24 de enero de 2019
24.01.2019

Historia

¿Por qué se sienta Marina Civera en esa butaca?

Conoce anécdotas y curiosidades de la exaltación a lo largo de la historia

24.01.2019 | 22:15
¿Por qué se sienta Marina Civera en esa butaca?

¿Por qué se sentó Marina Civera en ese asiento durante el ensayo de su exaltación? Porque es desde donde lo vio el año pasado, como fallera mayor del Barrio de San José. No le tocó la grada central, ni demasiado cerca del escenario, pero lo suficientemente bien como para contemplar la exaltación de Rocío y soñar con ocupar ese sitio ella al año siguiente. Como así fue.


Una comprobación necesaria

El acto de exaltación tiene muchos responsables detrás, que procuran que todo salga perfectamente. Y los detalles hay que cuidarlos. Esta imagen es uno de ellos. El locutor en off, Rafa Martí, "la voz de la exaltación", se dirige a la corte de honor para cotejar con ellas la pronunciación exacta de los apellidos y que todas ellas recuerden el momento con el nombre que toca. Así le ocurrirá sobre todo a Laura Bennasar, a quien en los actos falleros no acaban de atinarle que se pronuncia "Ben-Násar", ni "Benasár" ni cosas parecidas.
De la misma forma, los miembros de la Junta Central Fallera se encargan de darles las instrucciones sobre por donde desfilar, cómo rodear la alfombra, ponerse a la derecha, cómo dar la vuelta... y un poco de lírica: "disfrutar del momento, es sólo vuestro".



La exaltación más accidentada
Laura Carballeda vivirá, como el resto de la corte de honor, un acto que no olvidará en su vida. Y, seguro, lo que esperará es que no sea tan accidentado como el que protagonizó su madre, Mari Carmen Mollá, como fallera mayor de València de 1987. Entre otras calamidades: las canastillas no correspondieron con la entidad que las enviaba; unos efectos de humo acabaron por convertirse casi en gas lacrimógeno, una parte del decorado se vino abajo y el remate fue que no había mantenedor, sino unos versos con voz en off. Hubo una confusión con los "casettes" y se emitió, hasta el final, las palabras de Anfós Ramón... dedicadas a la fallera mayor infantil, Celia Lopera. Se dice que pasaron tantas cosas, que eso ha permitido que, desde entones, el acto suela pasar sin contratiempos... por lo menos que se vean.

¿Cuando empezó el Palau?
Marina Civera será la fallera mayor número 61 que es exaltada en el Palau de la Música. Y Sara Larrazábal, la 62. El cambio se produjo en el año 1989, con lo que esta es la 31ª edición. Hasta entonces se celebraba en el Teatro Principal, altamente insuficiente para albergar todos los compromisos de asistencia que ya entonces había. Por ejemplo, las comisiones sólo podían asistir cada tres años.

El gran debate de 1989
Y el primer año, la primera exaltación la protagonizó Covadonga Balaguer, con Luis Cobos y la Banda Primitiva de Lliria como protagonistas. Pero lo mejor fue en los días previos: el debate sobre el protocolo a la hora de entrar por el pasillo. En el Principal, la fallera mayor iba del brazo del alcalde. Pero ese 1989 había, por primera vez, una alcaldesa. Que la cogería del codo, que si no... al final, Clementina Ródenas estableció ya la fórmula que impera desde entonces: desfilar un par de pasos por detrás.

El primer espolín "fallera mayor de València" fue...
A vueltas con el color del traje (del fondo, entiéndase), éste se ha convertido en el único gran misterio del acto, porque el diseño del adorno floral ya se conoce porque es el mismo espolín para todas: el "fallera mayor de València". Antes, la sorpresa era doble: color y cartonaje. Adriana Polo, en 2001, fue la primera en estrenar este espolín, que fue de color azul.


Dos salidas inesperadas
La fallera mayor sale por el pasillo de la izquierda, según se mira desde el escenario, y sale por la derecha. Siempre ha sido así. Bueno, no: en 1992 y 1993 se hicieron dos experimentos que no cuajaron. En 1992, Mónica Palmer apareció por el escenario, detrás de unas cortinas. Claro, la gente estaba más girada hacia la entrada del pasillo sin darse cuenta de que "Móni" ya estaba a la vista de todos, saludando. Se fueron dando cuenta y se la aplaudió como toca. Al año siguiente, Remedios Rodrigo apareció subiendo lentamente por el centro del escenario, desde el montacargas. Primero la peineta, la cabeza...

¿Y qué hago con...?
La exaltación tiene, desde tiempos inmemoriales, un regalo envenenado: las canastillas. Que están muy bien y dejan un escenario muy resultón en la última fase del acto. Pero luego... ¿qué? Pues cada fallera mayor tiene que buscarse la vida y contratar un camión para distribuirlas donde considere (colegio, familiares, corte de honor, indumentaristas, corte de honor...).

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