Solo quedan siete talleres artesanales de telas de trajes de fallera y regionales en la provincia de Valencia y, tras casi un año en crisis, alertan del peligro de su desaparición ante una producción que ha bajado un 95 % desde que comenzó la pandemia y el nuevo golpe que supone la suspensión de las Fallas este año.

Son una parte de las actividades económicas más afectadas por la cancelación de la fiesta, junto con indumentaristas, orfebres o floristas que, por segundo año consecutivo debido a la covid, viven una "una tragedia" tras ver pasar los meses de 2020 sin ningún acto relativo a las Fallas.

Ello supone "prácticamente un año sin vender" pues, además de la indumentaria -que representa el grueso de la facturación-, también atienden a los festeros de las Hogueras, la Semana Santa, los eventos y celebraciones sociales y las fiestas de los pueblos, también restringidos.

El taller más grande de los quedan en marcha, Vives y Marí, empresa familiar con 22 trabajadores con sede en Xirivella, tenía la esperanza de poder atender "algo mínimo" para unas "miniFallas", pero ahora mismo la producción está paralizada, con un ERTE desde marzo del año pasado y "pagando Seguridad Social y una serie de gastos", según declara su gerente, Rafael Marí.

Todavía no se ha planteado qué hacer ni qué posibilidades tiene, ya que pidió un préstamo ICO que prácticamente ya ha gastado y, a la vista de la nueva suspensión de las Fallas, prevé otro año "en blanco", sin ayudas y sin facturación.

La prestigiosa sedería de Xirivella mantiene un mínimo de encargos que rondan el 5 % de la facturación habitual y para poder atenderlos ha sacado a algún trabajador del ERTE, pero no hay nada más pendiente y la Semana Santa está claro que no se va poder celebrar, según ha explicado Marí a EFE, que sitúa en una caída del 95 % la facturación de 2020.

Marí, miembro de la directiva del Gremi de Velluters y también asociado del Gremio de Sastres y Modistos, ha señalado que, junto a las tiendas de indumentaria y artesanos (orfebres, fabricantes de panderetas, bordadores) han creado una pequeña asociación. "Todos nos dedicamos a la fiesta, estamos en las mismas circunstancias".

Si no recibe ayudas directas, será difícil poder mantener este año este sector tan especializado y artesanal, centrado en productos exclusivos porque "cada fallera quiere llevar su traje". Vives y Marí dispone de una colección de 3.000 diseños diferentes, tras más de 50 años diseñando trajes.

Y no solo trajes para Fallas, también de las zonas del antiguo Reino de Aragón, similares entre sí (de Alicante, Castellón, Teruel, Zaragoza, Huesca, Mallorca, parte de Tarragona).

Los talleres, pequeñas empresas de diez o doce trabajadores, fabrican anualmente unos 10.000 trajes para una población de unos 250.000 falleros entre la ciudad de València y los pueblos.

El presidente del Colegio del Arte Mayor de la Seda -Gremi de Velluters, Vicente Genovés, asegura que el sector de telas está en una situación "agónica" y cada día que pasa sin ayudas directas "se muere un poco más".

"Si de aquí a junio no llegan ayudas directas y a fondo perdido va a haber un cierre en cascada", lamenta, y recuerda que desde marzo de 2020 no hay actividad porque "no hay quien encargue un traje" y van a cumplirse dos años pero "la calculadora de los impuestos no para y hay que seguir pagando impuestos".

El sector, sentencia, "se muere" y están tratando de transmitirle a las administraciones que necesitan "una protección", como están haciendo otros países porque de lo contrario "habrá que traerse las telas de China y se perdería toda nuestra identidad".

"Todo son reuniones y buenas palabras", asegura y valora el nuevo plan de la administración aunque advierte que "habrá que leer la letra pequeña" porque "créditos ya no se pueden asumir más y, o las ayudas son a fondo perdido o hay que tirar la toalla".