05 de febrero de 2019
05.02.2019

Informe

El machismo en las Fallas: La UV ve una evolución "lenta pero gradual" de la igualdad

El informe señala que los avances "están aún por detrás de la sociedad" y que un factor esencial es la falta de conciliación familiar

04.02.2019 | 23:42
A la izquierda, los responsables del informe, Joaquim Rius y Verónica Gisbert, con la concejala Isabel Lozano. A la derecha, un ninot sexualizado.

«Hay una evolución gradual, pero lenta. Las Fallas son un reflejo de la sociedad, pero en igualdad va un poco más atrás de la sociedad valenciana». Así se expresó ayer Verónica Gisbert, profesora de sociología y una de las responsables, junto a Joaquim Rius, del Informe de Análisis de las Fallas en València desde una perspectiva de género; es decir, la interrelación entre las secuencias rituales de la fiesta y la igualdad. Una afirmación que replicó el concejal de cultura festiva, Pere Fuset, presente en la presentación del informe ante el Consell de la Dona, al decir que «no puedo estar de acuerdo de que vaya más lento. Las Fallas no son machistas por ser Fallas. Eso no es ni justo ni real. Lo son en la medida que lo es la sociedad porque es reflejo de sus vicios y sus virtudes». A la vez que felicitaba al Consell «por haber puesto los ojos en las Fallas, que pueden ser un vector de un cambio hacia la igualdad. Pero imposible desde una culpabilización».

El estudio, presentado por la concejala de Igualdad y Políticas Inclusivas, Isabel Lozano, constata algunos datos que ya se han hablado en no pocas tertulias dedicadas al tema: que la presencia de la mujer en cargos directivos está subiendo, pero no en los cargos «hacia al exterior». Se hizo, en ese sentido, un paralelismo: «en las comisiones, los cargos más masculinizados son los más cara al exterior: presidencias y vicepresidencias; mientras que las mujeres tienen más presencia en los interiores: secretaría, infantiles... y de la misma manera, cuando se hace una paella es el hombre quien la hace y cuando es otro tipo de gastronomía, es de la mujer».

A lo que añadieron que «precisamente por ello es difícil avanzar a más velocidad: si los órganos de decisión, como la asamblea de presidentes, están dominados por los hombres, será más complicado».

A colación de este argumento, el asesor del PP Juan Pedro Gómez preguntó si con esto no se estaba poniendo en duda el sistema democrático de las comisiones. Gisbert le contestó que «no la ponemos en duda, porque esa democracia existía hasta en el franquismo. Pero hay que ir más allá. El problema es que te lo dicen las propias mujeres: hay un papel social de que nosotras debemos ocuparnos de los hijos, los padres... y no te da tiempo. Te lo dicen las propias mujeres que han sido presidentas o miembros de la JCF, que cuando llegaron los hijos lo dejaron porque la vida no les daba para más». Y llegó a lanzar alguna idea: «¿Por qué, por ejemplo, la junta de la falla no se hace un sábado por la mañana en lugar de por la noche?».

El informe, que estará a disposición hoy en la web del ayuntamiento, incluye entrevistas y grupos de discusión con todo tipo de interlocutores, incluyendo miembros de comisiones, algún ex presidente de la JCF y algún alto cargo de la Interagrupación –aunque se preserva el anonimato de quien dice cada afirmación–. «La investigación muestra una gran diversidad de opiniones respecto a los temas tratados» aseguró Isabel Lozano.

¿Por qué se ha puesto tanto el foco en las Fallas? «Porque era un clamor general» aseguraban ayer componentes del Consell de la Dona. «Por responsabilidad social, de la misma forma que se analiza el cine, la publicidad o las chirigotas de Cádiz». Aunque, a la vez, había mensajes como los que reclamaban «apartar las connotaciones religiosas, porque eso aporta machismo». Sorprendía, en ese sentido, la falta de entusiasmo en las campañas de «casal libre de machismo», cuando «se han hecho en otras ciudades y se han acogido con absoluto entusiasmo».

Se retomaron los datos del «preinforme», el que se refería a la representación «mayoritariamente hipersexualizada de la mujer, ignorando sus cualidades y habilidades, mientras al hombre se le señala como símbolo de poder y, cuando se le ridiculiza, se le endosa un papel tradicionalmente femenino». Como conclusión establece una serie de sugerencias, incluyendo una especie de «libro de estilo» para los artistas falleros.

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