La imposición de bandas falleras vuelve al Salón de Cristal quince años después. Este sábado, la sala de la "Casa de la Vila" acogerá ese acto que supone un mezcladillo entre la proclamación y exaltacion tradicional de las falleras mayores de València. Este año, como bien se sabe, dos factores condicionan toda la liturgia: la imposibilidad de celebrar actos masivos y el hecho de que las 26 protagonistas para 2021 son las mismas que en 2021, tal como se acordó el pasado mes de mayo.

El Salón de Cristal no es un escenario nuevo para imponerle a las falleras mayores de València su banda acreditativa. De hecho, fue su espacio natural durante un corto periodo de tiempo: en el trienio desde 1945 a 1947. Fue el elegido para sustituir un acto, aún más restringido, que se celebró en los primeros años en los domicilios de las designadas. A partir de 1948, Julia Martínez de Vallejo fue la primera que la recibió en el Teatro Principal, trasladándose en 1989, con Covadonga Balaguer y María Montoro, al Palau de la Música.

Primera imposición celebrada en el Salón de Cristal: Amparo Garrigues, en 1945 ("Falleras Mayores de València" / Ayto Vlc)

Consuelo Llobell y Carla García parecen dispuestas a sentar precedentes de todo tipo, puesto que hace siete meses también cambiaron el escenario, el Palacio de Congresos, aunque sabiendo el que más, el que menos, que es un lugar provisional, hasta el arreglo de recinto de la Alameda. Y el Salón de Cristal se espera, se prevé, se ruega, que acoja el evento de este sábado por única vez y que vuelva a ser lo que es: el lugar de las primeras fotos tras la proclamación.

Las falleras mayores llevan tiempo recibiéndola en el Palau de la Música, pero también durante las dos últimas décadas del Siglo XX la recibieron en ese mismo Salón de Cristal. Pero con trampa: era una "imposición impostada". Era un recurso que se brindaba a los periódicos para disponer de esa imagen en su edición del día después y para que la propia Junta Central Fallera la dispusiera como material gráfico.

En aquel tiempo, lejana aún la llegada de internet o la digitalización y con otros modos de trabajo, incluyendo el revelado de fotos, era imposible publicar en el día la imagen de las falleras con la banda impuesta en el teatro o el Palau. Y por ello, se llevaba a acabo esta primera imposición.

Con el paso del tiempo, la rapidez fue imponiéndose a todos los niveles y ya en el tránsito de un siglo a otro la imagen perdió su valor, puesto que había tiempo material para incluir la imagen "verdadera".

Recorte de Levante-EMV de la exaltación de 2002, ya con la foto hecha en el Palau de la Música.

Pero, eso sí, la foto se hacía al acabar un ritual que sí que pervivió hasta el año 2005 y que sí que era "de verdad": que la corte de honor recibía el distintivo, éstas sí, en el edificio municipal. De tal manera que ya aparecían en el Palau con la banda puesta. Se aprovechaba para hacer alguna foto de grupo, pero el acto de protagonismo era ése, prácticamente en la intimidad familiar.

El entonces concejal Félix Crespo fue quien decidió modificar la liturgia. El festejo se había conseguido acortar en los años anteriores y había un margen para que la aparición de cada una de las trece falleras no fuera simplemente el desfile por el pasillo, mostrarse al publico y darse la vuelta. Ahora, llegan y es el propio presidente quien le hace esa imposición (la máxima autoridad municipal se reserva para las dos falleras mayores). Se consigue también que todas ellas ganen un punto mayor de relevancia, dentro de esa particular búsqueda de romper los techos y estereotipos.

La corte de 2004 fue de las últimas que llegaron al Palau con las bandas puestas

Por ese motivo, además, el cortejo ya no accede al ayuntamiento el día de la exaltación. El hecho de citarse debajo del edificio consistorial es tan sólo a efectos logísticos: para pasar de los automóviles de los acompañantes a los de época, con los que se trasladan al Palau de la Música.