El año 2021 ha empezado con tres pérdidas importantes dentro de la particular pequeña gran familia de la fiesta.

La comisión de la Avenida del Oeste informaba del fallecimiento por Covid del que fue su presidente Vicente Vicent López. Ejerció la presidencia en 1994 y 1995, en el interregno entre la última presencia en la Sección Especial y el cincuentenario. Dotado de un gran carisma dentro de la comisión de "Els Velluters", su fallecimiento ha causado honda consternación tanto en la misma como en las comisiones vecinas del Pilar-Sant Francesc. Era el padre del actual presidente, Carlos Vicent, y del directivo de la agrupación Alejandro Vicent. "Viviste con pasión todo lo referente a la falla, te hiciste amigo de artistas, comerciantes del barrio, para cada fallero tenías unas palabras, siempre buscando el bien de tu falla" escribía la comisión como recordatorio de su persona. Vicente Vicent, vinculado también al mundo del fútbol (fue uno de los impulsores del Atlético del Turia) y al pueblo de Chuilla (no hace mucho presentaba el espectacular belén que había montado allí), ha sido destacado especialmente por su trabajo por la fiesta, desde primera, segunda o tercera fila.

Sin cargo ejecutivo, sólo a base de su carisma personal, no menos pesar ha causado el fallecimiento de Lola Soria Garrote, fallera de la comisión de Alta-Santo Tomás, esposa del ex presidente de la Interagrupación, Ángel Escriche y madre de fallera de la corte por partida doble, María Dolores, en 1982 y 1993. "La Lola", "Lola la mujer de Ángel", "Lola, la mamá de Peti", todo tipo de acepciones que llevaban inmediatamente a saber de quien se hablaba, fue un personaje especialmente entrañable en los altos círculos de la fiesta, donde se movía con extraordinaria empatía. Nervio y simpatía a partes iguales, uno de esas personas imprescindibles en la fiesta.

También, en el tramo final del año, la comisión de Palleter-Erudito Orellana comunicó la pérdida del último fundador de la comisión en activo, Miguel Martín Noverjes. Era el último de aquellos que, en 1969, retomaron para la calle Palleter la presencia de una falla (Palleter-Gabriel Miró había desaparecido en 1963), que acabaría por ser, no ya en el presente, sino en las últimas décadas, un ejemplo de originalidad e iniciativa en la fiesta. Tal como destacaban en la comisión, tras dar los primeros pasos en los años setenta y ochenta, "fue uno de los transigentes con nuestras revolucionarias ideas, y continuaron haciendo falla, ofreciendo su experiencia y mucho cariño".