Este camino, que comprende desde la ciudad mediterránea hasta Santiago, sale de la puerta de los apóstoles de la catedral de València

Quien piense que el Camino de Santiago y sus múltiples variantes discurren únicamente por el norte de España se lleva una sorpresa cuando descubre el Camino de Levante, una de las rutas jacobeas más antiguas y, al mismo tiempo, menos masificadas. Una travesía histórica que nace en Valencia, avanza hacia el interior peninsular y atraviesa cinco comunidades autónomas hasta enlazar en Zamora con la Vía de la Plata —o con el Camino Sanabrés en la variante más habitual— antes de llegar finalmente a Santiago de Compostela.
A pesar de que su popularización es reciente, el Camino de Levante no es una invención moderna. La ruta se documenta desde hace siglos. Las investigaciones de Amparo Sánchez, reunidas en su obra Presencia de peregrinos en el Hospital General de Valencia en el siglo XVI, confirman que en la Baja Edad Media muchos peregrinos procedentes de Roma, Jerusalén o Palestina desembarcaban en el puerto de Valencia para cruzar la península siguiendo la Vía Augusta y antiguas rutas romanas hacia Santiago.

Este conocimiento permitió que, en 1991, la Asociación de Amigos del Camino de Santiago recuperara oficialmente el trazado, consolidándolo como una alternativa rigurosa, señalizada y fiel a la tradición histórica.
La ruta completa alcanza los 1.138 kilómetros, divididos en 42 etapas a pie o 15 si se realiza en bicicleta, lo que convierte al Camino de Levante en uno de los más largos de la red jacobea. Su relieve es, en general, suave y llano, permitiendo un avance cómodo que atraviesa la Comunidad Valenciana, Castilla–La Mancha, Comunidad de Madrid, Castilla y León y Galicia.
Uno de los aspectos que más fascina a los peregrinos —sobre todo a los extranjeros— es que el camino arranca entre huertas y campos de naranjos, impregnado por el aroma de azahar si se realiza en primavera. Un paisaje tan cotidiano para los valencianos como sorprendente para quienes nunca han podido caminar entre estos cultivos. La pandemia reavivó el interés por esta ruta menos concurrida.

El recorrido ‘valenciano’ avanza desde la puerta de los Apóstoles de la catedral de València hacia Castilla-La Mancha a través de cinco etapas muy apreciadas por quienes buscan un inicio tranquilo y paisajístico: Valencia – Algemesí, Algemesí – Xàtiva, Xàtiva – Moixent, Moixent – La Font de la Figuera y La Font de la Figuera – Almansa. Ya en la provincia de Albacete, el Camino se dirige hacia Toledo por el paisaje típico de La Mancha. La salida de la ciudad transcurre hacia la calle de San Vicente en dirección a la Torre, y después por los pueblos de l’horta Sud, en paralelo a la línea de ferrocarril que lleva a Albacete.
Aunque la ruta sigue siendo minoritaria respecto al Camino Francés, cada año crece la afluencia de caminantes. Llama la atención que son los peregrinos extranjeros quienes más la eligen, atraídos por su autenticidad, su baja masificación y la posibilidad de cruzar la península de sur a norte. Entre los españoles, destacan los participantes procedentes del País Vasco y Cataluña.

En la etapa 28, entre Zamora y Granja de Moreruela, el peregrino se topa con un cruce histórico: Puede continuar hacia el norte por la Vía de la Plata o girar hacia el noroeste por el Camino Sanabrés, más directo hacia Galicia y cada vez más popular. Ambos llevan finalmente al mismo punto: Santiago de Compostela.

