"Con la ilusión que le hacía, con lo fallera que era". El destino se empeña a veces en ser no ya caprichoso, sino inexplicable. Causa dolor y hasta hace enfadar. Porque por mucho que se le busque una explicación, en la falla Hellín-Giménez y Costa y en general en las fallas de Poblats al Sud no salen del shock y no lo entienden. Desde el momento que recibieron la noticia del fallecimiento de la presidenta, Amparo Pastor, a los 58 años. Más que de su despedida, que se temía, de las circunstancias vividas en las últimas semanas, cuando una intervención aparentemente normal se le fue complicando hasta convertirse en un calvario innecesario. 

Y el dolor, la estupefacción y el enfado con el destino lo es, además, porque Amparo se estrenaba como presidenta de la comisión de La Torre. Se presentó nueve años atrás, cuando Fran García inició su largo periodo al frente de la misma. Este año, tras cumplir su etapa, había quedado vacante el cargo y Amparo ganó las elecciones con facilidad. La conocía todo el mundo porque había sido fallera toda la vida. Y llevar las riendas de la comisión y vivir la fiesta de una forma tan especial también era para ella un reto personal. 

Era hija del barrio: vivía allí. De la familia de "Els Taris". Ella lo era: "Amparo, la Taria". Y el Mocholí de segundo apellido significa tradición de La Torre. Casi pureza de sangre. Una hija del pueblo.

Amparo fue elegida presidenta este año, tras haberlo intentado nueve años atrás Falla Hellín

Comprometida y solidaria

"Tenia mano y se hacía ella los trajes. Nos decía lo guapísima que iba a ir". Llevaba la gestión de la comisión (con sus cerca de 400 falleros que la componen) con su carácter muy personal, pero siempre de cara. El mismo carácter que la habían hecho una persona comprometida y solidaria. Infinidad de vecinos de La Torre de cuarenta años hacia abajo habrán tenido relación con ella, tanto cuando era catequista como ahora, que trabajaba en el comedor del colegio del pueblo, el Padre Manjón. 

Bajo su mano y con su directiva, la falla Hellín había escrito el milagro anual de la reconstrucción. Estuvo en la preselección, el besamanos, la procesión de las fiestas de La Torre, las primeras, pocas, presentaciones, algún acto de Navidad, antes de que la salud se trastocara desde ese día que no fue al brindis de la JCF porque la habían llamado para que entrara en quirófano. 

Ahora, las Fallas de 2023 quedan, si no malogradas, porque no habrá mejor homenaje para la presidenta que volver a levantarse, sí ensombrecidas, enveladas por ese injusto trato que el destino le ha dado a Amparo, la Taria. Aunque quedará perpetuada en la historia y la memoria de la falla de La Torre.