«Tindre bou» en el argot fallero es una expresión que hace referencia a la fatídica combinación de exceso de trabajo y falta de tiempo que en ocasiones sufren los artistas falleros en sus talleres, principalmente cuando se acerca el momento de la «plantà». O sea, en estos días. Son momentos en los que el artista sufre una ansiedad sin límite cuando la ecuación (trabajo que falta / tiempo que queda) no sale.

Todos los artistas falleros han tenido que lidiar con el miedo al «bou» alguna vez a lo largo de su trayectoria profesional, un «miura» y un «santacoloma» que, además, se acentús en momentos de crisis económica como la actual, cuando los pagos por parte del contratante (la comisión) no es a veces lo regular que era antaño.

Entre los artistas, están los que son y han sido capaces de torearlo sin llegar a recibir grandes cornadas, pero también están los que no han corrido tanta suerte y sí que han sufrido en sus carnes las secuelas que provocan, como son las críticas profesionales, a veces despiadadas.

José Lafarga, artista actual de la falla Sueca-Literato Azorín ha sufrido en alguna ocasión esa sensación de nervios que provoca y ahora, con la perspectiva del tiempo pasado, cree que «no es fácil quitarse la etiqueta del «bou» una vez te pilla, sea merecida o no» y es que Lafarga aclara que ahora hay muchos tipos de «bou» como pueden ser el económico -que te paguen menos del valor real de la falla-, el de una mala previsión o el «bou» del que, directamente, no ha trabajado como debía. Junto a los imprevistos, suelen ser las principales causas de esas prisas de última hora y aunque la mayoría acaba superando las adversidades a base de horas extra, en ocasiones provocan que el monumento «no salga al ruedo» como estaba previsto en la planificación inicial o incluso en el peor de los casos que se quede a medias.

Alejandro Santaeulalia, actual artista de l'Antiga de Campanar, fue testigo directo desde la misma «plaza» de cómo a su padre, Miguel Santaeulalia, le «cogió» el famoso «bou» en la falla de la plaza del Ayuntamiento de 1989. Entre otras cosas, fueron los problemas económicos que tuvo con el Ayuntamiento a la hora de pagarle, los que provocaron que no se plantara lo que se debía. «Pasaron muchas cosas. Yo ya ayudaba a mi padre y la recuerdo como una situación desagradable».

Sufrimiento y tristeza

Pese a que asegura que a él nunca ha llegado a «pillarle el toro» definitivamente, Alejandro Santaeulalia, con quince años de trayectoria a sus espaldas, confiesa que en sus inicios, trabajando ya para una falla importante, tuvo una mala experiencia que le costó olvidar. «Fue un año triste porque lo pasé muy mal. Era joven e inexperto y sufrí, pero aprendí de esos errores para que no me volviera a pasar». La fuerza del «bou» no pudo con el artista, pues la falla logró varios premios pese a que algunos detalles no salieron como estaban planeados inicialmente por culpa de la aceleración que provocó el astifino.

El artista Raúl Martínez no cree que la mejor solución sea ese abaratamiento de costes porque al final hay artistas que «ofrecen bocetos cuyo precio de construcción es mucho mayor del que piden» y eso acaba produciendo un desequilibrio que suele afectar a la calidad del monumento y a los tiempos de trabajo. En su taller planifican todos los proyectos y llegan a trabajar incluso en verano y en fines de semana para que las piezas más complicadas estén completas y dejar así para el final sólo lo más sencillo, evitando cualquier acercamiento del «bou».

Hasta el punto de que, en los últimos días, el conocido «Chuky» esté pintando para otros artistas, mientras sus trabajos aguardan embalados el inicio de la «plantà».

Trabajar «gratis»

«Hoy ningún artista gana mucho dinero con las fallas y el que diga lo contrario miente». La mayoría de artistas están trabajando al coste, es decir ajustándose a lo que cuesta el proyecto y quedando para ellos un salario bajo. «A veces si no es así no sales en la foto» asegura un Santaeulalia que aclara que «las fallas se cobran a la mitad del precio de mercado que tienen otros trabajos del sector de la decoración» y que en su caso, le ayudan a mantener operativo su taller y a todos sus empleados en los meses posteriores a Navidad, pero no son ni mucho menos su principal sustento económico.

En un mundo que se industrializa cada día más, Santaeulalia cree que «si no puedes ofrecer calidad acabas ofreciendo cantidad y eso es algo perjudicial para el sector». Por su parte, Chuky destaca la importancia de «jugar limpio» pese a la coyuntura económica: «Es una cuestión de dignidad profesional. Tenemos todo en regla. Hemos perdido algunas fallas porque han preferido a otros que les ofrecían «más» a menor coste y luego es a esos a los que el «bou» afecta. Yo no estoy dispuesto a llegar a determinado volumen de trabajo por menos dinero. Ya estamos haciendo un esfuerzo importante bajando sueldos y trabajando más horas». Todo con tal de evitar la enfermería.