23F, el golpe de Estado
35 impactos de bala, la huella (casi) imborrable de Tejero en el Congreso
Actualmente se conservan 35 agujeros en las paredes y el techo de la Cámara Baja, pero no siempre fue así

Varias personas observan los agujeros en el techo del hemiciclo del Congreso provocados por disparos el 23-F, durante las XI edición de las Jornadas de Puertas Abiertas de la Cámara Baja. / EFE

Es un clásico en cualquier crónica periodística sobre las jornadas de puertas abiertas del Congreso incluir una fotografía de varios ciudadanos apuntando al techo del hemiciclo y acompañar la imagen con alguna frase de los visitantes de este estilo: "Mira, mira, allí, un poco más a la derecha, junto al escudo ese rojo, ahí, ¿lo ves?". Lo que señalan es obvio, los agujeros de balas que dejó el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Una huella (casi) imborrable de los disparos de Antonio Tejero, que ha fallecido hoy, y de los guardias civiles que irrumpieron en el Congreso de los Diputados.
"¡Al suelo todo el mundo!", fue la frase que pronunció Tejero cuando entró en el hemiciclo, pasadas las 18:00 horas. Acto seguido, y apuntando al techo, apretó el gatillo de su pistola. Después se escucharon los disparos de las ametralladoras de dos de los guardias civiles que le acompañaban. ¿Cuántas veces dispararon Tejero y sus hombres? Esta pregunta no ha tenido una única respuesta.
Primero fueron 37, según los agujeros que se contabilizaron en un primer informe solicitado por la Mesa del Congreso en 1981 para remitirlo al juzgado militar encargado del caso y tasar los destrozos y el coste que le supondría a la Cámara arreglarlos, aunque esto último nunca pasó. El tiempo se encargó de que aquellas muescas en la pared acabasen convirtiéndose en un recuerdo a conservar de la fragilidad de la democracia.
Sin embargo, en 1999, el arquitecto conservador de la Cámara elaboró una nueva relación de agujeros de bala. En este caso había 33, cuatro menos. La Mesa del Congreso, en un informe que elaboró en 2013, apuntó a que una de aquellas marcas que se perdieron podría corresponder a la de la vidriera del techo, la cual se sustituyó, que otras dos podrían haber desaparecido tras unas obras realizadas en 1988 y que la cuarta se debía una "diferencia de criterio" a la hora de interpretar los desperfectos.
Menos es más
Sin embargo, la cosa no quedó ahí. El 11 de septiembre de 2013, en mitad de una fuerte tormenta, empezó a gotear agua del techo en la tribuna de prensa. Entonces, saltaron las alarmas. Hacía unos meses se había hecho una remodelación de parte del hemiciclo y se pensó que algo podría haber salido mal. No era así. La gotera se debía tan solo a un canalón que se había desbordado, provocando una inundación en una de las cubiertas del edificio.

Fotografía de archivo de las goteras que se produjeron en el hemiciclo del Congreso el 11 de septiembre de 2013. / EMILIO NARANJO / EFE
Sin embargo, lo que se descubrió fue aún peor. Durante aquellas obras se habían borrado cinco agujeros de balas. "La premura con la que se realizaron los trabajos, los problemas de la instalación, así como la dificultad para acceder a la documentación sobre el 23-F, han contribuido a la eliminación de algunas señales de la que no fueron conscientes ninguna de las personas que han intervenido en la obra", dijo entonces la Mesa del Congreso en un informe.
De las 37 marcas iniciales ya solo quedaban 28. Pero hubo una nueva sorpresa: se habían encontrado 8 nuevas señales de disparos en las que no se habían reparado con anterioridad. La cifra volvía a ascender a 35 muescas visibles -45 en total-. Desde entonces y hasta que no haya más obras, esos agujeros en las paredes y el techo del hemiciclo seguirán recordando a todos los parlamentarios que hubo una tarde en la que la democracia española estuvo en riesgo.
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