El 1 de marzo de 2020 la pirotecnia Peñarroja tenía motivos para la felicidad. Disparaba tan bien como siempre y cumplía 25 años de forma consecutiva siendo la que abre el mes de las fallas. Un cuarto de siglo con la cita del 1 de marzo. Ayer, los miembros de la empresa de la Vall d’Uixó regresaron a la plaza, pero sin camioneta, sin ordenadores, sin sacos terreros y lo que es peor: sin pirotecnia. Acudieron para sumarse al coro de queja por una situación que se les escapa a las previsiones.

En el caso de ellos, hacer coincidir deliberadamente la protesta con el escenario y la fecha, lo hacía aún más doloroso. José Nebot, tantas veces contento un día como éste, ahora explicaba su sensación. «Es inenarrable. Pero es que ya hace unos días vine y al no ver la jaula ya me sentía mal porque sabía que, para esa fecha, tenía que estar montada. Y ahora recuerdo el montaje, los que vienen a preguntar... hasta las broncas con la policía. Ya no te digo escuchar las seis campanadas, las de los cuartos y las que anuncian las dos de la tarde. De verdad que se me viene el mundo abajo».

Peñarroja sufre los rigores de la paralización como cualquier otra. Y cuando se le pregunta cómo es la fotografía de la que sería, a estas alturas, una fábrica en plena producción, la describe de forma gráfica: «es la tristeza absoluta. Lo es un martes, un jueves, un lunes... ver las puertas cerradas es muy duro. De verdad. Siempre la hemos visto un fin de semana, pero no es lo mismo. Cuando me voy a dar una vuelta para comprobar que todo está limpio y en orden, y veo las puertas cerradas, la sensación de agotamiento y de tristeza es enorme. No digo de desesperanza, porque eso es lo último que se pierde». A lo que añade con una dosis de sarcasmo negro que «ahora, cuando nos recuperemos, vendrán las exigencias económicas y veremos si las aguantamos».

La gran reivindicación de los pirotécnicos es esa: que el problema no es no disparar, que también, sino que «no teniendo actividad, hay que mantener la empresa con las mismas exigencias. Tu tienes un coche y si quieres, lo das de baja y también lo haces con el seguro y no pasa nada. Aquí cierras una pirotecnia y no puedes dejar de pagar nada: los seguros, los sensores, las inspecciones, que ni en pandemia paran. Vienen y te cobran 70 o 100 euros, cuando antes eran gratis. Vienen, las hacen y te cobran. Que no es dinero cuando trabajas, pero sí cuando estás parado». Por eso reclama «que la administración pensara en esos detalles».

Y ya puestos, para cortar la sangría, «si nos dieran trabajo... alguno sobrevivirá»