En un claro desafío a augurios, las comisiones han apostado por su elemento básico, la falla, y presentan un presupuesto general que es superior al de las Fallas de 2020; es decir, a las últimas "normales", no sometidas a los vaivenes provocados por la pandemia.

Esto es lo que se desvela de la declaración de precios presentada ante la Junta Central Fallera: se invertirán 8,5 millones de euros (exactamente, 8.542.419, salvo algún desajuste menor que pueda alegarse ahora), mientras que para las fallas interrumpidas por la pandemia se contrataron oficialmente 7,7 millones.

Se cumplen, de esta forma, los augurios de la pasada primavera, cuando la Junta Central Fallera estableció una clasificación de Fallas con baremos al alza respecto a aquel 2020.

Con la particularidad, además, de que el aumento no es produce por una subida "inflada" por una única comisión. Tan sólo cabe destacar la subida de dotación de Espartero-Ramón y Cajal, que ya es la más cara de Especial Infantil (empatada con Convento) y la más cara de Primera A grande.

Con el añadido de que este año ya no hay ningún estímulo suplementario en materia de subvenciones. La ayuda se ha quedado definitivamente en el 25 por ciento, dentro de esa recuperación de normalidades.

Por ello, sin comparamos los precios de 2020 y 2023, en la Sección Especial: todas presentan fallas al alza. Salvo Cuba y Pilar que repiten, y Antiga y Reino, que tienen pequeños o inapreciables descensos. La Especial, números en la mano, ha recuperado el pulso. Lo mismo, exactamente que el resto de categorías, donde se aprecian repuntes respecto a 2020.

Precios "irreales" en 2022

No se pueden comparar estas cifras con las de las últimas fallas, las de 2022, porque éstas arrastraban un casi duplicado de presupuestos (el año finalmente perdido y el propio de 2022). Podrían ponerse muchos ejemplo, pero sirva el de Primera B: las dos fallas con más dinero declarado (Duque de Gaeta y Malvarrosa) presentan 40.000 euros, una cantidad que, en las pasadas fiestas, las habrían convertido en las más modestas de la categoría.

O la Especial, en la que prácticamente todas alcanzaron o superaron los 200.000 euros, cifra que sólo la ostenta Convento Jerusalén (225.000 euros)

O la Quinta B, cuya falla-tipo valía 15.000 euros el pasado mes de marzo y ahora vale 10.000.

Por eso, la comparación hay que hacerla con 2020. Con las fallas pre-pandemia. Y ahí, las diferencias son incluso al alza.

Y todo eso recordando que las Fallas están en proceso de reconstrucción de los censos perdidos. ¿Donde estaría, pues, la explicación? Aparte de la recuperación social, aunque no fuera completa, debería pensarse en la vuelta de la confianza de los grandes anunciantes y a una administración sensata de la economía, aparte del loable -mientras no se demuestra lo contrario- sentido general de las comisiones de no recordar en monumento. A lo que habría que añadir a un ajuste de las declaraciones a la cantidad real del dinero destinado.

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Otra cosa es qué tipo de fallas se verán en la calle. Porque en la otra parte del contrato, los artistas falleros, es sabido el aumento de los precios de las materias primas, una losa más dentro de la particular mala situación económica de los profesionales, metidos en un bucle de no salir la cuenta de gastos con la de ingresos. En diferentes momentos se ha advertido que las fallas de 2023 serán, a la vista, más modestas en cuanto a tamaño -que sería, por otra parte, lo lógico-. Sin embargo, eso sólo se conocerá fehacientemente en el mes de marzo.

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