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Una familia usa vaqueros, latas y botellas para hacer un traje de fallera sostenible

National Geographic fotografió uno de sus últimos proyectos, y, esta vez, Rosa Montesa ha juntado a toda su familia para crear este ejercicio creativo de “upcycling”

Ariadna Martínez

València

Esta es la historia de ocho mujeres: tres Rosas, dos Cármenes, Lucía, Mar y Luna. O, como se presentan ellas: “nietas, hijas, madres y sobrinas de mujeres extraordinarias y creativas”.

En un árbol genealógico es en donde se teje toda su narrativa y comienza con Rosa Senís, una modista que, tras la Guerra Civil Española, llevaba tiempo sin coser debido a que, entre otras cosas, había tenido que dejar Godella (su pueblo natal) y mudarse a Valencia para empezar de cero. Un día, una vecina entró por la puerta con un traje bajo el brazo. Rosa le preguntó: “Amparito, ¿a dónde vas?”. “A la trapería, a ver lo que me dan por este traje. Me dan 5 o 6 pesetas”. Era el traje de su marido, que trabajaba como bancario. En su trabajo tenían que cambiar de uniforme cada semestre. “Si quieres, dámelo, te lo arreglo, y te lo hago para ti”, le dijo Rosa. Lo deshizo, lo lavó, lo planchó, y le hizo un traje para ella. Y con la camisa hizo una blusa. Entonces se corrió la voz en el vecindario, y fue así como Rosa Senís volvió a ganar clientas.

El siguiente eslabón de este árbol genealógico son Rosa Andrés y Carmen Andrés, hijas de Rosa Senís, que aprendieron a coser con ella. Rosa Andrés reciclaba telas que tenía por ahí para hacerle trajes a sus hijos e hijas, o deshacía un suéter de punto de media para hacer otro, pero más bonito todavía. Carmen Andrés, cuando quitaba las puntillas de alguna prenda, se las guardaba. Tiempo después, le servían para alargar las camisetas a sus hijas cuando ya les quedaban pequeñas.

Familia Andrés Senís. De izquierda a derecha: Carmen Andrés, Rosa Senís, Enrique Andrés, Enrique Andrés y Rosa Andrés.

Familia Andrés Senís. De izquierda a derecha: Carmen Andrés, Rosa Senís, Enrique Andrés, Enrique Andrés y Rosa Andrés. / Levante-EMV

Las hijas de estas mujeres son precisamente, sus nombres no se los espera nadie, Rosa y Carmen: Rosa Montesa y Carmen Latre, primas entre sí y, a su vez, de Lucía. Ellas tres son la tercera línea de este árbol genealógico, que termina con Mar (hija de Rosa Montesa) y Luna (hija de Lucía).

Aunque parezcan salidas de un libro de García Márquez, pues recuerdan a la familia Buendía, esta es otra historia. Es la historia de una familia que se unió para hacer, nada más y nada menos, que un traje de fallera sostenible.

Sagrario, Rosa Montesa, Lucía, Luna y Carmen

Sagrario, Rosa Montesa, Lucía, Luna y Carmen / Ariadna Martínez

Rosa Montesa, el eje de todo este entramado, lleva años dedicándose a hacer objetos y prendas con materiales reutilizados. “Tras quedarme sin trabajo y montar un negocio con el que ya no quería seguir, decidí invertir en mí y comencé a hacer cursos de creatividad. Siempre me ha gustado entrenar la creatividad. Cuando mis hijos eran pequeños tenían los mejores trabajos de clase, de manualidades y todo eso”. Entonces Rosa Montesa se abrió un canal de YouTube, que ya cuenta con 151.000 suscriptores y ha llegado a tener 40 millones de visitas. Ha trabajado para el Oceanográfic, en el que se pueden encontrar medusas suyas hechas con materiales reutilizados o seres imaginarios; ha hecho talleres para colegios; y en 2019 National Geographic fotografió uno de sus diseños: otro traje de fallera hecho con materiales reutilizados, como botellas de plástico o cápsulas de café. Insiste en que ahora las iniciativas como la segunda mano o el “upcycling” (aprovechamiento de productos o residuos para fabricar nuevos materiales) son una moda, impulsada por la crisis climática y medioambiental, por la que incluso celebrities como Rosalía están empezando a apostar, pero que antes era algo completamente común y del día a día. Este año, otro traje de valenciana se ha puesto en marcha, pero esta vez, éste ha sido creado por toda la familia.

Medusa de plástico reutilizado creada por Rosa Montesa para el Oceanográfic.

Medusa de plástico reutilizado creada por Rosa Montesa para el Oceanográfic. / Picasa

Proceso

La idea, que nació en octubre, fue motivada por el querer disfrutar haciendo algo juntas y pasarlo bien. “Esto es simplemente un ejercicio creativo. Hubo gente que se llevó las manos a la cabeza con el otro vestido. Nos dijeron que qué vergüenza ir a la virgen con el traje de plástico. Y yo pensé: ‘¿y a mí qué me dicen?’ Si esto no tiene nada que ver con estas cosas. No pretende competir ni pretende hacer nada más. Pensar eso es una barbaridad. Esto es solo un ejercicio de creatividad”, explica Rosa. Su madre, Rosa Andrés, de 94 años, fue la primera implicada, pues el anterior también lo hizo con ella y su objetivo siempre ha sido, cuenta, demostrar al mundo que su madre “es una artista”. Después se sumaron Carmen, Luna y Lucía. Todo el trabajo se realizó entre febrero y marzo, a contrarreloj, y se realizó en tres ubicaciones diferentes: el taller de Luna Soriano (diseñadora de moda, creadora de la marca de bañadores de competición SWIMVA, e hija de Lucía); en la casa de la madre de Rosa; y en el lugar de trabajo de Rosa. Prácticamente todo el material (restos descartados de tejido) lo ofreció Jeanologia, una empresa valenciana “de soluciones textiles sostenibles”, que tiene “la misión de crear una industria textil ética, sostenible y eco-eficiente”, por lo que encajaba con los valores de la familia. También ayudó en los últimos detalles de las prendas, como las trabillas, los ojales o los botones. Sagrario, Ana, Mar, Juan, Quique (hermano Rosa Andrés y Carmen Andrés) y Eva Ripoll (fotógrafa), son otros familiares y amigos que han acompañado en el proceso.

Mar, hija de Rosa Montesa, con el traje de fallera hecho con materiales reutilizados.

Mar, hija de Rosa Montesa, con el traje de fallera hecho con materiales reutilizados. / Eva Ripoll

El cancán está hecho con 12 camales de pantalones; la cenefa con 20 bolsillos traseros y muchos metros de costura; el lazo está hecho con un pantalón completo; el justillo se compone de restos de camales y cinturas de pantalones, así como las alpargatas. Las joyas las hicieron con botellas de plástico, menos la gargantilla, que está hecha con la costura de un pantalón. Las peinetas, con latas. Pero la pieza fundamental son la manteleta y el delantal, pues son piezas que crearon sus madres en los años 60 y 70. También hay otro delantal bordado por Lucía cuando era pequeña. “El delantal se ha convertido en una de las piezas más entrañables, pues es la unión de las tres familias”.

Cancán hecho con cinturas de pantalones.

Cancán hecho con cinturas de pantalones. / Rosa Montesa

Sin duda, han logrado bien su objetivo: “ser creativas, homenajeando a las mujeres de nuestra familia”. “Dicen que las personas no mueren cuando siguen vivas en nuestra memoria. Durante el tiempo que hemos estado juntas han estado con nosotras de muchas maneras”, sentencia, solemne, Rosa Montesa.

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