El sector de la pirotecnia asegura estar harto del "ninguneo". En concreto, de las instituciones, afectando a las empresas de la provincia de València, una cantidad aproximada de 25 firmas, porque consideran que, a la hora de la verdad, las exigencias de normativas, todas ellas cumplidas, no se corresponden con las facilidades a la hora de trabajar. 

Tres son las reivindicaciones y tres son las quejas que sostiene Piroval para mostrar su desagrado. No se ha producido un hecho en concreto hace uno o dos días. Simplemente "hemos estado aguantando, pero hay un momento que tenemos que mostrarlo". No hay una amenaza concreta, como la de hace un año y medio, cuando anunciaron que no dispararían para el Ayuntamiento. "Nada hay convocado, pero nada es descartable. Todo puede pasar" aseguró el abogado y portavoz de la Asociación de Pirotécnicos Valencianos (Piroval), José Manuel Martínez Navarro, que explicó las disquisiciones técnicas junto al asesor de la asociación, Rafael Rodríguez. 

El primero de los problemas es que aseguran verse en una situación de inseguridad jurídica. Un problema competencial entre la Delegación de Gobierno y la Consellería de Industria a la hora de la valides de los informes provoca que, en los últimos años, a las empresas pirotécnicas se les ha obligado a actualizar sus sistemas de seguridad y control "con inversiones de hasta 60.000 euros" y, a día de hoy, no tienen los visados del mismo "porque no se ponen de acuerdo las instituciones". La consecuencia es que "nos encontramos con un problema, sobre todo, de inseguridad jurídica. Incluso aunque pasemos todos los años una revisión. Corremos el riesgo de que haya un siniestro y, al no tener validad la homologación, el seguro considere que no tiene que aplicar la cobertura". 

Carcasas de 300, prohibición de 500

Otro de los conflictos por el que claman es la normativa que impide disparar a 500 metros de masa forestal. "Es un contrasentido y es incomprensible: cada artificio pirotécnico homologado señala el alcance que tiene. No tiene razón de ser que no puedas disparar a 500 metros carcasas que tienen, por ejemplo, 200 metros de alcance". Más aún, "con esta norma se protege más la naturaleza que el ser humano, porque se señalan a las distancias que deben estar las personas y es menos, o bastante menos". 

Incluso, en ese sentido, siembran la duda de "bajo esa norma, nos tendríamos que preguntar si se pueden disparar o no los castillos de Fallas, al lado del Jardín del Turia". 

Resulta evidente que disparar cerca de zonas boscosas es un riesgo. "Nos ceñimos a los datos: ¿incendios forestales provocados durante estas décadas por un disparo pirotécnico? Uno: el de Cullera, en unas circunstancias muy especiales. Y no podemos decir cual es el segundo incendio porque no existe. Si: puede producirse, y se ha producido, algún conato, pero nadie pone en duda que un ayuntamiento no cuente con un servicio de bomberos. En todos estos años se ha producido algún conato, pero sofocado con rapides. Incendios, lo que se dice incendios, uno y sólamente uno".

La tercera reivindicación es de competencia municipal y hace referencia a la imposibilidad de disparar pirotecnia recreativa por norma. "Sólo se levanta cuando llegan Fallas, gracias al Bando Fallero". Dicho de otra forma: "técnicamente, por disparar una traca en la puerta de la iglesia habría que pedir permiso". Aunque la venta al detall existe de todos modos, "no es normal que en la ciudad haya tanta restricción". 

"Las decisiones las deben tomar los profesionales" aseguraba Martínez Navarro, en relación a una posible huelga de mechas caídas en Fallas. "Lo que sí que se puede asegurar es que si el pirotécnico continúa fabricando y disparando es porque no sabe hacer buñuelos de calabaza. Si no, hace tiempo que habría cerrado la fábrica y estaría haciendo otra cosa. Pero, por definición, lo que hace es eso porque es su vida".