En su interior se conservan relatos ancestrales, formaciones geológicas, cursos de agua ocultos y huellas de civilizaciones pasadas
Antes de convertirse en reclamo turístico, la gastronomía de la Comunitat Valenciana fue tradición transmitida. Una herencia construida con el paso del tiempo, a partir de la convivencia de pueblos, del intercambio constante y de una relación directa con el Mediterráneo. Durante siglos, este territorio abierto al mar fue punto de encuentro y de tránsito, un lugar donde no solo llegaban productos de otras tierras, sino también nuevas formas de cocinar, de conservar los alimentos y de entender la mesa como espacio de reunión.
De ese proceso lento y compartido nace una cocina profundamente vinculada al paisaje y al ritmo de las estaciones. La huerta, el mar y la montaña han marcado la despensa y el calendario, dando lugar a una gastronomía basada en el producto cercano, el aprovechamiento y el respeto por el tiempo. Por eso, comer en la Comunitat Valenciana no es solo una experiencia gastronómica, sino una manera de leer el territorio y su memoria.
Con el objetivo de proteger y visibilizar esta riqueza nació la marca L’Exquisit Mediterrani, un distintivo que identifica a empresas, entidades y eventos comprometidos con el producto, la tradición y la excelencia. Este sello representa una forma de entender la cocina como patrimonio cultural y como vivencia ligada a la terreta.

Los turrones de Jijona y Alicante, ambos amparados por IGP, elaborados y envasados en Xixona. HÉCTOR FUENTES
Alta gastronomía Michelin en la Comunitat Valenciana
La Comunitat Valenciana se ha consolidado como un destino gastronómico de primer nivel. En sus tres provincias se concentran más de veinte restaurantes con estrella Michelin, una cifra que refleja el buen momento creativo que atraviesa el sector. A ello se suma el reconocimiento de la Guía Repsol, que ha distinguido a más de medio centenar de establecimientos con sus soles.
Entre las figuras clave destaca Quique Dacosta, al frente del restaurante Quique Dacosta, distinguido con tres estrellas Michelin y considerado uno de los grandes referentes de la alta cocina internacional. Su visión del territorio se extiende también al proyecto El Poblet, con dos estrellas Michelin, cuya cocina dirige Luis Valls. Junto a él, entre otros muchos, nombres como Ricard Camarena, cuyo restaurante en València cuenta con dos estrellas Michelin; Kiko Moya, al frente de L’Escaleta, también con dos estrellas; o Alberto Ferruz, que dirige BonAmb, igualmente reconocido con dos estrellas Michelin, confirman la madurez de una escena culinaria que combina creatividad, técnica y respeto por el origen.

Quique Dacosta, al frente del restaurante Quique Dacosta, distinguido con tres estrellas
Michelin. / Fernando Bustamante
Talento femenino en la cocina valenciana
Las mujeres han ido consolidando un papel protagonista en la alta gastronomía valenciana. Una de las figuras más destacadas es Vicky Sevilla, que ha logrado una estrella Michelin en su restaurante Arrels, situándose entre las chefs más jóvenes en alcanzar este hito en España.
Junto a ella, otras cocineras representan hoy la excelencia en los fogones valencianos: Carito Lorenzo, al frente de Fierro; María José Martínez, en Lienzo; Begoña Rodrigo, en La Salita; Susi Díaz, en La Finca; Cristina Figueira, en El Xato; y Clara Puig, en Tula, todos ellos distinguidos con una estrella en la guía gastronómica de referencia. Mención aparte merece Pepa Romans, una de las primeras mujeres en alcanzar este reconocimiento en España. Su restaurante Casa Pepa mantiene esa distinción y continúa siendo un referente por su cocina ligada al producto y al territorio.

Vicky Sevilla ha logrado una estrella Michelin en su restaurante Arrels. / Ana De los Ángeles Martí
El arroz como seña de identidad
Hablar de la Comunitat Valenciana es hablar de arroz. Viajar hasta aquí para degustarlo está plenamente justificado. El éxito de este plato se apoya en un arroz excepcional cultivado en entornos naturales como la Albufera o la Marjal Pego-Oliva, en ingredientes de proximidad y en una tradición culinaria perfeccionada durante siglos. La Denominación de Origen Arròs de València protege exclusivamente tres variedades: Senia-Bahía, Bomba y Albufera. Desde la paella valenciana al arroz con salmorreta o el arrocito de Castelló, cada receta es una expresión cultural. Más allá de la técnica, el arroz es un ritual social, un motivo de reunión y una forma de celebración compartida.

La despensa valenciana se apoya en productos con Denominación de Origen o Indicación Geográfica Protegida. / Germán Caballero
Productos con nombre propio y dulces con historia
Pero la despensa valenciana también se apoya en una amplia red de productos con Denominación de Origen o Indicación Geográfica Protegida, como la alcachofa de Benicarló, el kaki Ribera del Xúquer, la chufa de Valencia con D.O.P., las cerezas de la Montaña de Alicante, la uva embolsada del Vinalopó, la granada Mollar de Elx, los cítricos valencianos y los turrones de Jijona y Alicante, ambos amparados por IGP y elaborados y envasados en Xixona.
A ellos se suman productos singulares como la gamba roja de Dénia, la trufa negra del Maestrat, el tomate de El Perelló, los langostinos de Vinaròs o el embutido de Requena, que aportan identidad y carácter a una cocina que sabe mirar al pasado sin dejar de evolucionar. La repostería pone el broche final a este viaje sensorial. Monas de Pascua, coques, arnadí, flaons, horchata de chufa o helados artesanos con sabores como la naranja, el anís o el Agua de Valencia completan una experiencia gastronómica que se disfruta durante todo el año.
Hoy, la gastronomía valenciana mira al futuro sin renunciar a su origen. La alta cocina convive con el recetario popular, las estrellas Michelin con los platos compartidos en familia, y la innovación con una despensa que sigue marcando el camino. Desde un arroz cocinado sin prisas hasta un menú de vanguardia, cada experiencia habla de un territorio que se expresa a través del sabor.

