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Alvise: el agitador ultra que ha sabido captar "el cabreo" de miles de varones jóvenes contrarios al feminismo, la globalización y la emigración

Vía redes sociales y sin aparecer en los medios convencionales, el líder de 'Se Acabó La Fiesta' ha conseguido atraer a 800.763 votantes, muchos de los cuales son situados por los analistas fuera del caldero de la ultraderecha

El líder de la formación de reciente creación Se Acabó La Fiesta (SALF), Luís Pérez Fernández, Alvise.

El líder de la formación de reciente creación Se Acabó La Fiesta (SALF), Luís Pérez Fernández, Alvise. / EFE

Juan Fernández

En Olivella, municipio de la comarca del Garraf (Barcelona) donde el domingo pasado solo 995 vecinos decidieron participar en las elecciones al Parlamento Europeo, 76 de ellos metieron en la urna la papeleta de Se Acabó La Fiesta (SALF), formación de reciente creación cuyo líder, Luís Pérez Fernández, Alvise, propone "construir una macrocárcel para encerrar a Pedro Sánchez", "sacar a España de la Unión Europea" y "destruir el sistema desde dentro".

En la ciudad de Málaga hicieron lo mismo 14.500 ciudadanos (el 7,13% de los que votaron); en Cartagena les secundaron 5.513 (el 7,74% del sufragio); y en Albacete se apuntaron a la idea otros 4.849, que sumaron el 6,93% de las papeletas recogidas esa noche en la capital manchega.

Ninguno de esos votantes ha leído el programa electoral de SALF, porque no existe, ni ha visto, oído ni leído ninguna entrevista del candidato en televisión, radio o periódico alguno, porque no las ha concedido, pero conocen sobradamente sus arengas y proclamas de verlas en Instagram, TikTok o Telegram, o de recibirlas y compartirlas en sus grupos de Whatsapp. Lo suficiente como para animarse a pedirle que les represente en el parlamento de Estrasburgo.

Desde el pasado domingo, analistas políticos, estrategas electorales y expertos en comunicación de toda condición andan de cabeza tratando de responder a una de las preguntas –quizá la más desconcertante– que ha dejado flotando en el aire la última cita con las urnas: ¿qué ha llevado a 800.763 españoles a votar a un candidato que hasta ahora era un perfecto desconocido para la mayoría de los ciudadanos, y que afirma que "España se ha convertido en una fiesta de corruptos, pedófilos y violadores", que los medios de comunicación son "una porquería de mercenarios" y que debería estar permitido "poder disparar con un subfusil por la calle a los narcotraficantes"? 

Fuera del radar

Los comicios europeos son dados a la irrupción de figuras extravagantes y opciones novedosas. Hace 35 años, José María Ruiz Mateos obtuvo 608.000 votos y dos escaños en las elecciones de 1989, y hace diez aterrizó Podemos en el panorama político español propulsado por los 1.250.000 sufragios y cinco europarlamentarios que cosechó en la cita de 2014. Pero el empresario jerezano era un viejo conocido de los españoles cuando puso sus miras en Estrasburgo y Pablo Iglesias venía de foguearse en multitud de tertulias televisivas el día que decidió imprimir su rostro en las primeras papeletas de Podemos. 

En el éxito de SALF, en cambio, junto al incendiario discurso de su líder y el enorme apoyo recabado –desde Podemos, ningún otro partido había debutado con tantos votos: el 4,45% de los sufragios–, sorprende que este se haya producido fuera del radar de la mayoría de analistas y medios de comunicación. Hasta que los sondeos del 9-J anunciaron su inminente éxito, nadie vio venir el ‘fenómeno Alvise’.

El desconocimiento de su figura por parte del gran público contrasta con la devoción que le profesan sus centenares de miles de seguidores en las redes sociales, que desde la pandemia han venido compartiendo con fruición sus soflamas más radicales y participando en sus acciones públicas más provocadoras. 

Sevillano de 34 años con estudios de Ciencias Políticas –carrera que cursó en la UNED pero no acabó–, Alvise tuvo su primer contacto con la política de la mano de UPyD en calidad de asesor. Tras pasar por Ciudadanos –llegó a ser jefe de gabinete de Toni Cantó en su etapa de diputado autonómico valenciano–, fue radicalizando su discurso hasta convertirse en uno de los mayores agitadores contra el Gobierno en los meses más duros del covid, así como un imaginativo propagador de bulos. Declarado antivacunas y negacionista de la pandemia, llegó a falsificar una pcr para acusar a Salvador Illa de haberse contagiado y se inventó que Manuela Carmena había recibido un trato médico preferente en pleno confinamiento. 

En esos meses calientes de fuerte polarización, su descaro le fue granjeando simpatías y ‘likes’ en los foros de ultraderecha. Mientras su nombre se consolidaba en la constelación de agitadores cercanos a Vox, junto a figuras como la activista Cristina Seguí y los periodistas Javier Negre y Vito Quiles (este último es su actual responsable de prensa), Alvise veía engordar su comunidad en Telegram, que hoy cuenta con 530.000 miembros y donde ha encontrado su principal herramienta para instigar acciones como las marchas frente a la sede madrileña del PSOE del otoño pasado. 

Ultraderecha

Al consultor político Aleix Sanmartín, este patrón le recuerda a los grupos de ultraderecha de Estados Unidos, en los que cree que está inspirado. "En España es nuevo, pero la derecha 'Alt Right' norteamericana lleva años operando así. No es un fenómeno de redes sociales abiertas, sino de plataformas cerradas como Telegram, que permiten crear burbujas donde difunden todo tipo de bulos y mensajes extremistas. Alvise ya tenía su comunidad, solo ha necesitado anunciar que se presentaba a las elecciones para que todos le sigan", razona el responsable de las últimas campañas electorales del PSOE, y que también ha trabajado para el PP y diversos líderes latinoamericanos.

Dando por descontado que el medio millón de suscriptores del canal de Telegram de Alvise introdujeron la papeleta de SALF en las urnas del 9-J, faltarían otros 300.000 votantes para explicar un éxito electoral tan sorprendente. "Erraríamos si acotáramos este fenómeno a la ola ultraderechista que recorre Europa", avisa el politólogo Pablo Simón, quien sospecha que el caladero de votos de Alvise es más transversal de lo que parece. "Muchos simpatizan con Vox, pero otros provienen de la abstención. Todos tienen en común que se sienten desencantados con los partidos y furiosos por la deriva del país en temas como el feminismo, la globalización o la emigración. Es un voto de cabreo, antisistema y antipolítico", interpreta el analista. En su opinión, el 'fenómeno SALF' tiene más que ver con la irrupción de Podemos en 2014 que con otros casos frikis del pasado. "Igual que Iglesias supo captar la indignación que latía en grandes sectores de aquella España, Alvise ha hecho lo propio con la de ahora", compara.

A la espera de los sondeos que se publicarán en los próximos días, la única referencia válida para conocer a los votantes de SALF es la encuesta preelectoral que elaboró el CIS en mayo, que llamaba la atención sobre un importante factor generacional y de género: casi siete de cada diez son varones menores de 35 años. "Alvise ha logrado seducir a los jóvenes de Vox, a los que ha llegado a través de las redes sociales y con mensajes aún más radicales que los de Abascal. No les ofrece un discurso elaborado, pero tampoco lo necesitan. A ellos no les interesa la política, solo expresar su hartazgo", analiza Àngels Pont, directora de GESOP, la firma que elabora los sondeos que publica EL PERIÓDICO.

Comunicación política

Esta vez, las casas demoscópicas pueden presumir de haber sabido vaticinar un movimiento electoral que había escapado al olfato de los medios de comunicación, y que lanza un mensaje muy claro a los partidos. "Los menores de 35 no leen periódicos ni ven la tele, solo se informan por las redes sociales, y lo que no pasa en las redes, no existe para ellos", avisa Pont.

¿Qué sentido tiene entonces organizar un gran mitin de un partido en una plaza de toros, si Alvise puede conseguir más impacto con un vídeo en Instagram? "El éxito de SALF, sin salir en los medios convencionales, es inédito y podría apuntar a un nuevo paradigma en la comunicación política electoral, pero las redes sociales no funcionan como instrumentos de marketing en cuestiones ideológicas a largo plazo", opina Marta Ruiz Ramírez, profesora de Comunicación de la Universidad de Málaga que ha investigado el uso de las redes que hacen los partidos para recabar votos. 

Aparte de su comunidad de Telegram, una semana después de las elecciones Alvise tenía 307.000 suscriptores en su canal de Youtube, donde hace tiempo que no sube vídeos; 950.000 seguidores en Instagram, plataforma en la que sí es muy activo y que ha crecido en 120.000 followers desde el 9-J; 177.000 en su perfil de TikTok, donde tiene vídeos con más de 800.000 visualizaciones; 228.000 en Facebook; y 155.000 en su grupo de Whatsapp, donde interactúa con sus fans.

No tiene perfil en X porque se lo eliminaron por difundir bulos. "Fuera de esa órbita sigue habiendo una inmensa mayoría de electores que no sigue las redes sociales y sí necesita ese mensaje del político emitido en un mitin o en una entrevista tradicional", advierte Sanmartín, quien se resiste a admitir que el éxito de Alvise suponga una revolución para el marketing electoral de cara al futuro.

De momento, lo único cierto es que el líder de SALF ha salido de su burbuja y ahora va a ser fiscalizado por ojos ajenos, no solo por su club de seguidores. También va a tener más altavoz. "Le oiremos decir barbaridades, pero se lo puede permitir, porque ahora mismo tiene bula papal. Gente que no le conocía, hoy se fijará en él", señala Pablo Simón. ¿Tendrá un recorrido largo o será flor de una noche electoral? "Eso va a depender de cómo administre este caudal de votos, pero una vez abierta la caja de los truenos, no va a ser fácil volver a meter al genio en la botella", advierte el politólogo.

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