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Los colores oscuros ganan peso

Del azul petróleo al blanco roto

El indumentarista José Polit apuesta desde la tienda-taller - «En Hilos de Seda» por manteletas sin muchos brillos y sedas con poco metal

Del azul petróleo al blanco roto

Del azul petróleo al blanco roto

Entre el azul petróleo y el blanco roto, pasando por el rojo borgoña. En esa paleta cromática oscilan las tonalidades que más se verán en los trajes de fallera a partir, ya, de este fin de semana. «El pistacho también está muy de moda, así como el celeste y el rosa», apunta el indumentarista Álvaro Moliner. En cualquier caso, las que marcan siempre las tendencias año tras año son las falleras mayores. «Arrastran mucho, la verdad», reconoce. Los colores que menos se venden, el negro „ a pesar de la audacia de lucirlo el año pasado Carmen Sancho„ y el verde. «Son difíciles», admite. Tampoco el quisquilla „ un salmón fuerte„, goza de excesivo predicamento. Moliner explica que su clientela suele ser fija y aunque siempre están las reacias a cualquier tipo de consejo, la mayoría acepta bien las sugerencias.

«A las rubias les van mejor los azules oscuros y a las morenas, los claros y los beige», señala, quien domina una nomenclatura técnica que para referirse a la combinación de morado-fucsia utiliza el término Mouve. El amarillo puede ser Lemon y también está el Pruna. Toda la carta del Pantone imaginable, y más, puede encontrarse en Indumentaria Moliner, que estos días apura las ventas de los últimos complementos para las Fallas 2015.

La crisis ha afectado no tanto al número de trajes que se confeccionan, sino a la calidad de las telas. Al menos esos son los datos que maneja Moliner, quien reconoce que aunque se hacen más «arreglos», donde se han acometido los mayores ajustes ha sido en los precios. «Ofrecemos género más barato, porque se siguen confeccionando el mismo número o más de atavíos», detalla.«Hay cortes desde 100 hasta 4.000 euros, y lo mismo ocurre con las manteletas, que pueden oscilar desde los 500 a los 1.000 euros», comenta quien conoce como pocos la idiosincrasia de la fiesta. Otra historia son los espolines, que pueden rondar los 10.000 0 12.000 euros, por tratarse de tejidos bordados de forma totalmente manual y son terreno accesible para muy pocos bolsillos. «Si eres un poco experto se nota la diferencia enseguida», asegura.

Un capricho bien entendido

Moliner domina los entresijos de un negocio sustentado en el ritual de la vestimenta. La renovación del armario fallero no responde, exclusivamente, a los cambios físicos que se van produciendo en determinadas etapas de la vida. Tiene una componente de capricho bien entendido. «Si no fuera así siempre veríamos lo mismo. No hay fallera que cada tres ó cuatro años no renueve», desgrana. Pionero fue Álvaro Moliner en poner en marcha un Plan Renove para reactivar el negocio, algo que funcionó y repite desde 2011. «Valoramos el traje viejo, peinetas, aderezos o manteletas y le abonamos esa cantidad a la compra de una pieza nueva», recuerda. Una operación que volverá en unos días y que ha sido un importante elemento dinamizador. Quedan todavía por delante unas semanas de intenso trabajo, pues tras las Fallas llegarán les Fogueres, donde Moliner también tiene una implantación fuerte. «Después, en julio, agosto y septiembre la actividad decae, hasta que en octubre, vuelve a reactivarse el ciclo», argumenta, mientras va sacando muestras de rica seda. Rollos y rollos de tela por aquí y por allá dejan bien patente el amplio muestrario que posee. «Creo que no queda ningún color por inventar, se rebajan o se aumentan los tonos, pero aquí esta todo», enfatiza.

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