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Doctorada en la vida y en Fallas

Laura Fabra es oftalmóloga en el Hospital de Sagunt, especializada en cirugía de retina, es una de las vicepresidentas de su falla y hará contener el aliento a Carlet, villa de la que procede su familia

Corte de Honor 2018: Laura Fabra

Laura contendrá el aliento. Su familia también. Y su entorno. Y su comisión, Salamanca-Conde Altea. Y toda una villa, Carlet. Porque sangre carletina tiene Laura, por parte de Fabra y de Tapia. De Carlet «per els quatre costats». Valenciano parlante y valenciano pensante y candidata sólida. «Somos de una familia de personas muy queridas». Sobre todo, porque se les asocia inmediatamente con «la música. Mi hermano es músico profesional, tanto mi padre como mis primos lo son, mi madre fue presidenta de la banda La Artística y toda la familia también de la Unión -que hemos tocado en las dos y no hay rivalidad-». Su hermano, Bernat, es trombonista y, ahora, director del Conservatorio de Buñol.

Blancas, negras, fusas y semicorcheas les han acompañado en prácticamente todo. Incluyendo su vinculación inicial con las fallas. «Yo iba a las fallas de Carlet, pero también bajábamos a Valencia y a Alzira, donde estuvieran mi padre y mi hermano tocando. Mi padre es clarinetista, pero también tocaba el bombo y la percusión si fuera necesario. Y yo era la más feliz del mundo». Les contaban «las historias de músicos en fallas. Lo de quedarse todos en un piso todos juntos. Durante mucho tiempo hacían eso y era lo que más les gustaba, seguro». Y también los viajes. «Sigo la música clásica en general porque mi hermano está muy metido y hemos viajado siguiéndole. Es profesor pero en su momento fue músico de orquesta y solista. Le hemos ido a ver al Auditorio Nacional, al Liceu de Barcelona... eran los viajes de familia».

Laura se quedó con las ganas de tocar en una banda «la flauta travesera» porque lo que le pusieron en las manos «a los seis años» fue un violín. «En Carlet tenemos el Conservatorio Superior y yo era muy pequeña cuando entré en el mundo de la música: tenía seis años. Toqué hasta los quince, pero lo tuve que dejar porque los estudios empezaban a ponerse muy serios. A día de hoy me podría defender, pero no tocar bien. El violín es el instrumento más difícil y tienes que seguir día a día o desafinas».

Cambió el instrumento el instrumental. Estudió medicina, se especializó en oftalmología y ahora lleva ya varios años, tras vivir una experiencia en la Clinique Sourdille de Nantes, en la Unidad de Retina del Hospital de Sagunt. «El hospital es como mi casa y el resto de compañeros es mi familia. Allí es donde me he formado y donde he crecido. Si no hubiese tenido el apoyo de ellos no habría continuado el sueño. Si sólo fuera corte no tendría problema: acabo de trabajar a mediodía. Si fuera fallera mayor me parece que pediría una excedencia. Pero no me preocupa: me pilla con una carrera consolidada y podría volver. ¿Mi jefe? Es de los que vienen a verme en la Ofrenda».

Llegó a Salamanca-Conde Altea hace siete años. «No es lo mismo no ser fallera de toda la vida que no tener el sentimiento. Soy valenciana por los cuatro costados y los valencianos crecemos envueltos de las fallas. Pueden gustarte o no gustarte, pero si te gustan corres el riesgo de enamorarte de ellas. Como me pasaba a mi de pequeña. No tenía miedo por ser fallera menos cantidad de años, pero piensas en tus hándicaps. Sabía que podía ser valorado, pero sé que soy muy fallera. No necesito demostrar lo implicada que estoy. Soy vicepresidenta, he sido fallera mayor, me implico en lo que haga falta...»

De hecho, la falla de Cánovas es la única que repitió cortesana de 2017 a 2018. Sin menguar el entusiasmo. «Ha sido impresionante. Estaban contentísimos. Lo celebramos el sábado por la noche y el domingo por la mañana. No teníamos bastante, bajamos y con la excusa de limpiar el casal nos reunimos veinte personas más».

Fallera candidata con 32 años. Record absoluto. «Si, y aquí estoy rompiendo moldes. Y muy contenta de recibir el apoyo de los falleros. Es verdad que todos me dan la enhorabuena por superar esta nueva barrera. Es bueno que pase. ¿Donde está el límite? Todo lo tiene.. este nos lo podemos permitir, ¿no?».

Y siempre Carlet en el pensamiento. «En casa estamos alucinando de ver el apoyo y la ilusión de todos. Siento que todo mi pueblo está ilusionadísimo. En la junta local, aunque no he tenido la suerte de pertenecer, están como locos conmigo. Soy muy feliz porque me veo muy querida».

Salir la número trece en la Fonteta suele dar suerte. La última, a Raquel Alario. Dicen que más de una vez ha sido un guiño del jurado a la que más les gusta. «Pero nos han dicho que fue por sorteo».

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