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¿Sabías que València recibía el Año Nuevo con "mascletà" de 1 de enero?

El Ayuntamiento de València impulsó un espectáculo pirotécnico el 1 de enero durante once años, que llegó a disparar 1.500 kilos de explosivos en la Alameda, pero que decayó con la crisis económica

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

El Año Nuevo se celebró en la ciudad de València con fuegos artificiales en versión doble: el acompañamiento a las campanadas en la fiesta de la Plaza de Ayuntamiento y el castillo disparado en los alrededores de la Ciuat de les Arts i les Ciències.

Los castillos de Añó Nuevo en València, a vista de dron

Redacción Levante-EMV

Pero hubo un tiempo en el que la pirotecnia daba la bienvenida no ya por la noche, sino en las primeras horas del año. Al más puro estilo "mascletà" de fallas, a las dos de la tarde, la ciudad recibía el primer bautizo de fuego y ruido. Lo hacía, además, en el Paseo de la Alameda. Una celebración especial que empezó con el cambio de siglo en el arranque de 2001. En aquel momento, el Ayuntamiento llevó a cabo una puesta en escena nueva: disparar 1.500 kilos de explosivo pirotécnico en la Alameda. Destinado a terminar de espabilar a los que querían dar la bienvenida al siglo y al milenio.

La Pirotecnia Turís es la que hizo los honores inaugurales. Calibres gruesos y grandes carcasas -que hicieron estallar algunas de las farolas de la avenida-. Incluso con anécdota: un paracaídas con una bandera española acabó incrustado exactamente en el asta de la Senyera de la Piscina València.

Con la ciudad ya levantada tras los excesos de la Nochevieja, la asistencia fue sobresaliente, sabiendo que las sensaciones, siendo interesantes, nunca sería como las de la Plaza del Ayuntamiento, donde la sonoridad nada tiene que ver con cualquier otro lugar del mundo.

Casi siempre buen tiempo

El experimento se saldó con nota, tanto de resultado como de asistencia. Y así continuó durante diez años más. Como casi por norma, el 1 de enero "hace bueno", la cita continuó. Colorines, carcasas en blanco, algún recordatorio de lo que tenía que venir, como la Copa del América... tampoco acabó por ser una cita que colapsara, porque solo podía nutrirse de ciudadanos de la ciudad -venirse de poblaciones, un 1 de enero, se hacía perezoso-.

Incidentes y crisis económica

Finalmente, el disparo se canceló en un momento que los perros dejaron de atarse con longanizas. A los tiempos desenfrenados de la primera década del siglo llegó la crisis económica y, dentro de los recortes, se optó por cancelarlo para la edición de 2012. Ya las últimas ediciones -incluyendo la accidentada de 2009, con algunos heridos al caer una carcasa- habían sufrido recortes económicos, pasando a ser bastante más modestos, y finalmente en diciembre de 2011 ya se anunció que no continuarían. 21.000 euros era el coste por entonces del disparo.

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