Alacantina, que no Alicantina, como aparece incluso en el programa oficial de fiestas, se estrenó ayer tarde en la plaza principal de Valencia. Es una de las cuatro firmas que participarán por vez primera en las Fallas y, de entre ellas, la única que es de la Comunitat. Ayer, los de Alacant ofrecieron un fuego más bien clásico, incluso austero, podríamos decir. Ciñéndose a las formas tradicionales aunque aprovecharan los nuevos sistemas eléctricos para la ignición de ciertas partes, como hicieron.

Aprovecharé para comentar aquí a qué nos referimos cuando distinguimos entre clásico y moderno, para que ustedes se aclaren: el espectáculo clásico de mascletá solía constar de una traca valenciana de aperitivo (que, en lo que llevamos de marzo las ha habido todos los días), un inicio de unos tres 'tiempos' o partes aéreas, un cuerpo terrestre de cinco o seis 'retenciones' o secciones, sus correspondientes acompañamientos aéreos, un 'terremoto' o final terrestre rotundo y un 'bombardeo' aéreo (que suele dividirse en dos partes: serpentinas de truenillos y golpe de truenos final). Eso es lo clásico, lo canónico. Es el estilo de la mascletá de ayer de Alacantina.

Un fuego más moderno, digitalizado, conlleva la inclusión de detonaciones electrificadas haciendo, por ejemplo, ritmos o rotaciones alrededor en la plaza.

Todo esto, que no existía hace dos décadas, es algo que se ha integrado bastante bien en el espectáculo y que, al ser realizaciones muy llamativas, agrada mucho al público.

Volvamos: Alacantina llamó la atención por no usar pitos en los comienzos aéreos. Su uso es tan común ahí que, sin ellos, todo resultó más austero. Ojo que esto no está mal per sé. Es una variante. Tuvo seis retenciones o partes en tierra. La primera fue de tipo canyeta con peines de truenos, concentrados, que volvió a usar en todas las demás partes terrestres. Lo único fuera de lo común, ayer, fue que, llegada la sexta retención, la última del cuerpo terrestre, el acompañamiento aéreo pasó a desplegarse en todo el lateral Este (Correos).

Lo que me gustó es que dicho acompañamiento se alargó lo suficiente como para seguir vivo mientras entró el terremoto, sirviendo de nexo aéreo entre ambas partes. Sirvió, así, para hacer que le el terremoto entrase aparentemente de forma más natural. Esta última parte de tierra culminó con «piñas» del número 5 (golpeadores de gran calibre). La empresa les pone este nombre debido a los «piñazos» (fuertes explosiones) que pegan. Por último, un bombardeo clásico, en dos partes, finiquitó el disparo.