Turismo y viajes

El Drach, un tesoro bajo tierra

Las cuevas del Drach constituyen uno de los principales atractivos turísticos de la isla

01-04-2015Meneame

REDACCIÓN Situadas en la costa oriental de Mallorca, estas cuevas constituyen uno de los principales atractivos turísticos, y son, sin duda alguna, unas de las más destacables de la isla , ya que presentan un desarrollo horizontal cercano a los 1.200 metros de longitud y una profundidad, en su cota máxima de 25 m. bajo la superficie.

La historia de las cuevas del Drach se resume haciendo referencia a una decena de fechas. En 1338, primera noticia escrita de la cueva (sa Cova Vella), en un mensaje de Rover de Rovenach, gobernador de Mallorca, al alcalde de Manacor. En 1632 primera aparición del nombre Drach en el libro Historia del Reino de Mallorca de Dameto. En 1784, incluida dentro del mapa de Mallorca del Cardenal Despuig. En 1880 aparece el primer mapa dibujado de la cueva por el cartógrafo y espeleólogo M. F. Will. Son mencionadas en 1895 en el libro Clovis Dartetor de Julio Verne. El espeleólogo francés E. A. Martel descubre (exploración encargada por el archiduque Luís Salvador) nuevas cavidades y un gran lago subterráneo en 1896. En 1929 se abre una nueva entrada a la cueva. En 1935, el ingeniero catalán C. Buigas (que también concibió las impresionantes fuentes de Monjuïc de Barcelona) culmina su proyecto de iluminación del interior que incluye el espectáculo Amanecer en el lago. Oficialmente desde 1935 se vienen explotando, y el con el boom del turismo de los años sesenta se disparó el número de visitantes.

Un dragón de piedra protagoniza el logotipo de las cuevas. Se exhibe junto al busto que recuerda a Juan Servera. El motivo del dragón sugiere varias hipótesis: la semejanza de un lagarto que sube una columna real y una piedra que se descubrió y que es objeto de miles de fotos.
Concierto de doce minutos
Uno de los principales alicientes de las cuevas del Drach es sin duda alguna un concierto de 12 minutos en el majestuoso lago Martel (uno de los mayores lagos subterráneos del mundo, 177 metros de longitud, 9-12 de profundidad y anchura de hasta 30), con tres barcas iluminadas (los músicos van en una), y una brillante acústica que emociona al público, de múltiples procedencias, si bien la mayoría españoles, alemanes e ingleses.

La actuación a cargo de un cuarteto consta de cuatro piezas de música clásica: Alborada gallega (Caballero); Plaisir D´amour (Martini); Tristesse Studio 3 Opus 10 (Chopin) y Barcarola, de los Cuentos de Hoffmann (Offenbach). En estos momentos el grupo de músicos en plantilla está integrado por Miquel À. Bennassar (chelo); Antònia Llull (violín); Mª Magdalena Truyols (piano); Marisa Gutiérrez (violín); Mercedes Carlón (piano), y Giorgio Biro (violín).

Además del lago Martel (auténtica joya de la corona), resaltan los Baños de Diana, el Pequeño Lago (canal azul); la Bandera (también aludida como ´loncha de bacon´ por su similitud); la playa de los enamorados; el embarcadero (también identificado como lago de la Gran Duquesa de Toscana) y, evidentemente, las miles y miles de estalactitas y la extraordinaria recreación de reflejos: inigualable y excepcional belleza natural. Al estilo de la costumbre de arrojar monedas en la Fontana de Trevi de Roma, en las cuevas del Drach también existe esta práctica. Otra curiosidad es que al lago inicialmente se le bautizara como Miramar en honor al archiduque. Una pasarela construida ya hace años sirve para cruzar el lago, aunque también se puede ir en barca.
Las cuevas han servido de escenario de lujo de documentales, spots, culebrones y películas como El Verdugo de Berlanga (celebérrima escena con una pareja de guardias civiles llamando a Manfredi, altavoz en mano) y el thriller La Caja Kovac de Daniel Monzón (final infernal dramático).

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