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Maratón de Valencia
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He recibido una lección de vida

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Maratón de Valencia

He recibido una lección de vida

Sergi Pitarch explica la carrera desde dentro, con sus alegrías y sus contratiempos

17-11-2014TuentiMeneame

SERGI PITARCH | VALENCIA ­Cada maratón es un mundo. Y ayer no podía ser diferente. Puedes prepararte muy bien, descansar y alimentarte adecuadamente que el día de la carrera puedes pasarlo mal. Esa es la magia de la mítica carrera. No son matemáticas. Cada uno de los agentes que intervienen en la jornada te pueden afectar. Desde el calor al viento, pasando, como fue el caso de ayer, por tener un mal día.

Ayer sufrí un hundimiento sin precedentes en la experiencia recogida en los dos anteriores maratones. Mi idea era hacer 3 horas y 30 minutos. Iba justo, la verdad, pero acabé completando los 42 kilómetros y 195 metros en tres horas, 50 minutos y 36 segundos, a una media de 5: 22 por kilómetro, cuando el objetivo era 4:58. Lejos del reto que me había planteando, pero acabando dignamente.

Pero lejos de desanimarme, la carrera de ayer ha servido para motivarme. Para hacerme reflexionar sobre qué pudo pasar, y sobre todo, para no perderle el respeto nunca más al maratón. Eso es lo importante. Esta carrera hay que respetarla y hay que enfrentarse a ella con humildad. Por eso es tan grande y engancha a tantos corredores. Sufrir hay que sufrir, y ahí está el mérito. En saber hacerlo. Cualquier persona la puede acabar, pero debe entrenar y asumir que tiene un duro trabajo por delante.

Sin fastos ni fantasmadas
Ayer sentí en primera persona todo lo bueno y todo lo malo que tiene esta carrera. Valencia demostró que es una gran ciudad. Sin fastos y fantasmadas. Una ciudad que sabe identificar cuándo hay que salir a la calle a celebrar un gran evento. El público que acudió a animar se merece un diez. Son incontables los puntos donde me hicieron sentir especial y donde los gritos de ánimo me pusieron los pelos como escarpias.

Una mención especial debo hacerle a los últimos cinco kilómetros del recorrido, donde la aglomeración de aficiones me recordó a las subidas de Miguel Indurain al Tourmalet. En una pista para correr de poco más de cuatro metros de ancho, la multitud llevó en volandas a todos los corredores. Sólo se puede decir una cosa. Gracias.

La organización también se merece un diez. Animadores en cada punto donde el corredor lo necesitaba y avituallamientos justos para finalizar con éxito la carrera. Gracias también.

Por lo que respecta a mi experiencia, pese al hundimiento he aprendido más que en los dos anteriores maratones donde conseguí 3 horas 46 minutos en Castelló y 3 horas y 36 minutos en Donosti. Ayer volví a poner en valor la carrera. A tenerle respeto, que no miedo, y a afrontarla con orgullo y humildad.

Los primeros 29 kilómetros de la prueba los clavé. Entre 4 minutos y 55 segundos y 5 minutos y 3 segundos. Estaba para hacer la marca para la que había entrenado. Pero llegó el kilómetro 30, el fatídico kilómetro 30. Cuando enfilaba la avenida de Burjassot noté una pájara como jamás había sentido. Pérdida de fuerzas y dolor muscular en todo el cuerpo. Mi mente tampoco me ayudó. Conseguí mantener a duras penas un ritmo de 5 minutos y 40 segundos y en el kilómetro 37, cuando la carrera picaba ligeramente hacia abajo, me hundí.

Parar, andar y correr
Paré. Paré unos dos minutos casi sin andar y volví a correr. A un ritmo bajo pero sin andar. Había que evitar que la debacle fuera más catastrófica todavía. He de reconocer que si un amigo no me hubiera acompañado la segunda mitad de la carrera no la hubiera podido completar. Sus ánimos me hicieron seguir cuando casi estaba en el suelo.

Por fin en el kilómetro 39 y en plena calle Colón recuperé un poco las sensaciones, realizando el último kilómetro a 5 minutos y 20 segundos. Nunca me había pasado. Un muro de 8 kilómetros! En Donosti me duró unos 4.000 metros pero ayer se hizo eterno. Sufrí como en la vida pero terminé. Me quedo con eso. Una lección que me servirá para los próximos maratones, y lo que es más importante, para la vida.
Como me dijo 24 horas ante de la prueba un gran amigo maratoniano y periodista: El maratón es disfrutar.
El maratón es sufrir. Sabe mejor la recompensa cuando pasas la línea de meta.

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