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La Meditadora, un icono desaprovechado de las Fallas, cumple cuatro años

El 5 de junio de 2019 se desveló la falla municipal que ha quedado como símbolo de la pandemia

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

"La falla municipal girará 360 grados, como ya se hizo hace 90 años". Así anunció Levante-EMV una de las características principales de "un proyecto ambicioso que reflexiona sobre el mundo actual y que tinee como gran reto que el remate gire cada 24 horas". Pero la falla jamás llegó a girar. Ni llegó a plantarse. Para muchos es, a pesar de quedar malograda, una de las fallas más icónicas de la historia de la fiesta. Para otros, es la gran oportunidad perdida de convertir una falla en un símbolo mundial. Tal día como hoy, hace cuatro años, se desvelaba el proyecto de la falla municipal de 2020. 

Así anunció Levante-EMV la falla municipal de la Meditadora

Así anunció Levante-EMV la falla municipal de la Meditadora

Hay que retrotraerse en el tiempo para recordar una obra que ha acabado siendo, sin duda, un símbolo de la fiesta. Aunque, echando la vista atrás, nació con recelos. A pesar de su prometido gran volumen (caballo grande, ande o no ande), la obra de Manolo Martín, José Ramón Espuig y Escif nacía con un estigma: estar bajo la tutela de un ayuntamiento que quiere "acabar con nuestras tradiciones". Con tanto diseñador "rarito" (aunque fuera reconocidos internacionalmente, como Okuda o Pichi&Avo), saliera lo que saliera del proyecto iba a llevar en seguida la dosis de recelo pertinente. El "eso no es una Falla" es una expresión que ha acompañado como mantra muchas de las fallas municipales. 

El proyecto tenía el riesgo de comprometerse a girar 360 grados, de tal manera, además, que la gran figura central estaría mirando al "mascletódromo" a las dos de la tarde. 

Quien iba a decir, en aquel junio de 2019, que el relato acabaría siendo tan diferente.

Porque la falla fue creciendo, según el calendario previsto y para cuando tocaba sacarlo del taller, así lo hizo. Para entonces, su gran valedor, Pere Fuset, había tenido ya que dejar la concejalía de Cultura Festiva. El primer bloque de material sufrió un traspié durante el traslado. Se tomó como una anécdota. Aunque las noticias que empezaban a ser inquietantes, nada hacía prever lo que después pasaría. 

Testigo mudo de una ciudad fantasma

La historia está fresca en el recuerdo. Dentro de unas décadas seguirá siendo un episodio indispensable en la historia de la ciudad. Porque lo tiene todo: que el mundo se paralice a una semana de Fallas, que una brillante idea permita confeccionar en tiempo récord (Marta Ródenas) una mascarilla y que se la ponga; y que la propia falla, con su mascarilla, se quede como testigo mudo de una ciudad fantasma, acompañada además de la persitente lluvia. La fallera mayor, Consuelo Llobell, se catapultaba entre lágrimas para decir que "como médica que soy, por encima de las tradiciones está el bien común y la salud de nuestra población".

Una vez quemado el cuerpo central por la imposibilidad de desmontarlo, y la no menos icónica retirada del busto, llega el debate. 

Todos sabemos lo que pasó un año y medio después: no hubo reconstrucción de la falla. Incluso se adjudicó otra para marzo de 2021. Finalmente, con el segundo aplazamiento de las fiestas, lo que quedaba de la figura femenina se plantó y se dejó, abandonada a su suerte institucionalmente. Un sali del paso, a la virulé. La Meditadora incluso tuvo un mal final, puesto que la inusitada tormenta de los primeros días de septiembre acabó por destrozar una figura ya castigada. 

Ahí viene el debate. Quemar los restos de la Meditadora fue una forma de decir "lo que hay que hacer es quitársela de en medio y empezar de nuevo". Pero el resto de comisiones no hicieron eso: las afectadas por la incineración de marzo de 2020 se subvencionaron y se reconstruyeron. 

QUÉ FUE DE...

José Ramón Espuig se jubiló al acabar las Fallas de 2022 y cerró el taller que había iniciado su padre, después de una brillante trayectoria profesional. 

Manolo Martín sigue su trabajo como gerente de Emedoble, la empresa dedicada a la tematización, escaparates, stands y exposiciones.

Escif quedó marcado por la experiencia. Tanto, que ha seguido diseñando fallas. Este año, las de Reina-Paz (Sorolla) y Corona (el gato negro). Y para 2024 vuelve a la plaza con Pere Baenas. 

Pere Fuset recuperó la concejalía de Cultura Festiva al acabar las Fallas de 2023, pero a partir de ahora tendrá que estar en la oposición municipal, salvo que se le encomienden otras labores en Madrid. 

Carlos Galiana dejó Cultura Festiva en marzo de 2023, la concejalía la abandona ahora y el partido, seguramente también. Los mensajes crípticos lo muestran simpatizando con el PSOE. Aún no se ha confirmado su nuevo destino profesional. 

Consuelo Llobell pasó a la historia como la primera fallera mayor de València con dos años de reinado "natural" (María Luisa Aranda lo fue la primera vez por delegación). Se presentó al MIR y está terminando su segundo año de Residencia en el Hospital Peset. En mayo del próximo año contraerá matrimonio con Boro, su novio ya antes de ser fallera mayor.

Marta Rodenas abrió un nuevo taller de confección a medida de fiesta, novia e indumentaria tradicional en la calle Quart con la marca Rodenas Dressmaker

La Meditadora fue reducida a cenizas. Un vertedero en Paterna se encargó de recibir sus restos, donde reposan junto con el resto de Fallas que disfrutaron de un año y medio de vida inesperada.

Disputa política indudable

No falta la disputa política y negarlo es bobería. A Carlos Galiana nunca le gustó la Meditadora. Quizá porque "era de Pere Fuset". Seguramente, un error de estrategia: en lugar de hacerla propia y convertirla en el icono de los iconos fue más una cuestión de celos entre concejales que no se llevaban bien.  Lo pagó la Meditadora.

No podía simbolizar la victoria, pero...

En descargo de Galiana puede decirse que el simbolismo del final de una etapa era inviable: quitarle la mascarilla a la figura, en septiembre de 2021, de una forma ritual, no era el ejemplo a seguir. Las de 2021 fueron Fallas protegidas sanitariamente. Incluso seis meses después todavía hubo que llevarlas. Pero seguro que se le pudo sacar un jugo mucho mayor, porque quemarla enmascarada también era una forma de decir al mundo, en pleno proceso de vacunación, que la guerra se estaba ganando. Más aún, de la desgana deja claro que la propia máscarilla se quitó para la ocasión.

Lo cierto es que la Meditadora tuvo réplicas. Hubo tatuajes, camisetas, grabados. Y su lema "Acò també Passarà" se convirtió en una expresión pintiparada antes, durante y después. Pero queda en el ambiente la sensación de que, aún con las dificultades de un tiempo complicadísimo, es una de las grandes oportunidades perdidas en la Historia de las Fallas. 

Así ha ardido la Meditadora, símbolo de la falla municipal

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