Elecciones andaluzas
El PP asume el camino de Feijoo a Moncloa tras la pérdida de la absoluta en Andalucía: “Ya no habrá debate sobre si pactar o no con Vox”
Los populares consideran que el resultado andaluz disipa el debate interno sobre la necesidad de pactar con Vox para llegar a La Moncloa

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y cargo del PP reciben con una ovación al candidato del PP a la Presidencia de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, a su llegada a la Junta Directiva del PP en Madrid. / PARTIDO POPULAR
La idea era no dar síntoma alguno de debilidad en la mañana postelectoral, esa en la que toda España bulle de comentarios y análisis sobre el veredicto que las urnas dejan el domingo. Y el Partido Popular optó por un eficaz recurso propagandístico, desplegando a las seis de la mañana, con noche cerrada aún en Madrid, una lona gigante en la fachada principal de Génova 13, donde se ubica la célebre sede central del partido, muy cerca de la Plaza de Colón. En ella se podía leer un mensaje tan conciso y elemental como claro: "El cambio está más cerca".
Naturalmente, de haber logrado el desde este lunes presidente en funciones de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, la mayoría absoluta que perdió por apenas dos escaños, la lona se hubiera descolgado igualmente. Pero según respiraba Génova este lunes de mayo -donde como es habitual se celebró la preceptiva reunión de la Junta Directiva Nacional, el órgano que integra a todos los líderes autonómicos- el mensaje cobraba una fuerza incluso mayor con el PP andaluz por debajo de los 55 escaños en el nuevo Parlamento autonómico. ¿Por qué? Por dos razones principales. Una que afecta sensu stricto a los resultados en Andalucía, y otra que tiene más que ver con las dinámicas entre distintos territorios y los debates que de manera cíclica se generan en el partido tradicional de la derecha española y en sus órbitas culturales e intelectuales.
En primer lugar, y aún con una mayoría absoluta menos (ya solo quedan las de Alfonso Rueda en la Xunta de Galicia, de alguna manera heredada de Feijóo y que se someterá a examen en 2028, y la de Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, con elecciones en mayo del año que viene) el PP saca pecho de un resultado que, sobre todo medido en porcentaje de votos, abona la tesis de que es posible acabar con la Presidencia de Pedro Sánchez, desde esta semana la segunda más larga de la democracia después de la de Felipe González.
La derecha supera ampliamente el 50% de los votos, mientras que la izquierda, con tres formaciones que obtienen representación (PSOE, Adelante Andalucía y Por Andalucía) no llega ni siquiera al 40%. Aunque desde la misma noche electoral en Génova se tuvo claro que la emergencia de Adelante, una escisión de Podemos de tinte andalucista, impulsada en su día por Teresa Rodríguez y en esta ocasión liderada por José Ignacio García, fue la causante principal de que Moreno no alcanzase los ansiados 55 escaños. Como por otra parte lleva presumiendo Adelante desde la misma noche del domingo.
Menos "ruido"
Pero más allá de esa lectura ligada a los resultados, y con la salvedad de que Alvise Pérez y su Se Acabó la Fiesta (SALF) sigue suponiendo un factor de distorsión preocupante para el bloque de la derecha, al que le han vuelto a restar hasta un 2% de los sufragios sin obtener representación alguna, aparece la segunda y más importante cuestión. La que verbaliza así una persona del partido: "Las cartas están sobre la mesa, después del 17-M ya no habrá debate sobre si pactar o no con Vox". Un debate o "ruido", según fuentes populares, que volvería a enturbiar la vida en el partido y a entorpecer el camino de Feijóo hacia la Moncloa, empeño en el que fracasó contra todo pronóstico en las elecciones generales del año 2023.
E incluso más aún, según a quién se escuche dentro de la amplia gama de sensibilidades que abarca una formación tan grande, que podría hacer dudar a Feijóo del camino idóneo para llegar al poder. Ese camino pasa, sí o sí, por algún tipo de entente con los de Santiago Abascal, y si había alguna duda el resultado andaluz, el cuarto y último de un intenso curso electoral, que ha vivido previamente elecciones en Extremadura, Aragón y Castilla y León, las despeja definitivamente.
Por eso la Junta Directiva Nacional de este lunes, a diferencia de en las ocasiones anteriores, y con la excepción de los vítores hacia el ganador, en este caso Moreno, tuvo un acento discursivo muy distinto. Ni atisbo de los dardos velados disparados en otras ocasiones contra Vox, que a ahora vuelve a ser el socio de coalición en al menos dos gobiernos autonómicos, los de Extremadura y Aragón. Ni una mención, de hecho, en el discurso en abierto de Feijóo. Aunque sí una apuesta, que Moreno expresó en su discurso a puerta cerrada que inauguró la reunión, y que previamente había adelantado en su declaración ante los medios en la puerta de Génova, la de gobernar en solitario. "El resultado es muy bueno, y nos da un margen de maniobra para gobernar en solitario. Pero incluso lo digo como una reflexión para el propio Vox. Creo que Vox ante la ciudadanía andaluza, más allá de las dinámicas parlamentarias, que te llevan a intentar buscar fórmulas de acuerdo y de entendimiento, no tendría ningún sentido la búsqueda permanente de un sillón, que creo que no sería razonable, sensato ni sería comprensible para esa mayoría de andaluces que han optado por el Partido Popular", espetó Moreno a los de Santiago Abascal.
El presidente en funciones de la Junta, preguntado por la prioridad nacional que la extrema derecha exige ya desde la misma noche electoral, cuando el sintagma fue coreado por el candidato Manuel Gavira, se escabulló hablando de la "prioridad andaluza". Un ardid que puede que no le sirva cuando se siente a negociar con Vox, como mínimo, un apoyo a su investidura.
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