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Las Fallas cumplen nueve años de Patrimonio de la Humanidad con asignaturas pendientes

La fiesta ha superado una pandemia y una dana, pero no ha cambiado prácticamente en nada desde la Declaración de Etiopía

Las Fallas son Patrimonio de la Humanidad desde 2016

Las Fallas son Patrimonio de la Humanidad desde 2016 / Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

Nueve años hace ya desde que las Fallas fueran nombradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Fue un 30 de noviembre de 2016 cuando, durante el Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial celebrado en Etiopía y sin ninguna alegación en contra durante la misma -hubo que contestar un par de ellas durante el proceso- el ministro de cultura etíope, Desta Tsegaye, hizo sonar el martillo de madera en la mesa y pronunció la palabra mágica "Adopted".

Un reconocimiento que fue recibido con euforia (y con una Crida y una falla conmemorativa) y que sirvió para aumentar la autoestima del colectivo, que de todos modos tampoco sabía plenamente en qué consistía o para qué servía esa particular escarapela o marca de calidad que había recibido la fiesta.

Nueve años después, y seguramente tal como era de esperar, no ha cambiado la vida de la fiesta, que sigue su vida normal sin más cambio, en ese sentido, que esa efímera autoestima, pero sin esperar que sea ni más próspera ni más ni menos feliz. En todo caso, estos años han coincidido con la masificación de la misma, pero da la sensación de que no es por el reconocimiento de la Unesco, sino por un fenómeno global de desplazamiento masivo a eventos llamativos.

La declaración no ha llenado de dinero las arcas de la fiesta -si es que alguien pensaba que serviría para eso-, los artistas falleros siguen viviendo en precario -en gran medida, por culpa de ellos mismos- y los elementos menos patrimoniales -la verbena- sigue teniendo un papel demasiado preponderante.

Con el Museo aún pendiente

Las Fallas Patrimonio de la Humanidad han sorteado una pandemia y una dana y siguen su marcha con un censo cada vez mayor. Los elementos que la componen y que deben protegerse siguen donde están. En todo caso, con el borrón de un elemento tan singular como la Ciudad del Artista Fallero, cada vez más cerca de su voladura como espacio de realización del arte efímero. No se han recibido grandes impulsos económicos y sigue pendiente la puesta en valor en forma de legado. Las Fallas no están más entreveradas en la sociedad de lo que lo estaban antes. No se imparte filosofía fallera. No se ha desarrollado ningún tipo de taller para explicar a las futuras generaciones por qué son tan valiosas las Fallas. Ni los gobiernos ni la propia aristocracia de la fiesta -sus grandes mentes asambleistas- lo han hecho.

Museo Patrimonio paralizado

El Museo de la fiesta como Patrimonio de la Humanidad, el gran espacio en el que se reúnan todos los elementos que la conforman, -los satélites que orbitan alrededor del Sol que es la Falla, tal como se describieron en el vídeo promocional de la candidatura- sigue paralizado. El ayuntamiento progresista movió ficha y el del PP ha descartado la que fue una promesa electoral en el edificio de Correos.

Mientras, las Fallas son uno mas de los elementos que, repartidos por todo el mundo, componen esta lista de privilegio. Y así van pasando los años.

Las efemérides de la declaración se ha celebrado en progresión descendente. Para el próximo año se ha reservado una partida con la que celebrar el décimo aniversario.

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