La Junta Central Fallera efectuará, si no cambia de opinión a última hora, pruebas diaagnósticas a las aspirantes a fallera mayor de València una vez empiecen las pruebas de selección, previstas para la próxima semana.

No cabe, por otra parte, otra medida, puesto que, en cuanto termine el maratón de preselecciones, las 73 finalistas adultas y otras tantas infantiles iniciarán rápidamente la siguiente fase, que las llevará al acto de la Fonteta, que tendrá lugar el sábado, 2 de octubre. Y esto significa, entre otras cosas, reuniones y contactos, tanto entre ellas como con los miembros de los jurados. Precisamente, la junta directiva de la JCF que se reunirá el lunes debe salir con la idea más o menos clara no ya del calendario de actividades, sino de cómo pueden celebrarse éstos sin poner en riesgo la cohesión del grupo.

Durante el fin de semana se está viendo el problema que supone organizar este concurso con las restricciones sanitarias. No ya por los aforos, que también, sino por la forma. Las candidatas desfilan con la mascarilla. Un elemento que distorsiona, obviamente, uno de los requisitos que valora el jurado: visión de conjunto y belleza (la valoración incluye un componente de aspecto físico). Pero es que para las otras cualidades que se persiguen (preparación, conocimiento de la fiesta, saber estar, etcétera), la mascarilla tampoco ayuda. Momentos importantes, como la entrevista individual, puede llevarse a cabo manteniendo distancias que permitieran que la fallera se despojara de la mascarilla.

Independientemente, las pruebas se llevarán a cabo por una mera cuestión de seguridad y responsabilidad, para evitar el contagio entre falleras y miembros del jurado, como se le supone a cualquier actividad grupal.

Una prueba negativa de todas ellas permitiría, además, evitar la imagen que no se quiere: el desfile en la Fonteta con el cubrebocas. El objetivo es que el acto sea lo más parecido a un «partido de baloncesto»; es decir, que sí que se pudiera ver a las aspirantes al completo.

Algo aplicable también a falleras mayores de València y cortes de honor quienes, después de dos años en el cargo, pero prácticamente uno y medio con mascarillas, no sería justo despedirlas a cara a medio tapar si hay solución para ello. De hecho, Consuelo Llobell y la corte vivieron los días previos a la semana de Fallas de Septiembre con la psicosis de no tener síntomas que las llevaran a no poder celebrar «sus» Fallas.

Las pruebas, aparte de ser un ejercicio de responsabilidad, podrían llevar a una situación extremadamente chocante, como sería que alguna fallera saliera elegida, pero no pudiera desfilar (la decisión de las elegidas no se toma en la Fonteta, sino la víspera o antevíspera, al acabar las pruebas). O, directamente, tener que verse excluida. No cabe duda que una de las premisas que se dará a las aspirantes es que procuren a toda costa evitar los contactos ajenos al proceso durante las dos semanas y media. Dicho de otra forma, no correr riesgos de ver abortada su aventura.