Cinco rutas senderistas para explorar la Alicante más natural


Más allá de sus playas, el territorio esconde barrancos profundos, sierras abruptas, acantilados que caen al mar y caminos históricos que invitan a la aventura

Alicante es una provincia que se descubre paso a paso. Más allá de sus playas, el territorio esconde barrancos profundos, sierras abruptas, acantilados que caen al mar y caminos históricos que invitan a la aventura. Gracias a su clima suave durante todo el año, cualquier fin de semana es una oportunidad para salir al monte, caminar sin prisas y dejarse sorprender por paisajes que cambian a cada tramo.

Estas cinco rutas proponen distintas formas de vivir la naturaleza alicantina: desde paseos junto al Mediterráneo hasta recorridos exigentes que ponen a prueba las piernas y regalan vistas inolvidables.

1. Paseo Ecológico de Benissa: el Mediterráneo a tus pies

Caminar junto al mar siempre es una buena forma de empezar. El Paseo Ecológico de Benissa recorre uno de los tramos más escarpados y bellos de la costa de la Marina Alta, enlazando calas, acantilados y senderos suspendidos sobre el Mediterráneo.

La ruta parte del Club Náutico Les Bassetes, aunque sus múltiples accesos permiten diseñar el recorrido a medida. Con unos 2,5 kilómetros de longitud, es una excursión sencilla, pero no por ello menos espectacular. El sonido del mar, las vistas abiertas y los cambios constantes de paisaje convierten el paseo en una experiencia muy completa.

A lo largo del camino, paneles informativos ayudan a interpretar el entorno natural, mientras que las zonas de sombra y descanso invitan a detenerse, mirar alrededor y seguir avanzando.

2. Barranc de l’Infern: la Catedral del Senderismo

El Barranc de l’Infern, en la Vall de Laguar, es uno de los grandes retos del senderismo en Alicante. No es una ruta para improvisar: exige buena forma física, tiempo y respeto por el entorno. A cambio, ofrece uno de los paisajes más impactantes de la provincia.

Este recorrido circular, atravesado por el río Girona, es conocido como la «Catedral del Senderismo» por sus más de 6.800 escalones de piedra de origen morisco. Subidas interminables, descensos técnicos y vistas vertiginosas marcan una jornada que puede prolongarse entre cuatro y cinco horas.

El barranco se estrecha en algunos tramos, mostrando pozos profundos, cantos rodados y paredes que parecen caer hasta el centro de la tierra. Al salir del cañón, una gran bóveda natural tallada por la erosión del agua pone el broche final a una de las rutas más salvajes de la Marina Alta.


3. Faro del Albir: aventura accesible en Serra Gelada

La ruta al Faro del Albir demuestra que no hace falta afrontar grandes desniveles para vivir una buena aventura. Situada en el Parque Natural de la Serra Gelada, combina caminos cómodos con paisajes de gran fuerza visual.

El recorrido comienza en la Playa del Albir y asciende suavemente por una antigua carretera que atraviesa una extensa pinada. Durante la subida, los miradores naturales permiten observar la bahía de Altea y el choque entre la montaña y el mar.

El camino esconde varios puntos de interés, como las antiguas minas de ocre, una pequeña cala aislada y la Boca de la Balena, una cavidad natural visible desde la senda. El faro, hoy restaurado y convertido en museo, marca el final del trayecto, junto a la torre Bombarda, antiguo puesto defensivo frente a los piratas berberiscos.

4. Peñón de Ifach: conquistar el símbolo de Calp

El Peñón de Ifach se alza sobre el mar como un desafío vertical. Con sus 332 metros de altitud, es uno de los grandes iconos naturales de Alicante y una visita imprescindible para quienes buscan una experiencia más intensa.

La ruta señalizada permite ascender por el interior del parque natural a través de un recorrido corto pero exigente. La primera parte discurre por senderos acondicionados, pero a partir del túnel el terreno se vuelve más técnico y la pendiente aumenta de forma notable. En apenas un kilómetro se superan casi 300 metros de desnivel.

La recompensa llega al ganar altura. Las vistas sobre Calp, la Marina Alta y el Mediterráneo son espectaculares, especialmente en días claros. Primavera y otoño son los mejores momentos para la ascensión, cuando el clima es más suave y el entorno se llena de vida.

5. Molinos de Banyeres: disfrutar de la calma

En el interior de la provincia, Banyeres de Mariola ofrece una aventura diferente, donde la naturaleza se mezcla con la historia industrial. Situado en la Sierra Mariola, este municipio conserva un valioso patrimonio ligado al río Vinalopó.

La Ruta dels Molins recorre antiguos molinos papeleros y fábricas en desuso, integrados en un paisaje de fuentes, senderos y vegetación mediterránea. El camino invita a caminar sin prisa, explorando un entorno que sorprende por su tranquilidad y su riqueza natural.

El Molí l’Ombria es uno de los puntos clave del recorrido y un excelente punto de partida para enlazar con otras rutas, como la de los Miradores. Es una excursión ideal para quienes buscan aventura suave, historia y contacto directo con el paisaje del interior alicantino.