Secretos bajo tierra
Historias de las Cortes (II): Calaveras, túneles secretos y una cámara acorazada, los subsuelos del Congreso
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La fechada del Congreso de los Diputados / Congreso

Con el rey emérito solo compartía el nombre, pero su papel en la historia del Congreso, aunque por completo desconocido, también merece quedar registrado. Juan Carlos era uno de los trabajadores que, en el invierno de 2009, estaban encargados de sanear los sótanos de la Cámara Baja. A pocos metros bajo el lugar donde solía sentarse su tocayo durante las sesiones de apertura de las legislaturas, Juan Carlos hizo un descubrimiento del todo inesperado. Junto a una columna, bajo tierra, aparecieron dos cráneos y varios huesos. ¿Qué había pasado en el subsuelo del Congreso?
Al principio, se intentó mantener la noticia en secreto. Sobre los miembros de la Mesa de la Cámara planeaba una duda: ¿eran recientes aquellos restos óseos? Una cinta policial con la inscripción "No pasar" se colgó en los accesos a las llamadas catacumbas que están situadas bajo el hemiciclo. Apenas hubo revuelo. En los días posteriores, ningún diputado mencionó aquellos huesos, ni en las sesiones plenarias ni en las comisiones. No obstante, las preguntas seguían abiertas.
La policía paralizó las obras y llamó a un equipo forense. Los especialistas se llevaron los cráneos y los demás restos —más tarde identificados como tibias y peronés— para someterlos a un análisis minucioso. Sin embargo, antes incluso de conocer el resultado, ya habían ofrecido un primer motivo para la calma: se trataba de huesos muy antiguos. Un informe posterior del Instituto Nacional de Toxicología lo confirmó, y el caso, que había recaído en el Juzgado de Instrucción número 10 de Madrid, quedó sobreseído.
Monjes y escritores
Y, como suele ocurrir, a toro pasado todo son cuernos. La explicación más lógica no tardó en imponerse. El Congreso se levantó en la década de 1840 sobre los restos del antiguo convento del Espíritu Santo, que había servido de sede a las Cortes después de quedar abandonado a raíz de un incendio. No obstante, el mal estado del edificio llevó a Isabel II a ordenar la construcción del actual palacio del Congreso, inaugurado en 1850.

Dibujo del convento del Espíritu Santo. / Dominio público
La empresa encargada de velar por la preservación del patrimonio histórico —obligada por la singularidad del lugar donde se realizaban las obras— concluyó que los huesos databan del siglo XVII, a juzgar por los demás materiales encontrados. Los restos se atribuyeron a monjes que habían sido enterrados en el propio convento. Además, junto a los huesos apareció una gran tinaja, completamente intacta, que ofreció nuevas pistas a los trabajadores.
No obstante, aquel no fue el mayor de los hallazgos. Al mismo tiempo que se saneaban los sótanos del Congreso, se amplió el aparcamiento de la Cámara Baja, que se extiende bajo la plaza de las Cortes, situada frente a los dos grandes leones. Allí ve pasar el tiempo una estatua de Miguel de Cervantes. Cuando comenzaron los trabajos, se localizó el antiguo emplazamiento de la figura. Bajo aquel pedestal apareció una cápsula del tiempo, sellada en 1834, que guardaba, entre otras cosas, cuatro tomos de una edición de 1819 de El Quijote, un ejemplar del Diario de Avisos de Madrid de 1834 y varios números de la Gaceta de Madrid, el BOE de la época.

La "cápsula del tiempo", hallada bajo la estatua de Miguel de Cervantes frente al Congreso de los Diputados. / FERNANDO VILLAR / EFE
Planes de huida
De la época del convento del Espíritu Santo procede la leyenda de un pasadizo subterráneo que lo comunicaba con la iglesia de Santa Ana, ubicada en la actual plaza de Santa Ana, a unos cientos de metros. Más tarde, con la construcción del actual Congreso, proliferaron los rumores sobre corredores secretos que llevaban desde la Cámara Baja al hotel Palace, ubicado en la misma plaza de las Cortes; al Ateneo de Madrid, a unos doscientos metros; y hasta el Palacio Real, a un kilómetro de distancia.
Se decía que, en un principio, permitían a Isabel II desplazarse en secreto por la ciudad y que, con el tiempo, quedaron como posibles vías de evacuación para los parlamentarios. No hay planos ni imágenes que confirmen la existencia de estos túneles, pero, si se pregunta a los diputados que más tiempo llevan en el Congreso, aseguran que el último en resistir fue el que conducía hacia el hotel Palace. Según esos testimonios, quedó definitivamente clausurado durante la etapa de Ignacio Astarloa como secretario de Estado de Seguridad, entre 2002 y 2004. Era el último que permanecía abierto.
Al menos, de aquellos, porque desde 2005 existe otro pasillo subterráneo que conecta el edificio anexo al palacio del Congreso con los situados al otro lado de la calle, donde se ubican los despachos de algunos grupos parlamentarios. Este túnel, que cruza la Carrera de San Jerónimo, está decorado con retratos de decenas de reyes visigodos y desemboca en el subsuelo de la antigua sede del Banco Exterior de España. Allí sigue desafiando el paso del tiempo su cámara acorazada, con una puerta blindada de casi medio metro de grosor.
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Fuente: El Periódico
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