El traslado de la «cremà» de La Meditadora a septiembre y hacer de ella la única falla que se plantará en 2021 con carácter municipal, viene motivado, entre otras cosas, por la imposibilidad de darle un final previo en la secuencia de actos falleros. Las fallas son del 1 al 5 de septiembre y no hay posibilidad de hacer ningún "previo". Tanto es así, que tampoco habrá Crida.

Precisamente por ello, se frustra, y queda para el baúl de los proyectos no realizados o no realizables un acto que estuvo agendado meses atrás: quemar el busto como símbolo de la fiesta que ha de venir y acompañarlo de un ritual. No pasó de la fase de idea, pero habría dado una carga emocional al periodo de espera.

Esta idea se "mascó" cuando todavía se jugaba con la posibilidad de hacer algo en el mes de marzo. Consistiría en llevar a cabo esa "cremà". Se daba por hecho que sería de forma limitada en cuanto a aforo, pero habría existido: falleras mayores y presidentes.

De tal manera que, con motivo de esa quema, cada comisión habría recibido un candil con el fuego de esa "cremà" para llevarlo al casal y mantenerlo en custodia hasta que llegara la fiesta de verdad.

Encender un candil y llevarse el fuego ya se había visto tres años antes con un ritual parecido que hizo la falla Corona y había dejado claro que era un símbolo interesante y cargado de contenido. Era una especie de encargo de cuidar el fuego hasta su regreso.

Esta idea se fraguó a final de 2020, cuando ya parecía claro que las Fallas 2021 no iban a poder celebrarse en marzo, como después corrobaría el alcalde Joan Ribó. Se contaba entonces con poder hacer un acto controlado y aguardar al mes de mayo o junio.

Sin embargo, la llegada de la tercera ola frustró esta operación, al abortar cualquier opción de acto en la calle con público, por muchas medidas de seguridad que se emplearan. La Meditadora siguió guardada y se pasó al "No Fallas", a la ausencia de eventos y el traslado al formato virtual.

La Meditadora, y así se le había hecho saber también a los artistas Manolo Martín y José Ramón Espuig, se quemaría a las 22.19 horas del 10 de marzo para hacerlo coincidir con el momento en el que se anunció la suspensión de la fiesta.

De hecho, esa fecha y esa hora simbólica quedó guardada para otra acción, ésta sin público: plantar el pebetero que todavía preside la zona donde se planta la falla municipal.