La Tomatina, que reúne a miles de personas cada año, es el principal símbolo del municipio
A apenas 40 kilómetros de València, en el corazón de la Hoya de Buñol, se encuentra un municipio de apariencia tranquila que esconde una densidad cultural, histórica y natural que invita a redescubrirlo: Buñol. No es casualidad que sus calles inspiraran a Joaquín Sorolla o que su castillo haya servido recientemente de escenario para El Cautivo, la última película de Alejandro Amenábar.
Buñol es, ante todo, un lugar donde la tradición sigue viva. Cada último miércoles de agosto, se celebra La Tomatina, una de las festividades más singulares y declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional en 2002. Un acontecimiento global que reúne a miles de personas de todos los rincones del planeta, sin perder su carácter popular ni su arraigo local.
Pero la identidad de Buñol no se explica solo desde la fiesta. Cada verano, la música encuentra su momento en el Mano a Mano, concierto que desde hace más de medio siglo enfrenta a sus dos sociedades musicales, La Artística y La Armónica. El Auditorio de San Luis, excavado en la roca, actúa como anfiteatro natural.
El patrimonio histórico ocupa un lugar central. El Castillo de Buñol, uno de los mejor conservados de la Comunitat Valenciana, domina el casco antiguo. Además, ese legado se abre hoy a nuevas formas de interpretación gracias a la recreación digital en 3D y a los contenidos audiovisuales que permiten recorrerlo y comprender su evolución. Parte de estos materiales podrán verse en el Museo de la Tomatina. Estas actuaciones se enmarcan en el Plan de Sostenibilidad Turística en Destino «Senda Verde», financiado con fondos Next Generation.

