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Carolina Soriano Alabau: Una hija de Castellar por los cuatro costados

Carolina Soriano Alabau: Una hija de Castellar por los cuatro costados

Ser de Castellar y apellidarse Alabau es sinónimo de «filla del poble». Y tanto que lo es Carolina Soriano Alabau. Toda su vida gira alrededor de la tranquilidad del sur. Pero todo es todo: se levanta a las seis de la mañana, se sube al coche y en cinco minutos llega a los Tres Camins, a la depuradora de Pinedo. Todo queda en casa. «Estudié laboratorio clínico, que no tiene nada que ver con la depuración de aguas. Pero hice las prácticas allí. Me gustó la idea por conocer algo diferente. Llevo ya cuatro años». Trabaja en el tratamiento de aguas residuales y fangos. «Dicho fácil: limpiar el agua residual para que pueda servir para riego o verter al mar. Y con el fango hay otra línea, convertirlo en abono y creamos nuestro propio biogás para alimentar la planta. Me encanta lo que hago». La falla de Castellar, la Plaza Virgen de Lepanto, lleva tres representantes en los tres últimos años. Marta Alacreu, Natalia Vilanova (también Alabau, pero no son familia o lo son muy muy lejana) y ahora ella.

Con 28 años y trabajo estable, está ya en otro nivel. Se independizó «porque me apetecía salir del nido. Me fui a compartir piso con una amiga que también quería probar. Pero ella va a opositar y una casa quita mucho tiempo». En consecuencia... «volvimos a casa. Y menos mal. Que ahora necesitaré mucha ayuda. Todo está pasando como debe pasar. Todo son señales. Pequeñas cosas que te dicen que esto está pasando por algo. Y desde hace tiempo».

Como toda hija del Poble del Sud, valenciano parlante, valenciano pensante. «Aprendí a hablar castellano en el colegio. Mi madre me dice que venía del colegio y le decía: «Mare, a que huit es ocho?».

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