Corrupción en el PSOE
Feijóo no aplaca el debate en el PP sobre la moción de censura tras el estallido definitivo del caso Leire
Fuentes del PP consideran que la pelota está en el tejado de PNV y Junts para una posible moción de censura contra el Gobierno

Feijóo con Sémper y Montserrat antes del Comité de Dirección del PP del 1 de junio / Fotos PP/Diego Puerta
Cuanto más aparecen en escena casos de corrupción que salpican al Gobierno de Pedro Sánchez y al PSOE mayor es el debate sobre si Alberto Núñez Feijóo debería emular al Sánchez de 2018 para presentar una moción de censura con la corrupción como principal leitmotiv, como la que ahora hace ocho años acabó con la Presidencia de Mariano Rajoy. Del debate nadie se siente excluido: ciudadanos, medios de comunicación, analistas e incluso rivales políticos, que oscilan entre quienes la reclaman, como el líder de Vox, Santiago Abascal, y los que desde la izquierda retan al jefe de filas del Partido Popular (PP) a presentarla, descontando su eventual fracaso. Pero el debate no parece apagado, ni mucho menos, tampoco en el seno del propio PP. Feijóo no lo aplaca.
Naturalmente, y en eso no hay discusión, la decisión final corresponderá al líder, y a su núcleo duro, lo que no quiere decir que no se escuchen opiniones. Y las hay para varios gustos. Aunque, eso sí, nadie la descarta, porque tampoco lo hace el propio Feijóo, como ha quedado de manifiesto esta semana. El presidente del PP lanzó la liebre el lunes, en una entrevista televisiva, donde ofreció al Partido Nacionalista Vasco (PNV) y a Junts per Catalunya, los dos socios de investidura de Sánchez situados en el espectro conservador del Parlamento, una oferta algo críptica: "Decencia y elecciones". Lo hizo la víspera de su intervención en el Cercle d'Economia en Barcelona, donde surfeó de nuevo la ola de esa posible moción -que solo con el apoyo de uno de los dos grupos nacionalistas citados sería viable, descontado el de Vox- pero sin tampoco dejar una posición nítida.
Las fuentes del PP consultadas coinciden en que ni ha habido contactos ni seguramente los habría, llegado el caso. O planteado de otra manera: la pelota (consideran en Génova) está en el tejado de los de Aitor Esteban y de los de Carles Puigdemont. El primero, presidente peneuvista, tan pronto ha dicho que la legislatura debe terminar porque sería "irresponsable" continuarla en las actuales circunstancias, como ha descartado ese posible voto a favor de hacer a Feijóo presidente antes de que termine la legislatura. El segundo, a través de sus emisarios en Catalunya, como su número dos Jordi Turull, le han dejado claro a Feijóo que lo primero que tendría que hacer es precisamente acudir a Waterloo (Bélgica) a entrevistarse con el ex presidente de la Generalitat, algo que hoy por hoy suena a política ficción.
Desde algunos sectores populares se considera que la discusión no conviene plantearla en términos estrictamente resultadistas, sino de si en la actual situación de crisis política nacional, con un Gobierno asediado por varias tramas que terminan superponiéndose, Feijóo puede hacer algo más, como los principales dirigentes y portavoces del partido, que realizar una denuncia retórica de los hechos, reclamando un día tras otro al jefe del Ejecutivo una convocatoria adelantada de las elecciones generales, que de agotarse la legislatura se celebrarían a mediados del año que viene.
Solo elecciones
De hecho, y paradójicamente o no, la respuesta del PP a la imputación por liderar presuntamente una organización criminal del ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y al auto del juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz que ha hecho estallar definitivamente el caso de Leire Díez -la 'fontanera' de Ferraz cuyos contactos con altos cargos socialistas y su connivencia con el ex secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, han quedado al descubierto- ha sido más tibia que la del año pasado al propio caso Cerdán. Si entonces se convocó a los españoles a manifestarse bajo el lema "mafia o democracia" hoy se sigue sin hacer ese llamamiento explícito. Y ni siquiera se pide la dimisión de Sánchez. Solo la convocatoria de elecciones anticipadas.
Por último, a nadie se le escapa la complejidad que entrañaría la propia operación y los riesgos que conllevaría. Primero, la elección del momento. De nuevo tomando la moción de Sánchez contra Rajoy como espejo, el entonces líder de la oposición solo activó el mecanismo cuando hubo una sentencia de la Audiencia Nacional sobre la trama Gürtel, en la que además se condenó al PP como beneficiario. En unas semanas podría haber la primera sentencia de la corrupción socialista, la del caso mascarillas que sentó en el banquillo a Ábalos y Koldo, y a mediados de mes, tras el aplazamiento que solicitó, Zapatero comparecerá por primera vez ante el juez José Luis Calama, quien podría tomar medidas cautelares agravando la percepción pública del escándalo. Tampoco se descarta una imputación del propio PSOE en la trama Leire, posibilidad que este mismo viernes abonaba el presidente socialista de Castilla-La Mancha, y nadie descarta en el PP el estallido de nuevos casos, incluida la posible financiación irregular de los socialistas que fue fijada como línea roja por sus socios. Desde ese punto de vista, piensan algunos, lo mejor sería seguir esperando, dado que, como sostienen desde hace tiempo en Génova, "Sánchez, el PSOE y Zapatero aún tienen un largo viaje judicial por delante".
Por otro lado, acudir al registro del Congreso de los Diputados para presentar la moción supone quedar a partir de ese momento en manos del calendario que fije la presidenta socialista de la Cámara Baja, Francina Armengol, con la potestad de marcar la fecha para la moción. Y en ninguna justa política es cómodo entregarle un arma tan poderosa como el manejo de los tiempos al adversario.
El debate sobre la moción de censura, en definitiva, no se apagará en el PP mientras la corrupción siga marcando la vida española, y mientras Feijóo le siga abriendo las puertas, como en el vídeo que publicó este viernes en las redes sociales, donde desafiando a PNV y Junts una vez más, concluyó: "La buena noticia es que todo esto se acabará, con ayuda de otros partidos o sin ella. Antes o después, España volverá a tener la palabra".
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Fuente: El Periódico
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