PERFIL
Pilar Alegría: la chica de pueblo que llegó a ministra vuelve a los orígenes en busca del voto socialista
La chica de La Zaida que se convirtió en la primera ministra aragonesa del Gobierno de España, vuelve a los orígenes para tratar de conquistar el Pignatelli pese a las aguas turbulentas en su partido.

Pilar Alegría, en la pegada de carteles de estas elecciones, el pasado 23 de enero en Teruel. / PSOE ARAGÓN
Laura Carnicero
Pilar Alegría Continente (La Zaida, 1977) se desprendió del traje de ministra en el mismo instante en que ofreció su última rueda de prensa como portavoz del Gobierno de España para convertirse en la candidata del PSOE aragonés a las elecciones autonómicas anticipadas del 8 e febrero. La primera política aragonesa que ha ostentado una cartera ministerial en más de 40 años de democracia inició, con su salida de Moncloa, a marchas forzadas, el camino de regreso a sus orígenes para volver a ser la chica de pueblo que un día salió de La Zaida con ideales y una trayectoria basada en la educación pública y el sindicalismo que practicó desde su juventud.
Después de llegar a lo más alto de la política española, tocaba coger el coche, recorrerse Aragón pueblo a pueblo y volver a presentarse ante el electorado como una chica normal, «de pueblo», cercana, cariñosa y atenta, para restarle puntos a esa imagen de «mentirosa» o «portavoz de las mentiras de Sánchez» que le cuelgan otros líderes políticos en cada telediario.
Pilar Alegría, Pili o Pilar, indistintamente, tiene un hijo, es maestra de Educación Primaria pero, sobre todo, es una socialista de primera fila desde hace casi 20 años. Apenas tenía 31 cuando ya fue diputada en el Congreso de los diputados y tuvo sus primeras responsabilidades en Ferraz, de la mano de quien ahora preside simbólicamente su organización, el expresidente de Aragón, Marcelino Iglesias.

Pilar Alegría juega a las cartas con unos vecinos de Valdefierro, esta campaña electoral. / MIGUEL ANGEL GRACIA
Su trayectoria tuvo un punto de inflexión que le llevó a separarse, entonces, de la federación aragonesa que presidía Javier Lambán. Quería hacer sus propias listas como candidata a la Alcaldía de Zaragoza y, tras no encontrar acuerdo con la federación provincial ni autonómica, pidió el amparo de la Federal para lograr sus objetivos.
Ambiciosa, firme en sus convicciones, Alegría se puso entonces en contra de su partido en Aragón -salvo de la federación del Alto Aragón, que siempre ha estado de su lado- y abrió una grieta que ha sido una herida abierta durante años, mientras crecía a nivel estatal. Pero desde el año pasado se hizo con el control de todo el partido en Aragón, que se confiesa, con algunas excepciones, ‘alegrista’ en su conjunto.

La candidata del PSOE se hace un selfi con una seguidora, en la calle Delicias de Zaragoza. / MIGUEL ANGEL GRACIA
Alegría ha dejado la responsabilidad y el prestigio del ministerio para, según dicen las encuestas, ser la oposición tras el 8F en Aragón. En una campaña en la que carga con la losa de los escándalos de Ferraz, la primera ministra aragonesa se desprendió de este traje nada más empezar. Y recorriendo el camino de vuelta vuelve a tirar de carisma y de alegría en busca de esos socialistas descontentos y desmovilizados. El 8 de febrero se sabrá si lo consigue o si, por primera vez desde 2019, deja de ganar.
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