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La Constitución Fallera de la discordia

Un grupo de 25 expertos elegido hace tres años elaboró un prerreglamento que pretende modificar la Junta Central Fallera y que hoy ya suscita dudas jurídicas en el Ayuntamiento de València

La sesión inaugural del Congreso Fallero.

La sesión inaugural del Congreso Fallero.

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

Después de un cuarto de siglo de vigencia, el Reglamento Fallero precisa de una reforma. Para actualizarlo y recoger sensibilidades de un tiempo nuevo. Se trata de un texto que, de todos modos, no interrumpe el día a día de la fiesta, que funciona sin necesidad de vivir con la rigidez de un texto con 82 artículos, apenas la mitad que los que tiene la Constitución Española. Para reformarlo se convoca periódicamente un Congreso Fallero. El que se avecina es el noveno desde que las Fallas se reorganizaron tras la Guerra Civil.

El texto final será el resultado de una larga sesión de debates, en el que al articulado inicial se le presentan enmiendas (de supresión, modificación o adición) y se discute sobre la idoneidad o no de cada concepto. Desde el funcionamiento de una comisión de falla a la elección de la fallera mayor, la concesión de Recompensas o la indumentaria tradicional.

Había dos opciones: trabajar sobre el reglamento vigente, contra el que presentar en el futuro las enmiendas, o presentar un texto alternativo, sobre el que hacer exactamente lo mismo. Finalmente se optó por la segunda opción.

Para ello, la asamblea de presidentes eligió, hace ya tres años (en junio de 2022) y entre una serie de 80 candidatos, a un grupo de 25 personas encargados de la redacción de este pre-Reglamento. 25 personas con muchas tendencias marcadas, y antagónicas, tanto en lo político como en lo social en términos falleros. Son personas muy conocidas en los ámbitos falleros como: José Luis Font Barona, Jorge Guarro, Ramón Estellés, Oscar Rueda, Ximo Roig, Juanfran Solivares, Jorge Defez, Quique Almero, José Pastor, Manolo Mas, José Vicente Boluda, etcétera.

Lo que cabía esperar era un texto que puliera los defectos del vigente, que eliminara de origen las incorrecciones, cuando no argumentos que, a día de hoy, puedan ser inconvenientes. O que estableciera alternativas que ampliaran horizontes. Pero no fue así: el texto se conviritió en una revolución desde dentro para mover los cimientos del elemento principal del Reglamento a efectos políticos: el encaje de la JCF y su entramado en la estructura municipal.

«¿Qué se quería si no? ¿Que simplemente tocáramos dos cositas? Se supone que nos encomendaron preparar un texto ya sobre el que avanzar», comentaba esta semana uno de los 25 «padres» del texto. Lo que, seguramente, no entraba en los cálculos es que estos 25 redactores proclamaran la República antes de tiempo. El texto es, realmente, el resultado de un mini-congreso de 25, que da la vuelta a un par cuestiones capitales. Una modificación muy sustancial que, seguramente, no se esperaba, porque hacer la revolución o la continuidad la deberían formular los más de 300 congresistas acreditados.

Asi, en el texto se establece una nueva fórmula de regir la Junta Central Fallera. Y ya puestos, se arroga la competencia de JCF y Asamblea para establecer ya cómo elegir a la fallera mayor de València. A efectos político y social -o, en todo caso, emocional-, dos cuestiones capitales en el entramado de la fiesta.

Posiblemente, una extralimitación de funciones, que ahora lleva a los grupos municipales a preguntar a la secretaría del Ayuntamiento de València sobre la legalidad de algunos de los articulados, especialmente lo tocante a la Junta Central Fallera, verdadero meollo del texto.

Banda e indumentaria

Cabía esperar, como así ha sido, que el comité de expertos diera la alternativa a las comisiones para elegir banda de su fallera mayor: con los colores de España o con los de la Senyera. O abrir la mano y dar a éstas la opción de elegir entre banda y caramba. O modernizar el concepto de «fallero adulto» por el vacío existente entre los 14 y los 18 años , creándose la «Sección Juvenil». Asimismo, piden crear una recompensa nueva y se propone el «Bunyol de Platí». También abogan por establecer la indumentaria tradicional (en el texto, todo muy ambiguo y eliminando cualquier alusion al blusón para que lo puedan usar hombres y mujeres) o hasta se permiten teorizar sobre qué normas lingüísticas deben regir la fiesta: en este caso, que valgan todas.

Pero apartar al concejal de Fallas, obligándole a poner un hombre de paja como presidente ejecutivo y falcar en el organigrama un secretario general, elegido por la asamblea, sin requisitos de alfabetización y con remuneración anual con cargo a las arcas municipales, da la sensación de que obliga a la consulta jurídica, ante la posibilidad de que, en caso de aprobarse en el congreso, fuera rechazado en la casa grande por ilegal (el texto final debe pasar el filtro del pleno municipal). La sensación ahora entre estos falleros es de incredulidad. «Nos reunimos con el anterior secretario municipal y no nos dijo, sobre este tema, nada en absoluto y, sin embargo, ahora se dice que hay que revisar. Es lo que no se entiende».

La fórmula que prepararon los 25 supone una nueva JCF mixta en la que tienen que entenderse un presidente nombrado por el concejal y un secretario elegido por las comisiones. Ambos con paga mensual, pero no necesariamente con las mismas ideas.

Buscando analogías con la actualidad, sería como si a Nico Garcés, actual secretario general, se le ascendiera a esa presidencia ejecutiva, pero ahora tuviera que compartir despacho con una persona que le viene impuesta desde fuera. Esta figura, por ejemplo, presenta dudas jurídicas, por la ausencia de una libre concurrencia a un cargo que pagaría el ayuntamento: para optar a tan suculento cargo hay que ser fallero doce años y también haber sido directivo.

Estarían acompañados por un gerente administrativo, también remunerado -figura que ya existe en la actualidad, Carmen Martínez- y vicepresidentes no remunerados (como ahora), de los que no se establece un máximo. De hecho, llega a consignarse que pueden llegar a ser «siete o más». El papel del concejal, del que depende la inyección económica de la Casa Grande (la asignación presupuestaria y las posteriores modificaciones de crédito) pasaría a ser la de una figura decorativa, honorífica, condenada -en la teoría, que no en la práctica- a comprobar que el presidente ejecutivo cumple las premisas que se le exigen desde la casa grande. Un «ven a mi despacho» diario o semanal.

No se ve la independencia

Diga lo que diga el informe, las enmiendas a esta propuesta pueden incluir los otros extremos: mantener el actual estatus con vinculación municipal plena, con una directiva que elige el concejal, pero que ha de tener un mínimo de miembros elegidos por los sectores falleros. O, abrir un «Procès», la independencia de la JCF del poder municipal. Una aspiración casi mística que cuenta con el antecedente de Alicante, donde los resultados han sido desastrosos. «Creo que nadie cuenta con esta opción. Las Fallas necesitan al Ayuntamiento y el Ayuntamiento necesita a las Fallas».

Fuentes consultadas por este diario aseguran que el calendario del Congreso, de momento, continúa: se encuentra en proceso de recepción de pre-enmiendas. Dependerá del dictamen si hay que alargar los plazos: si se le da el visto bueno, todo seguirá como hasta ahora; en caso contrario, se deberá debatir en la Mesa correspondiente si la opción es, en tal caso, recuperar el texto del reglamento vigente, para someterlo a las correspondientes enmiendas. En caso de invalidarse la propuesta, tampoco hay que descartar que la comision redactora pueda presentar un contencioso administrativo para defender la legalidad de su texto.

Y también la fallera mayor

Mientras se resuelve esta cuestión, en el debate quedará también el otro gran tronco novedoso de este prerreglamento: por qué se establece al completo, el proceso para elegir a la fallera mayor de València en lugar de proponer y votar cada año para así poder aplicar factores de corrección, como sucede en la actualidad. Esta reglamentación no está en discusión en términos jurídicos. En todo caso, se puede cuestionar su oportunidad.

La fórmula propuesta incluye eliminar las preselecciones de sector y cambiarlas por la confección de grupos homogéneos y una segunda y tercera fase (elección de la corte de honor y elección de la fallera mayor) en la que, nuevamente, se aparta completamente al concejal de cualquier decisión: los candidatos los elige exclusivamente la asamblea y la única función del edil será, en todo caso, entregarle un ramo de flores a la elegida el día de la Telefonada.

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