26 de enero de 2019
26.01.2019

Marina hace realidad el sueño

La exaltación oficializa el reinado de Marina Civera en las Fallas de 2019 y prepara a la fiesta para sus dos meses más importantes con un acto basado en el folclore - Cullera, donde la fallera mayor tiene orígenes, se suma a la celebración con una canastilla

26.01.2019 | 01:02
Marina hace realidad el sueño
Marina hace realidad el sueño
Marina hace realidad el sueño

Cuando Marina Civera nació o, mejor, cuando se trasladó a vivir al otro lado del río, las exaltaciones ya se celebraban en el Palau de la Música. Algunas veces las pudo ver en vivo como espectadora y como actriz principal: en 2005 como fallera mayor infantil de su comisión; en 2006 como corte infantil; en 2011 como hermana de corte mayor; en 2018 como fallera mayor de su comisión... pero la de 2019 será la más especial de todas y no habrá una mejor. Por lo menos, en esta generación.

Y los años en los que no tenía entrada, la podía ver, vivir y escuchar simplemente con asomarse al balcón de su casa. Veía, a menos de doscientos metros, la llegada de la comitiva de coches antiguos, escuchaba las salvas y luego tenía un castillo de fuegos artificiales delante de su ojos. Y Marina, por lo menos, no lo ha ocultado: siempre quiso ser fallera mayor de València. Lo decía sin ambages. Se preparó, lo peleó y ganó. Y por eso, ayer era una parte de ese particular final del camino. La vida le propondrá, a partir de octubre, otros retos seguramente más importantes. Pero el de ayer, emocionalmente, se lleva la palma. Será literalmente insuperable. Igualable en el mejor de los casos.

Y para ello, todo estaba preparado en ese mismo Palau de la Música. Para seguir con un ritual casi inmutable. Finaliza la legislatura y, seguramente, el cambio más sustancial, se produjo ayer: eliminar el apelativo de «senyoretes» y llamar no a las cosas, sino a las personas, por su nombre. Y apellidos. Susana, Yagüe y Bodoque. Neus, Lozoya y Amargós. Y así, hasta Paula, Santarrufina y Terrrasa.

Por lo demás, poco cambia. Coches de época, canastillas, mantenedores, senyeras, presidentes en el gallinero y lágrimas de fallera. Novedades fueron la presencia, entre las canastillas, de una del ayuntamiento de Cullera, en honor a Marina, que es mucho más que vecina estival. Allí tiene familia y en La Bega dio sus primeros pasos como fallera. También, por cortesía, anuncian su presencia floral hoy en la exaltación de Sara. Ella les respondió con ese guiño genérico y particular a la vez de su Azul Atlantis en el fondo del espolín.

Había que cumplir el ritual nuevamente. Marina es la fallera mayor adulta número 87 de la historia de la fiesta y la fiesta se preparó, pues, al uso. El envoltorio artístico, con recursos propios, que sabes que no te equivocas. Un concierto para presentar en la sociedad fallera a Rafael Sanz-Espert después de un cambio en la titularidad de la Banda Municipal que tuvo su dosis de estridencia. En esta agrupación musical todos tocan bien, todos dirigen bien y, al final, con música reconocible, unos bailes e instrumental autóctonos, se cumplió sobradamente el envoltorio artístico. Con sones del València palmeando todo el auditorio, como si de la Marcha Radetzky se tratara. Al ser todo reconocible, el entusiasmo no se desbordó en la despedida, pero al evoltorio artístico no se le pueden poner peros. Es lo nostre.

Era la noche de Marina, pero también del resto de la corte, con sus entornos y sus vidas. Porque también se sintió, se disfrutó o se vibró en hogares de Jalance, Beas de Segura, Cañada Juncosa, Requena, Almàssera, Mallorca, Barcelona... allí, una sobrina, una nieta, «la de València», «la fallera», desfilaba por el pasillo. Y recibieron noticias que seguramente no acabarían de entender las amistades que han dejado en aventuras académicas en Hungría, en Suecia o en Holanda. El foco se centra en una, pero las otras doce, con unos niveles de preparación envidiables, también viven ese momento que recordarán siempre

Luego sí: llegó Marina. ¿Conocen el tópico de «vivir un sueño»? Pues cuentan los que saben que esto es lo que sentía. Recibir un reconocimiento que sólo en esta ciudad se puede ofrecer de esta forma. El Atlantis inundó el Palau y lo remató la mantenedora, Rosángeles Valls, a quien estos protocolos le llegaron muy de joven, cuando en 1961 formó parte de la corte infantil, la de Lolita Alfonso, la niña del hospicio que recibió el relevo de Carmen Martínez-Bordiu para rematar jugadas que suenan muy lejanas. 

Discurso por la igualdad

El discurso, en su molla, estuvo en la línea del mensaje de estos tiempos: reivindicar la figura de la fallera mayor y su corte. "No negaremos que hubo un tiempo en el que las falleras teníamos fama de no ser más que floreros. Pero, afortunadamente, esto se ha acabado.  Os animo a continuar haciendo de las Fallas un entorno de igualdad indiscutible. A asumir lugares de responsabilidad en las comisiones y a ganar presencia y trato igualitario. Esforcémonos por asumir lugares de responsabilidad y ser audaces, compartiendo los mismos derechos y obligaciones que los hombres falleros".

Y recordó a Carmen Alborch y su última idea: "que el feminismo sea declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad".

Se refirió a los falleros, de los que dijo que "son, somos, buenas personas, porque creemos unos en otros y nos ayudamos. Porque somos solidarios". Y a Marina: "Me gustas. Eres una mujer preparada, con ideas propias, mente bien amueblada y clara visión de futuro. Eres bonita por fuera y lo eres, sobre todo, por dentro".

El pero: que el discurso perdió potencia cuando, al llegar a su momento álgido, ya había empleado mucho, demasiado tiempo, en preliminares, en hablar de sí misma -habitual tic de los mantenedores- y en algunas generalidades. Pero Marina tuvo el significativo gesto de levantarse del trono y bajar un par de escalones para imponerle el "bunyol d'or".

Aisha y Reyes cerraron la noche

La fiesta la remató otra de las mujeres del momento: Aisha Bordas. La cantante y cortesana de 2013 interpretó el himno, continuando su visibilidad tras su estreno del "himno" de la ofrenda con el coro del Colegio Marni. Y otra mujer, Reyes Martí, le puso el toque de fuego.

Superada esta nueva estación, Marina y la corte continúan su particular viaje, que cada vez cobra más velocidad. Hoy le toca a Sara y las infantiles.

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