La reunión de la Comisión Mixta de Seguimiento Covid generó en la jornada de martes otro debate: la reapertura de los casales falleros para poder llevar a cabo gestiones administrativas.

Se trataba de la petición cursada desde el mundo de las Fallas y trasmitida por el gobierno municipal. Basado en que las sedes festeras tienen un calendario de gestiones que tienen que seguir llevando a efecto, desde los pagos a proveedores a la gestión de facturas, tramitación de ayudas y cualquier otro papeleo.

Así fue la última autorización

Finalmente se produjo una dosis de ceremonia de confusión, puesto que Joan Ribó vino a dar por hecho que éstas se abrirán, pero la consellera de Sanitat Ana Barceló puntualizó después que no se habían autorizado, sino que se había dado el visto bueno a estudiar la autorización a esa apertura restringida. Y que todavía están a la espera de los informes oportunos para tomar una decisión al respecto. Una apertura que es la última que estuvo hábil ante la clausura total de las sedes, cuando arreció la tercera ola del virus. Hasta entonces los casales tenían un aforo máximo de seis personas y se estaba aprovechando para la liquidación de la lotería de Navidad.

El alcalde explicó en ese sentido que se había tratado con la consellera el tema de la normativa de entrada en los casales falleros y aunque no puede accederse a ellos para celebrar fiestas «sí puede hacerse para temas administrativos porque las comisiones precisan disponer de documentación para poder solicitar ayudas».

Se vigilará para evitar fiestas

Lo cierto es que, aunque las comisiones han mostrado un talante ejemplar durante los meses anteriores, abrir los recintos festivos en plenos días de marzo puede resultar tentador. En ese sentido, Ribó advirtió que -llegado ese momento de levantamiento de persianas- «vigilaremos». Desde Policía Local también se tiene claro, ya que habrá controles para evitar que se produzca alguna reunión social. Aunque, como queda dicho, las comisiones no han recibido sanciones durante el periodo de pandemia por un mal uso de sus sedes sociales.