Y volvieron escenas que parecían de otra época. Los abrazos, los nervios, los sudores, los aplausos, la llegada de la corte, las lágrimas, las palabras entrecortadas, la llegada del alcalde, los centros de flor, las sonrisas. Ha vuelto el ritual de elegir fallera mayor de València. Con una diferencia esta vez: Carmen Martín Carbonell recibió la llamada no en su domicilio, sino en el casal, rodeada de sus falleros en silencio sepulcral. «Estábamos mirando la televisión y la comisión alrededor, como en un anfiteatro. Me he girado y los he visto cogidos de la mano en silencio».

En el hemiciclo municipal también se hizo casi el silencio, roto sólo por los dos representantes de la comisión, que se abrazaron varios segundos. Porque Carmen no estaba «quinielada». Craso error si hay que hacer caso al cien por cien de las personas con las que ayer se habló. «Es que es muy buena. No os lo podéis imaginar».

Lo decía su hermana Isabel, lo decían sus estilistas, Sáez y Parralejo, lo decía Sonia Vara, fallera de la corte en 2000 de su misma comisión, lo decía cualquier fallero cogido a voleo. Unanimidad abrumadora. Carmen, 24 años, es de la falla Poeta Alberola-Totana. Tradicionalmente, un vivero de componentes de la corte. Tan sólo les supera la avenida del Oeste en el listado histórico. Y con ella llega la segunda fallera mayor. En el 25 aniversario de la comisión lo fue Sandra Climent. Ahora, en el cincuentenario, ella. Con una particularidad: empezó siendo fallera de Cervantes-Padre Jofre y su primera Ofrenda, con unos meses de edad, fue el 17 de marzo de 1997, acompañando como última comisión a la fallera mayor infantil de València, Natalia Bisbal. La infantil de Sandra. Vidas cruzadas. El destino la llevó a «Totana», donde creció como persona y fallera hasta llegar a lo más alto.

La celebración de Carmen Martín tras la llamada que la convierte en fallera mayor de València 2022 Vídeo: Arturo Iranzo

«Me he levantado emocionada, pero a la vez tranquila». Cargó fuerzas con «uno de mis platos favoritos»: un puchero. «Después he ido a peinarme, a maquillarme, he descansado un poquito, he hablado con toda mi familia, nos hemos arreglado y hemos bajado a la falla. Tenían una ilusión enorme. Ha sido emocionantísimo estar con ellos. Me he sentido muy arropada». Con el nombre «todos se han levantado, todos a gritar... una experiencia que me ha regalado la vida». «La Carmen que pretendo transmitir es la Carmen que soy. Quiero mostrar el amor que tengo por la fiesta. Siempre con una sonrisa y que la gente esté a gusto conmigo. Agradecerles todo lo que hacen. Alegría y complicidad. Y estoy deseando conocerlos».

Las vueltas que da la vida si las cosas hubiesen sido sólo un poco diferentes. «Ser fallera mayor siempre había sido una de mis ilusiones. Cuando estás estudiando puedes no encontrar el año adecuado. Cuando acabé en la Universidad, aunque estaba haciendo el master, tenia un poco más de tiempo. En casa me animaron mis padres y mi hermana. Lo que fue una ilusión se convirtió en una realidad. Estoy inmensamente feliz. No puedo sentirme más apoyada. Las Fallas fueron irrepetibles y por eso decidí presentarme».

Universidad y máster por la rama de la odontología. Poco ha tardado en regresar una profesión muy falleramayorista: Covadonga Balaguer (1989), Elena Muñoz (1996), Lucía Gil (2006), Marina Civera (2019). Aseguraba que se aficionó a base de ir de niña al dentista y picarle la curiosidad de un instrumental por el que, normalmente, los niños salen espantados.

Y más vidas cruzadas: uno de los abrazos más sentidos de la tarde-noche fue con una de ellas, con Lucía Gil... en cuya clínica trabaja. Lucía, legendaria fallera mayor de València, repetía lo que ya se había escuchado en las paredes del casal. «Es que es muy buena, es que es muy fallera...».

Así es Carmen Martín Carbonell, fallera mayor de València 2022 Levante-EMV

Pasarán a la historia las fotos. Tan sólo en momentos muy contados pudo quitarse la mascarilla. La JCF quiere seguir manteniendo las apariencias de seguridad y control. «Vale la pena. Todas las falleras mayores, infantiles, todos los falleros, hemos vivido con mascarilla estas fiestas y ha merecido la pena. Celebremos que hemos podido». Es la hija de Paco y Maribel. Ella, ama de casa; él, mecánico. La historia de Carmen es la de una hija tardía. Primero tuvieron a Isabel, la mayor, pero hubo que cuidarla con mimo a causa de alegrias. «Nos dedicamos más a ella y como éramos jóvenes, esperamos» aseguraba su padre. Lo de Carmen y su hermana es muy especial. Durante la entrevista previa de la pasada semana, al nombrarla, se le llenaron los ojos de lágrimas. Hubo que parar la entrevista. «Es que no te puedes imaginar lo unidas que están. A pesar de la diferencia de edad, hablan el mismo idioma, siempre están en contacto. Se quieren de una forma muy especial». Ahora la va a querer València.