27 de octubre de 2018
27.10.2018

¿Donde van a parar los restos de las fallas tras la "cremà"?

Una exposición del IVAM desvela que los restos de los monumentos siguen ardiendo durante dos meses antes de reciclarse

26.10.2018 | 23:16
Una de las imágenes de la muestra.

Una exposición artística del IVAM ha servido para atar uno de los cabos que quedan sueltos en la fiesta fallera. El objetivo de la cámara de Anna Malagrida lo ha captado en «El pes de les cendres» una metáfora en la que, en una serie de diez cortos vídeos, la transformación de la materia se traslada a la propia sociedad. Y el mensaje directo desvela una pregunta que los falleros pocas veces o casi nunca, por no decir nunca, se han planteado: ¿donde van a parar los restos de esas fallas alrededor de las cuales, teóricamente, gira su razón de ser como autores de una fiesta?

La fotógrafa catalana reconoce que le llamó la atención la escena: «la falla se quema y, de repente, todo el mundo se va. El pensamiento inmediato es la falla del próximo año. Las cenizas no forman parte del ritual. Se quedan solas, abandonadas». Los restos, todavía ardiendo, en las calles y plazas, bien entrada la noche del 19 al 20, en soledad es un paisaje que cualquier viandante contempla en ese momento. El único homenaje que, en todo caso, se hace es la retirada de una pequeña porción de la misma para, más adelante, entregarla a las falleras mayores, como si de un ser querido incinerado se tratara.

La última memoria

A partir de ahí, Malagrida siguió el camino de esa «huella, de esa última memoria». Acudió a ver quemar la falla de Na Jordana y, previo acuerdo con la concejalía de residuos, acompañó a los camiones de recogida en su camino. «Es un fenómeno extraordinario. Cientos de camiones retiran en apenas seis horas siete toneladas de material». Repartidos además por toda la ciudad.

¿Donde van a parar los restos de lo que fueron obras de Pere Baenas, Iván Tortajada, Manolo Martínez Reig o Marina Puche, por los que, en un determinado momento, unas falleras y algún fallero derramaron lágrimas? «A un vertedero de Paterna». Muy prosaico. Allí llega, durante las primeras horas del 20 de marzo, una procesión de vehículos de carga. «La falla de Na Jordana se quemó a las doce, pero la recogida no fue hasta las tres. Luego estuvimos un par de horas haciendo cola para la entrega del residuo».

De las siete toneladas de material, se calcula que dos son lo que se entendería por «ceniza». Que no es tal ceniza sino, en gran medida, arena renegrida. La ceniza como resto empieza a ser algo escaso: el corcho no se descompone en «cendra». Es la madera y el cartón que pueda quedar lo que se entendería como tizne negro. Otro tipo de materiales que no forman parte necesariamente de la falla completan los cargamentos.


Dos meses para apagarse

Una primera curiosidad: cuando llega el residuo se va acumulando en un mismo montón y se deja durante dos meses para que «acabe de apagarse». Las brasas acumuladas y compactadas necesitan muchos días para terminar de perder las calorías. «Nos explicaron que, hasta el año 2015, se enterraban directamente, pero ahora ya no se hace». Más aún, esa larga combustión provoca que «no habríamos podido ir a filmar un par de días más tarde».

Después de dos meses en ese particular pudridero, se procede a la clasificación por materias. La madera y el hierro, por ejemplo, se trata de aprovechar al máximo mediante la reclasificación. Finalmente, lo que queda como más parecido a ceniza es un residuo, una mezcla de arena o tierra, que es en gran medida lo que se empleaba para sostener los cuerpos centrales. «Es una materia con metal, por lo que no puede utilizarse para el campo». En todo caso, para la construcción y, lo que es más sorprendente: «puede volver a a utilizarse embolsado para distribuir en las fallas». Un ejemplo nuevamente de que «la materia, finalmente, siempre se transforma». Y la fiesta renace.

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