Un colegio de Orihuela mantiene la tradición de celebrar las Fallas que se perdió en la ciudad durante la Guerra Civil
El colegio público Manuel Riquelme rememora una costumbre que se celebraba en la localidad alicantina en los años 30, con más de una veintena de monumentos en las calles

Cremà de la falla del colegio público de Hurchillo / LEVANTE-EMV
Guillermo Sebastiá
El colegio público Manuel Riquelme, en Hurchillo (Orihuela), es una rara avis en la provincia de Alicante: es el único lugar donde se celebran las Fallas fuera de territorio valenciano, rememorando una costumbre de antes de la Guerra Civil que quedó olvidada tras la contienda bélica.
Este centro escolar recuperó la tradición hace 13 años. En Orihuela, como en València, las Fallas eran la fiesta más importante de la ciudad durante los años 30 y una veintena de monumentos y comisiones salpicaban la ciudad durante el 17 y 18 de julio y no en marzo, como en la capital.
Según Joaquín Marzá, director del colegio, la idea de celebrar las fallas en el centro educativo surge con el objetivo de dar valor a las tradiciones de la Comunidad Valenciana. Cada año, los monumentos se inspiran en las antiguas fallas que se encontraban en la ciudad alicantina en los años 30. La de este año, se inspira en la que ocupó la plaza San Agustín en el año 1933, cuyos autores fueron Lucio Sarabia Torres y Estanislao Gimeno.
Durante el mes de enero, se nombran los falleros y falleras que serán protagonistas ese año. Los falleros y falleras mayores siempre forman parte del curso de segundo de Primaria. Tal y como cuenta el director, se pretende que los niños y niñas sean los protagonistas de esta fiesta. Durante los dos días que dura la celebración (10 y 17 de marzo), los alumnos van vestidos con la indumentaria típica de las fiestas valencianas.

Acto de pleitesía con los nuevos cargos falleros / LEVANTE-EMV
El 10 de marzo se produce lo que se conoce como acto de pleitesía, un acto multitudinario que algunos años, ha llegado a reunir a más de 400 personas. En él, se despiden a los falleros del año pasado y se hace acto de alabanza a los nuevos cargos falleros. Una semana después, el 17 de marzo, tiene lugar en un mismo día la "plantà", una "mascletà" (globotà) y la "cremà" de la falla.
El centro, de educación infantil y primaria, se inauguró hace más de 30 años en Hurchillo, una pedanía de unos 1000 habitantes, situada a unos 6 kilómetros de Orihuela. Anteriormente, desde los años de la República hasta los años 90 que se construiría el centro que conocemos actualmente, era un colegio minoritario prácticamente apunto de desaparecer. El nombre, "Manuel Riquelme", proviene del terrateniente que en ese momento era propietario de los terrenos en los que se encontraba el colegio.

Alumnos del colegio Manuel Riquelme vestidos con la indumentaria fallera / LEVANTE-EMV
Miembros de la UNESCO
Este centro educativo, es uno de los 9 colegios alicantinos que forma parte de la UNESCO, un reconocimiento que obtuvieron debido a su compromiso con el medio ambiente. Fue uno de los primeros centros de España en formar parte de esta organización. Actualmente, 137 colegios forman parte de la lista a nivel nacional.
El colegio Manuel Riquelme no solo es conocido por el hecho de hacer unas fallas propias en territorio alicantino, sino que estos últimos años ha recibido numerosos premios por el tipo de educación que ofrecen a los 200 niños que conforman su alumnado. Concretamente, el año pasado recibieron el premio a la excelencia educativa, que les otorgó el honor de ser el mejor colegio público de España. También es el único centro de España con 100 libros publicados con autoría propia. Hace 3 años, también recibieron el galardón a mejor comedor escolar de todo el territorio nacional.
Es un centro que, según explica el director, está comprometido con el cuidado del medio ambiente. Su propio proyecto llamado "Educando en verde" es buena prueba de ello. De hecho, los alumnos reciben cada mañana una clase de educación medioambiental.
Unas de las actividades más importantes anualmente para el colegio es el día del libro. Tal y como cuenta el director, durante esos días el colegio se convierte en un cuento: "Las actividades duran 3 días, y únicamente se imparten contenidos relacionados con el mundo de la lectura. Durante esos días no hay clase". "Cada año, los alumnos leen unos 15 libros".
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