale Feijóo

Ningún presidente gallego abandonó su cargo antes por voluntad propia | El vicepresidente primero ha acompañado a Feijóo desde la primera legislatura

Desde la izquierda, Diego Calvo, Alfonso Rueda, Feijóo y Francisco Conde en un acto electoral del PP gallego.

¿Qué sucederá en Galicia si Alberto Núñez Feijóo toma las riendas del partido a nivel estatal y da ese salto a Madrid sobre el que tantos años se ha elucubrado? Nunca en la historia autonómica gallega se ha producido un vacío por la dimisión del presidente de la Xunta, opción que cada vez se antoja más inminente, si bien es cierto que no resulta incompatible legalmente presidir una comunidad y un partido a nivel estatal. Eso sí, la dimensión de la fractura interna de los populares nacionales convierte ese escenario en altamente improbable, pues reconstruir la formación requerirá de una dedicación completa.

¿Sería capaz Feijóo de atender la gestión administrativa para lograr la recuperación en Galicia mientras asiste a continuas reuniones en diversos puntos del Estado para coser el partido y configura una dirección nueva que entierre la etapa de Pablo Casado? Posible, pero improbable. En todo caso, su adiós sería posterior a su elección en un congreso extraordinario inminente como nuevo capitán del PP. Sería entonces cuando dejaría la Xunta, según los cálculos que se hacen en el partido.

Su marcha sería inédita. Las salidas de Fernández Albor (moción de censura) y Fraga y Touriño (derrotas electorales) fueron diferentes. Este terremoto en la política gallega, donde nadie tuvo el poder del que goza Feijóo tras cuatro mayorías absolutas y una autoridad omnímoda en el PPdeG, tendría dos vertientes: la formal y la política.

Su renuncia supondría el cese de todo su gobierno. Los consejeros continuarían en sus puestos en funciones hasta la designación de otro presidente, que elegiría su propio gabinete. El procedimiento está contemplado en el Estatuto de Autonomía de Galicia y en el Reglamento de la Cámara gallega.

Tras el adiós del titular de la Xunta, el presidente del Parlamento, el popular Miguel Santalices, dispondría de un mes (artículo 136.1 del reglamento) para proponer a otro candidato, que debería contar con un asiento en el hemiciclo. La mayoría absoluta del PP deja claro que solo ese partido tiene opciones.

El elegido tendrá que ser necesariamente diputado (el Partido Popular tiene 41 representantes), pero el ascendente político señala dos nombres por encima de todos, los dos únicos miembros de la Xunta con escaño. Son los vicepresidentes primero, Alfonso Rueda, y segundo, Francisco Conde. Otros dos diputados son presidentes provinciales del partido: en A Coruña, Diego Calvo, y en Lugo, Elena Candia. Miguel Tellado es secretario general del partido y Pedro Puy, portavoz parlamentario.

“Lo normal para evitar líos”

“Lo normal para que no haya mucho lío es que sea uno de los dos vices”, apunta una voz del aparato del partido. Elegir entre Rueda y Conde garantizaría la continuidad en la gestión y evitaría una revolución interna. Pero los dos, en teoría, no están en el mismo nivel.

El capital y el perfil político de ambos es opuesto. Rueda es, junto con Rosa Quintana, el único superviviente de la primera Xunta de Feijóo, aquella que en 2009 alcanzó el poder tras tumbar al bipartito. Fue su mano derecha durante años, aunque fue relevado de su puesto de número dos en el partido, que no en el gobierno gallego, hace seis ejercicios. Entonces, asumió la Presidencia del PP de Pontevedra, desde donde asentar un poder territorial que debería pasar, en primer lugar, por recuperar la Diputación de Pontevedra e importantes alcaldías. Aunque su tarea está muy lejos de estar completa, Alfonso Rueda es, según todas las fuentes populares y de la Xunta consultadas, el gran favorito. Está en la 'pole position'.

Enfrente, Conde carece de experiencia y trayectoria orgánicas. Era un colaborador de Feijóo ascendido primero a consejero y luego a vicepresidente segundo, siendo el único miembro de la Xunta 'premiado' tras los comicios autonómicos de 2020. A su favor juega su amistad con el 'presi' y que su elección mantendría cierta neutralidad, en la posible guerra sucesoria a medio plazo, entre el norte y el sur. No genera adhesiones, pero tampoco recelos.

Al margen de ambos, solo Calvo, de entre las filas populares, cuenta con experiencia de gestión tras cuatro años como presidente de la Diputación de A Coruña, algo de lo que carece Pedro Puy, que ha ejercido siempre como guía parlamentario. Eso sí, en el seno del partido siempre se ha mirado a Calvo por sus aspiraciones futuras rodeado del clan de Ferrol, integrado por Tellado y el exalcalde de esa ciudad, José Manuel Rey. Es, además, el presidente provincial del partido y el que ofrecería un perfil más fresco. Pero tampoco, al menos hasta ahora, se puede decir de él que sea un ganador. De hecho, perdió la diputación coruñesa.

Para optar por un nombre ajeno al Parlamento habría que adelantar elecciones. En el PP se descarta esa opción, pues pondría en peligro la mayoría absoluta de 41 diputados al perder al principal activo del partido, Feijóo, y asistir a la crisis de su marca. “De elecciones, nada”, zanja un miembro del aparato.

De nuevo, será Feijóo quien mueva los hilos. Su decisión marcará el futuro del partido en Galicia.

Superar la crisis y preparar las municipales, retos del sustituto

El relevo de Feijóo como presidente de la Xunta no sería el único cambio que el PP debería realizar en Galicia, la comunidad a la que hace año y medio el presidente prometió fidelidad y a la que dejará para tratar de enderezar a su partido a nivel estatal. El PPdeG deberá elegir nuevo presidente.

La lógica apunta a que su sucesor al frente de la Xunta tome las riendas también del partido en un congreso extraordinario. Para evitar otro conflicto, Feijóo dejará el proceso encarrilado y nadie se moverá de momento.

Sin embargo, el encargo es problemático. Quien obtenga el 'trono' del PPdeG asumirá una libreta llena de tareas pendientes para afrontar en el talón de Aquiles electoral de la etapa de Feijóo, si es que se puede definir así, pues su partido es el que más alcaldías posee de la comunidad, aunque no controla ninguna de las grandes ciudades. Se trata de las elecciones municipales previstas en 2023, que coincidirán con las generales.

Los populares gallegos no gobiernan ninguna de las siete ciudades y solo Baltar mantiene la Diputación de Ourense. A ello se une el hecho de que no posee candidatos a la alcaldía en la mayor parte de urbes, con procesos convulsos en algunas de ellas, como Vigo, A Coruña o Santiago.

El nuevo líder deberá afrontar ese proceso tras el congreso extraordinario. Pero esa tarea orgánica palidece ante la encomienda de asumir la gestión de fondos europeos para que Galicia supere definitivamente la crisis causada por la pandemia.

Con 13 años de mesianismo y presidencialismo llevados al paroxismo (Feijóo fue elegido presidente del partido en 2006, pero se afianzó tras alcanzar la Xunta en 2009), el PP se abre a una nueva etapa. La anterior sucesión ya resultó más convulsa de lo que parecía a priori.

Durante años, Fraga alimentó el 'delfinato' de Xosé Cuíña en una etapa marcada por la guerra de boinas y birretes, pero unos supuestos negocios familiares vinculados a las labores tras la catástrofe del Prestige y el carácter volcánico del barón do Deza acabaron con sus aspiraciones. A la carrera concurrieron Feijóo, su homólogo como vicepresidente de la Xunta, Xosé Manuel Barreiro, y el exconsejero Enrique López Veiga.

Aunque venció, Feijóo no se consolidó hasta que en 2009 logró tumbar al bipartito. Hasta entonces, el PP se tambaleaba a las puertas de una guerra interna. Está por ver si tras el 'feijoísmo' sucede de nuevo. Las elecciones gallegas serán en 2024. Pero en la política actual, que viaja a velocidad subsónica, dos años parecen una vida entera.

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