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Falleros para la eternidad: Los que nos dejaron en 2025

El mundo de las Fallas despide a personalidades destacadas en su día a día, incluyendo a varios ilustres y especialmente, por lo inesperado, a Julián Carabantes

Julián Carabantes, Enrique Marzal, Pepe Villaverde y Alberto Rajadell

Julián Carabantes, Enrique Marzal, Pepe Villaverde y Alberto Rajadell / RLV

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

Siendo una ciudad de 120.000 habitantes, la sociedad fallera vive su ciclo de la vida. Raro es que, cada día, no haya alguna comisión que reporte la despedida a un fallero o fallera importante en su trayectoria. Los hay más conocidos en esta particular aldea global que es la sociedad fallera, pero otros son desconocidos para el gran público, pero especialmente sentidos de puertas hacia adentro del casal.

El año 2025, sin embargo, ha sido difícil en las Fallas porque se han ido algunos protagonistas importantes de la misma. Y algunos de ellos, que es peor, de forma inesperada. Porque si hay que recordar, en ese sentido, uno que tardará que olvidarse es el de Julián Carabantes. El presidente de la Agrupación del Marítimo, organizador de actos falleros, promotor de mil ideas, comunicador, todofallero en definitiva, que se iba un inesperado día de julio de la forma más inconcebible: por una mala caída desde una escalera, mientras decoraba la nueva sede de la Agrupación, que tan orgullosamente había inaugurado apenas unos días antes. Su funeral fue uno de los actos de homenaje popular más sentidos que se recuerdan en la historia de las Fallas, y que se prolongó durante los días, semanas, meses siguientes en diferentes actos en los que tenía algo que ver o en el campo de Mestalla, donde fue la eterna mascota. Y los que quedan: la Gala de la Cultura del próximo año se desarrollará bajo un boceto que él mismo ya había esbozado y su comisión lo presentará como ninot en la Exposición.

Quien lo iba a decir, quien lo podía imaginar. Ni siquiera el propio Julián cuando, cuatro meses antes, despedía a su compañero del alma en las ondas, el veterano y respetado Pepe Villaverde, a quien la vida no es que diera una nueva oportunidad, sino que la disfrutó y vivió hasta la última gota. Se nos fue aún con las cenizas de las Fallas 2025 calientes, esas que aún le dio tiempo a ver empezar a plantar. Y con él, las ondas de radio falleras perdieron en la persona, incluso más que en la obra, una de sus voces más perdurables.

En ese día a día del casal, los sentimientos se miden por el pesar, el reconocimiento o la historia. Nada más empezar el año se despedía a José Vicente Sancho, histórico presidente de Archiduque Carlos-Xiva. Y después se fueron reportando despedidas. Para sentimiento, por su peso histórico, el adiós, por ejemplo, de Francisco Villalba, que cómo será que la comisión de Bailén-Xàtiva ya tenía bautizado el casal a su nombre. O presidentes históricos, como José Luis Llácer en Mariano Benlliure-Acequia Tormos, Amador Domínguez en Secanet. Y no solo presidentes. La pena se recuerda con numerosas falleras mayores, aunque conmocionó especialmente la de Pintor Goya en ejercicio, Nerea Reyes, o la del reciente cincuentenario de Humanista Mariner, Esther Mora.

No menos dolor se sintió en la falla Telefónica cuando, inesperadamente, conocían el fallecimiento de su Fallero Mayor, un cargo honorífico que se elige la noche de la “cremà”. Apenas tres semanas después José Luis Cerrillo entristecía a la comisión. Como había sucedido poco antes de Fallas con José Luis Cuenca, presidente que había sido de San Vicente-Periodista Azzati.

Ese relato, con una población tan grande, no se acabaría nunca. En abril se nos iba Rosario Gracià, "alcaldesa de Russafa" y referente en las fiestas y tradiciones; en noviembre, el histórico fallero Andreu Cases de Na Jordana y acababa el año cuando la Junta Central Fallera y el Congreso Fallero despedían a José Vicente Lahuerta, veterano y confeso activista de la fiesta.

Año triste en la indumentaria

Si hay un gremio que más ha sufrido este año, ese es el de la indumentaria. En la primera mitad del año se fueron, sucesivamente, algunas de las manos que hicieron de la confección tradicional un arte. En febrero, Amparo Gómez “Espolín”; en marzo, nada más acabar Fallas, Carmen Bueso “Flor” y en junio, Enrique Marzal. Todos reconocidos ya en su momento por el Gremio de Sastres y Modistas, lo que dice de su trayectoria histórica.

Artistas para el recuerdo

En un colectivo tan amplio como el de los artistas falleros, también hubo algunos fallecimientos de ilustres de la fiesta. Sin hacer ruido, casi sin enterarnos más que pasado el tiempo en más de un caso. Al empezar el año se nos fue Manolo Viguer. Y poco antes de Fallas nos enteramos de que se había ido uno de esos genios que deja la fiesta con todas sus facetas: Alberto Rajadell. También sin hacer ruido se nos fue José Manuel Alares, un revolucionario de las fallas infantiles. Y acabando el año, muchas comisiones sintieron el adiós de un trabajador honrado como Hernan Cortés.

Luto en la pirotecnia

Mal año también en el mundo de la pirotecnia, que se enlutó poco antes de Fallas con el fallecimiento de Pedro Luis Sirvent en una explosión. Lo mismo que, acabando agosto, ocurrió con Manuel Ferrández, de la pirotecnia Hermanos Ferrández, de Redovan. Entre uno y otro, el joven Javier Nadal, apenas unas semanas después de que su madre se jubilara el arte de la mecha en la mascletà del 8 de marzo.

También es verdad que nada somos si no recordamos. No hubo un fallecimiento más sentido en 2024 que el de Carla Rodríguez, la fallera de Calvo Acacio, preseleccionada el año anterior para la que sería corte de honor de María Estela Arlandis. Pero en este 2025 aún era momento de recordarla. Y es lo que hizo su comisión, llevando la Canastilla de Carla en la Ofrenda. Un memorial cargado de significado que sirvió para recordar la inmortalidad de alguien grabado a fuego en la comisión.

Acabando el año, otro homenaje, éste público y multitudinario, dejó para la eternidad, en forma de testimonios, actos y placa conmemorativa, la memoria de Manuel Algarra la calle Conde Altea, la calle donde más impartió su magisterio.

La historia no selecciona, y durante el acto de la elección de la corte, una persona que acudía a animar y vibrar por su sobrina nieta se sintió indispuesta cuando faltaba escasos minutos para empezar el acto en el Roig Arena. Se la llevaron pero no pudo remontar. Aquella niña salió elegida entre las trece y quien iba a decir que, dos semanas después, su nombre, Marta Mercader Roig, sería el que aparecía en el sobre de la Telefonada. La llevará todo el año en el recuerdo.

Como recordar es una obligación que nos incumbe a todos. Para no olvidar.

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